La tranca, un nuevo método de protesta para burlar las órdenes del régimen chavista

Internacionales
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Un alambre de púas tenso y amenazante corta a un metro de altura desde el pavimento la avenida Francisco de Miranda, central en Caracas, frente a la plaza Altamira. Debajo han colocado una enorme pila de ladrillos como una pared para que la “tranca”, como llaman aquí a estos piquetes, sea tan efectiva como duradera.

Quieren que se quede ahí tres días, hasta que se apague el domingo cuando se votará la Asamblea Constituyente que esta disidencia repudia.

La gente se ha ido amontonando desde pasado el mediodía en ése y otros lugares de la capital y en el interior, siguiendo un mandato de la alianza opositora que los llamó a esta actividad en lugar de la gran manifestación que estaba prevista para este viernes después de que el régimen ordenó prohibir las marchas. “Pero esto es peor, le paralizaremos el país con millones de marchas menores”, dice un hombre que ha estado escuchando e irrumpe en una rueda de conversaciones de los vecinos.

Alrededor del hotel donde está el periodista, las calles laterales están bloqueadas del mismo modo con unas trabas mejor armadas que las que aparecieron durante las dos jornadas de huelga nacional. A un lado y al otro no hay cómo circular, ni en las vías adyacentes. Y en cuanto se camina por la barriada parecen grupos con banderas venezolanas vigilando ese espacio.

Una hilera de treinta jóvenes tomándose cada uno del hombro del siguiente, con cascos y una cruz verde pintada en ellos, viene como un gusano hasta ese sitio. Tienen una reunión breve con sus coordinadores y se reparten en las esquinas. Son estudiantes de la Universidad Andrés Bello que han tomado cursos de primeros auxilios. Funcionan como una de las brigadas de paramédicos que atienden a heridos en las refriegas.

“Estamos aquí porque queremos ayudar y porque también queremos un cambio”, le dice a este enviado Ricardo Linares un chico de 22 años que es el director de esta organización de primeros auxilios universitaria. “Comenzamos en abril y éramos diez, ahora somos 130”, dice Raquel Marabutti, también de ingeniería y un año mayor que Ricardo. “Todos los que estamos aquí queremos un cambio” dicen, pero Raquel aclara que ayudan a todos incluso a los uniformados si algo les sucede. Los han reprimido también pero hasta ahora no anotan muertos aunque sí lesionados. Y vieron, dice Ricardo, casos de heridas de bala de plomo, una denuncia que se reitera aquí y que señala no sólo a los paramilitares sino a la propia policía.

El cambio de marcha a piquete no les preocupa. “Es mejor esto, es más seguro y efectivo”, afirma Ricardo, un argumento que el enviado escuchará repetido en la charla con los asistentes a ese sitio y otros. Poco a poco va llegando más gente y algunos con maderas y otros elementos para asegurar la tranca. Hay otro con banderas de Venezuela y una blanca que muestra una leyenda “no más dictadura”. Sólo la lluvia intermitente los dispersa. Ignoran abiertamente la amenaza de cárcel que profirió el régimen. El sitio se llena pronto de periodistas y aparecen más paramédicos, éstos con cascos azules de otro grupo de sanitaristas estudiantes.

La organización de esta protesta recuerda las de Egipto en 2011 que cubrió este enviado en El Cairo y que se movían con equipos diferenciados. Unos atacaban, los otros retiraban los heridos y atrás estaban los enfermeros y ayudantes para remendarlos y regresarlos a la pelea.

Llama la atención un cura con una larga sotana blanca y sombrero de ala ancha que lleva un cartel que dice “Ayuno, oración y 350”. Es el número del artículo de la Constitución que autoriza a los ciudadanos a rebelarse contra quien ataque o ignore a la Carta Magna, que es lo que sostienen que está haciendo el régimen con la constituyente del domingo. El cura se llama Wilfredo Corniel y dice que lo iba a entrevistar Jorge Lanata si lograba entrar, que lo habían contactado. El religioso elogia a la curia local que se ha plantado duramente contra la maniobra del gobierno. “Es una iglesia que dejó la oscuridad para volver a la luz”, dice. “Es que se ha mirado en otras iglesias que callaron cuando debían hablar” y cita entre ellas a la de Argentina durante la dictadura. Se lo nota disconforme con el Papa cuando pidió a la oposición que abandone las protestas. “Es sincero y dice lo que piensa, como los argentinos”, comenta pero luego le reconoce que “se ha ocupado siempre de Venezuela”.

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