La Bombonera fue una fiesta y vivió dos partidos en uno

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¿Y ahora quién lo para a Boca? El sueño de la séptima sigue en pie. Boca hizo lo que tenía que hacer ayer ante Alianza Lima. Sobradamente por una goleada que

suma confianza. Y Palmeiras le dio la mano necesaria venciendo a Junior y despejando cualquier fantasma. El campeón argentino está en los octavos de final de la Copa que más le gusta jugar. Y tal vez sea justo, no tanto por el vuelo futbolístico del equipo sino por la gente y el ambiente. La Libertadores merece el clima de la Bombonera en los cruces mano a mano. Los colombianos lo dejaron con vida en Barranquilla y el equipo de Guillermo Barros Schelotto se va de vacaciones feliz.

Volverán, en julio, Fernando Gago y Darío Benedetto. Y se presume que llegarán entre tres y cuatro refuerzos de élite. Da la sensación que, después de tantas zozobras, Boca será uno de los grandes candidatos. Por presente pero, fundamentalmente, por su historia en el ámbito internacional.

Duró poco la incertidumbre en la Bombonera. Apenas alcanzó con un par de minutos. Y es que Boca liquidó el trámite muy rápido ante el pobre Alianza Lima. La pregunta se la hizo un plateísta, pero podría ser de la reflexión de cualquier hincha xeneize: “¿Cómo no les ganamos allá?”. Esos dos puntos que dejó en Lima ante un minúsculo adversario son los que lo hicieron penar hasta la goleada de anoche y vivir el partido con el cuerpo en Buenos Aires y el alma en el Allianz Parque de San Pablo.

A las 21.15 apareció la primera ovación. Fue cuando salió Agustín Rossi a la entrada en calor. La gente se encendió. El grito era uno: “Queremos la Copa”. Cristian Pavón se llevó los aplausos más fuertes, bastante por encima de Carlos Tevez y casi a la par del entrenador. El encuentro comenzó 21.46. A las 22.05, con el segundo gol, el del Frank Fabra, se murió el partido. Ojos, oídos y mentes de todos los habitantes de la Bombonera viajaron a Brasil a través de las radios o los televisores de los palcos.

Boca arrolló a un rival sin respuestas de nada. Alianza Lima se presentó en Argentina como un equipo abatido. Ni siquiera tuvo ánimo para pelear. Tevez jugó ahí donde mas más le gusta, con el esquema que adora, y jugó un gran partido. Le dejaron muchísimos espacios, es verdad, pero tuvo la movilidad de antaño. Corrió tanto el Apache que se quedó sin piernas en dos entradas al área con pelota dominada. Describir a Pavón es redundar, aunque se puede señalar que está tan confiado que hasta tiene lucidez para asistir con la cabeza. Kichán jugó anoche como un delantero mundialista. Los colombianos Fabra y Cardona se sumaron a la fiesta, con goles y habilitaciones.

Ramón Wanchope Abila merece un párrafo aparte. Por ese deliciosa definición en el tercero de Boca, pero principalmente por su voluntad y confianza. No lo quería Guillermo. Y El cordobés se entrenó sin chistar. Sumó desde el banco. Esperó su chance sin reclamar nada. Y, hoy por hoy, hizo olvidar por un rato la lesión de Pipa Benedetto.

El tablero gigante, ese que dice el único grande, marcaba las 22.52 cuando llegó la gran explosión de la noche. El ansiado gol de Palmeiras se festejó con alma y vida. Y la Bombonera se vistió con el traje que más cómodo le queda, ese que reluce en todo el mundo. El gol de Tevez pasó desapercibido: el partido se jugaba en las tribunas. La felicidad perdida volvió a Boca, el desahogo, los cánticos apuntados al eterno rival River, ese que provocó la profunda herida de la Supercopa Argentina que ayer cicatrizó de verdad.

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