El Papa cierra su gira asiática con una advertencia por la escalada nuclear

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"Estamos al límite", dijo Francisco en referencia implícita a la crisis entre Corea del Norte y Estados Unidos

"Hoy estamos al límite de la licitud de tener y usar las armas nucleares. Con el arsenal nuclear tan sofisticado que hay, nos arriesgamos a la destrucción de la humanidad".

Fue la alarma que lanzó hoy Francisco justo cuando el Boeing 777 de Biman, la aerolínea bangladesí que lo llevó de regreso a Roma desde Bangladesh, sobrevolaba la India, uno de los nueve países del mundo que tiene la bomba atómica.

"¿Qué cambió desde que san Juan Pablo II, hace 34 años, dijo que la disuasión nuclear era lícita? Cambió la irracionalidad", dijo el Papa durante la tradicional conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma.

Luego de una gira intensa, Francisco respondió preguntas durante una hora. Pero la diferencia fue que esta vez contestó sólo las relativas a su viaje a Myanmar y Bangladesh, el tercero en Asia después de Corea del Sur (2014) y Sri Lanka y Filipinas (2015). La única excepción fue una pregunta sobre la cuestión del desarme nuclear y la cada vez más preocupante tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte, que contestó con cuidado de no mencionar a Donald Trump ni Kim Jong-un.

"Pasaron 34 años de lo de Juan Pablo II a hoy y en lo nuclear se fue mucho más allá. Hoy estamos al límite. Esto se puede discutir, pero en mi opinión estamos al límite de la licitud de tener y usar las armas nucleares", señaló, al destacar su sofisticación y crueldad. "También son capaces de destruir personas, sin tocar estructuras", apuntó. "Pensemos en Hiroshima y Nagasaki, en la destrucción. Y esto también pasa cuando en la energía atómica no se logra tener todo el control, piensen en los incidentes en Ucrania", recordó.

Por su expreso deseo, el resto de las preguntas giraron en torno a su viaje a Asia, marcado por el drama de la minoría islámica rohingya, la más perseguida del mundo según la ONU, como recordó. Consciente de que fue criticado porque no los mencionó por su nombre en Myanmar, donde fueron brutalmente reprimidos y obligados al éxodo, aclaró que ya los había nombrado varias veces en público en el Vaticano.

"Ya se sabía lo que yo pensaba y lo que decía. Pero para mí lo más importante es que el mensaje llegue", dijo, revelando la estrategia diplomática adoptada en Myanmar, país de mayoría budista que no reconoce a los rohingya como una de las 135 etnias del país y que hasta prohíbe ese término. "Hay que tratar de decir las cosas paso a paso y escuchar las respuestas para que llegue el mensaje. Por ejemplo, un chico en crisis de adolescencia puede decir lo que piensa, pero cerrando la puerta en las narices. Y el mensaje no llega. A mí me interesaba que este mensaje llegara. Por eso vi que si en el discurso oficial hubiera dicho esa palabra, daba la puerta en las narices. Pero describí las situaciones, los derechos, la ciudadanía, pedí que nadie fuera excluido, para permitirme en los coloquios privados ir mas allá", dijo. "Quedé muy satisfecho de los coloquios que tuve. Porque es verdad, no tuve el placer de cerrar la puerta en las narices, de hacer una denuncia. Pero tuve la satisfacción de dialogar, de hacer hablar al otro y el mensaje ha llegado", subrayó.

En este marco, dio detalles jugosos de su reunión con el general Min Aung Hlaing, comandante en jefe del ejército de Myanmar, país en transición hacia la democracia después de 60 años de dictadura. Destacó que fue este militar quien pidió verlo. Y contó que se anticipó al lunes su cita con él, programada para el jueves, por un pedido de él "que tenía que irse a China".

"En estos casos, si puedo cambiar cita, lo hago. A mí me interesaba el diálogo, eso es más importante que cualquier sospecha", dijo, ante una pregunta sobre si, quizás, hubo una manipulación de parte del general, que reuniéndose con el Papa antes de la líder birmana Aung San Suu Kyi quiso dejar en claro quién mandaba.

"Yo nunca cierro las puertas. Hablando no se pierde nada. Se gana siempre. Fue una buena conversación. No puedo decir más porque fue privada, pero no negocié la verdad", aclaró. "Pero lo hice de tal modo de que él entendiera un poco que un camino como era en los viejos tiempos, renovado, hoy no es viable. Fue un buen encuentro, civilizado y también ahí, el mensaje llegó", dijo, dando detalles de los entretelones de un viaje muy delicado.

Preguntado si mencionó la palabra tabú, rohingya, ante el general, Francisco contestó crípticamente: "Yo usé las palabras para que llegara el mensaje y cuando vi que el mensaje era aceptado, dije lo que quería decir".

Explicó, por otro lado, cómo fue que, finalmente, llamó por su nombre a los rohingya anteayer, cuando se emocionó muchísimo al conocer sus historias, tras saludarlos luego de un encuentro interreligioso por la paz. "Cuando vi que enseguida los querían echar del escenario, me enojé y grité: «¡Respeto, respeto, deténganse!». Y después de haberlos escuchado con intérprete uno, a uno, empecé a sentir cosas adentro. No puedo dejarlos ir sin decirles una palabra, pensé. Pedí el micrófono y empecé a hablar. No recuerdo qué dije, sé que les pedí perdón dos veces. ¿Que sentí? En un momento lloraba, pero trataba de que no se viera. Ellos lloraban también", contó, emocionado.

Detalló que, tras ese momento, junto a los demás líderes religiosos presentes, invitó a uno de los refugiados, que era un clérigo musulmán, a que hiciera una oración. Y destacó que todos juntos rezaron. "Visto todo el camino recorrido, sentí que el mensaje había llegado. Una parte estuvo programada, pero gran parte salió espontáneamente. El mensaje llegó y no sólo aquí. Creo que todos han recibido el mensaje y yo no he oído criticas", dijo, satisfecho.

En otro orden, cuando se le recordó que en un primer momento se había pensado en un viaje a la India y Bangladesh -algo que no fue posible porque se demoraron los tiempos-, adelantó que esperaba hacer ese ese viaje en el 2018, "si estoy vivo", dijo.

Luego expresó nuevamente su deseo de viajar a China, país con el que el Vaticano no tiene relaciones diplomáticas desde 1951, al que se acercó mucho en este viaje: Myanmar tiene varios kilómetros de frontera en común. "Pero quédense tranquilos, no hay ningún viaje en preparación", dijo. "No es algo oculto que me gustaría ir", recordó el papa jesuita. Puntualizó que las tratativas que el Vaticano está teniendo con China "son de alto nivel cultural", con intercambios entre museos, por un lado, mientras que también hay un "diálogo político", sobre todo con la Iglesia Patriótica (oficial).

"Se debe ir lentamente, con delicadeza, como se está haciendo", dijo, recordando que en estos momentos en Pekín hay una reunión de una comisión mixta. "Con paciencia", agregó, dando más datos de cómo entiende Jorge Bergoglio la diplomacia. "Las puertas del corazón están abiertas y creo que hará bien a todos un viaje a China. Me gustaría hacerlo."

fuente lanacion

 

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