Macron y Le Pen, a segunda vuelta en Francia

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Emmanuel Macron, el candidato social reformista en el que se han refugiado buena parte de los franceses moderados, se perfila como favorito ante la elección presidencial definitiva del 7 de mayo, después de que él y la ultraderechista Marine Le Pen superaran la criba de la primera vuelta. Con el 80% de los votos escrutados, Macron (23,24) apenas gana por medio punto a Le Pen (22,79%).

El antiguo ministro de Economía y Finanzas de François Hollande sale reforzado de la votación de ayer, en la que toda Europa tenía puestos sus ojos por lo mucho que se jugaba en ellas. el apoyo que se han apresurado a brindarle en la segunda dos de los descartados, tanto el conservador François Fillon como el socialista Benoît Hamon, consolidan sus posibilidades de ser el próximo inquilino del Elíseo. El candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon, no quiso anoche dar consignas a sus seguidores sobre el voto en la segunda vuelta: «Cada uno sabe cuál es su deber», afirmó.

La histórica jornada de deja fuera de la elección final a las dos fuerzas políticas tradicionales de Francia, que se venían alternando en el poder desde hacía décadas, con una derrota histórica en el caso del socialismo galo. Emmanuel Macron y Marine Le Penencarnan la renovación que se venía anunciando en del paisaje político francés, desde dos ángulos antagónicos.

Macron, que ha sido banquero de negocios (Rothschild) además de miembro del Ejecutivo de Hollande durante dos años cortos, es el favorito como posible ganador de la segunda vuelta. A lo largo de la campaña, Macron había confirmado de manera insistente su visión liberal de la economía y su aspiración a un cierto reformismo de centro izquierda. Es un defensor de todos los pilares de la sociedad abierta occidental (Alianza Atlántica, UE, Pacto fiscal europeo...). Hace días, Wolfgang Schäuble, uno de los ministros de finanzas más influyentes del mundo, así como uno de los patriarcas del Pacto fiscal europeo, defensor a ultranza de las políticas de austeridad de la zona euro y una de las personalidades más conservadoras de Europa, «aconsejó» votar al que ha destapado como la principal revelación de estas presidenciales.

En sus primeras palabras tras conocer su victoriaMacron se mostró confiado y modesto, apelando a la unión nacional para poder reformar Francia: «Los franceses han votado por la renovación -proclamó-. Nuestro deber es ofrecer esa renovación en las próximas elecciones legislativas. Como hizo De Gaulle en su día, debemos unir lo mejor de la derecha, lo mejor del centro y lo mejor de la izquierda, para defender las reformas que necesita nuestro país». «Quiero ser el presidente de los patriotas contra la amenaza de los nacionalistas», dijo.

Le Pen no parte favorita en la segunda ronda. Ha conseguido menos votos externos que Macron y tiene menos «reservas» y menos apoyos. Sin duda, una parte de la derecha puede sentir la tentación de votar por ella, pero le será muy difícil pasar del 23 al 51% de los votos nacionales. Sus proyectos de ruptura con el euro, la UE y la Alianza Atlántica son un hándicap muy difícil de vencer.

En su primer discurso tras los resultados, lanzó un desafío apocalíptico: «Solo yo soy la candidata del pueblo francés. Pido a todos patriotas que me apoyen para asegurar la salvación de Francia, amenazada por el capitalismo salvaje, Europa y la mundialización. Debemos restaurar nuestra moneda y nuestras fronteras para asegurar la supervivencia de la nación».

A juicio de los mejores historiadores de la V República, el pase de Macron y Le Pen anuncia un vuelco en la historia política nacional, con varios rasgos inéditos. En primer lugar, la extrema derecha se instala en el paisaje político. Le Pen ha prometido el «Frexit», la salida de Francia de la UE y de la Alianza Atlántica. En esa línea, propone romper con el Pacto Fiscal Europeo y restaurar la moneda nacional, el franco, en un proceso histórico de «bunkerización» nacional y ruptura con los pilares de la sociedad abierta del modelo político occidental.

Los dilemas de la derecha

En segundo lugar, la derecha tradicional tendrá que «componer» con esa realidad inédita en la historia del régimen. Históricamente, siempre ha denunciado los proyectos apocalípticos del Frente Nacional de extrema derecha. En una situación de fragilidad excepcional, la derecha francesa deberá confirmar sus distancias, negociar o «aliarse» con la extrema derecha. Tales alternativas pueden provocar la balcanización de las derechas francesas. En un tono grave y solemne, Fillon reconoció ayer su fracaso personal y razonó su voto para la segunda vuelta, en estos términos: «El programa de la extrema derecha es una amenaza para Francia y para Europa. Ante la segunda vuelta, mi voto personal será para Emmanuel Macron, con el fin de combatir el programa extremista de la extrema derecha». Tras Fillon, otros pesos pesados conservadores, como Alain Juppé, Raffarin y Baroin, pidieron votar a Macron.

La extrema izquierda populista, por su parte, se instala por vez primera en la vida política nacional, relegando al PS a un humillante e imprevisible cuarto puesto en el «ranking» de la influencia nacional. Su candidato, Jean-Luc Mélenchon, tiene un programa muy semejante al de la familia Le Pen, defendido desde las posiciones de la extrema izquierda populista.

El socialismo francés sufre una de las derrotas más humillantes de su historia y deberá igualmente «componer» con una extrema izquierda de nuevo cuño. Benoît Hamon fue el primero en reaccionar a su propio suicidio político, pidiendo la «unión de la izquierda» en la segunda vuelta. Pidió «votar todos a una contra la extrema derecha», en lo que coincidió con los ex primeros ministros Manuel Valls y Bernard Cazeneuve.

fuente abc.es

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