El ex presidente catalán Carles Puigdemont viajó a Bruselas y afirman que pidió asilo

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El líder catalán parece buscar una escapatoria a su complicada situación legal en España, donde está acusado de rebelión.

El ya ex presidente catalán Carles Puigdemont y miembros de su destituido gobierno viajaron esta mañana a Bruselas para, según adelantó el diario catalán ‘El Periódico’, reunirse con miembros del N-VA, el partido nacionalista flamenco. Altas fuentes en Madrid consultadas por Clarín indicaron que el "president" pidió asilo para él y para 5 o 6 de sus ministros. Pero Bruselas aún no lo confirmó.

La Fiscalía española anunció esta mañana querellas por rebelión y sedición contra Puigdemont y otros 19 altos cargos independentistas y reclamó que se presentaran a declarar de urgencia o serían detenidos.

Puigdemont ya no es legalmente presidente catalán pero podría buscar en Bruselas una escapatoria a su incierto futuro jurídico. El viceministro de Inmigración belga Theo Francken anunció ayer que estudiaría una solicitud de asilo político de Puigdemont. Los gobiernos europeos no pueden dar asilo a ciudadanos de otros países de la UE porque reconocen sus decisiones judiciales y se entienden que en todos ellos los procesos judiciales son justos e independientes.

Francken explicó a Clarín que Bélgica había hecho una declaración al protocolo 24 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea que le permitía estudiar esa solicitud de asilo si llegara a presentarse.

El movimiento de Francken generó una bronca por parte del primer ministro belga Charles Michel, que tuvo que salir a decir que conceder asilo a Puigdemont “no está en la agenda”. Michel tiene que jugar entre su papel institucional como jefe de gobierno de un país aliado de España y el apoyo que recibe de los 31 diputados del N-VA, sin los cuales su gobierno caería.

Las palabras de Francken también provocaron duras críticas en la prensa belga. Algunos medios, como ‘Le Vif’, pedían anoche a Michel que expulsara a Francken del gobierno. El diario ‘Le Soir’ editorializaba diciendo que la actitud de Francken es “una estupidez”, “un ridículo internacional” y “una puñalada por la espalda” al primer ministro Michel.

Francken reconocía ayer que dar asilo a Puigdemont pondría a su país “en una posición diplomática complicada” pero que la solicitud, de llegar, se estudiaría de manera “objetiva, correcta e independiente”. En una entrevista al canal de televisión flamenco VTM dijo que “viendo la represión de Madrid y las penas que se mencionan es para preguntarse si tendrá un juicio justo”.

Las tensiones diplomáticas entre Bélgica y España se remontan a los años 80. Bélgica detuvo pero no extraditó a España a varios miembros del grupo terrorista ETA entre los años 80 y 2005. Los etarras que tenían problemas en Francia usaban Bélgica como una especie de base alternativa ante la anuencia de las autoridades belgas.

La oferta de asilo en Bélgica puede ser un boomerang para Puigdemont. Si vuelve a España, con la querella de la Fiscalía ya presentada, un juez puede ordenar su ingreso inmediato en prisión por riesgo de fuga. La oferta de Francken en ese caso habría puesto a Puigdemont más cerca de la cárcel.

Los nacionalistas flamencos son el único partido político europeo que aplauden la declaración unilateral de independencia catalana y que siguen apoyando a los independentistas. Francken, uno de los miembros del ala dura del partido, es denunciado regularmente por la prensa belga por sus conexiones con movimientos xenófobos y neonazis flamencos. Francken ha hecho carrera en su partido precisamente rechazando demandas de asilo y ha llegado a recurrir a la Justicia la concesión de asilo a una familia siria con dos niños pequeños.

Informe desde Madrid: Juan Carlos Algañaraz

fuente clarín

 

 

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