Antes de volver a Los Ángeles, Chu Victoria muestra las canciones de "Clorofila"

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Chu Victoria, álter ego del compositor y vocalista Diego César Bruno, despedirá las canciones de su logrado segundo álbum "Clorofila", el próximo sábado en la sala Santos Vega, en el que

será el último recital en el país antes de regresar a Los Ángeles, donde reside desde hace dos años.


Este nuevo trabajo, sucesor de "Los reparidos", se construye sobre nueve composiciones propias que caminan a la par de la canción y los lineamientos del rock argentino, coqueteo en el que conquista una identidad musical propia que combina armonías cuidadas y una melodía que alcanza aún más profundidad con su voz y letras.

En este encuentro, que sellará el fin de la gira de Chu Victoria por Argentina y que comenzará a las 21 en la sala porteña de Niceto Vega 5942, el músico estará acompañado por Mana Guiñarte en batería, Santiago Capriglione en bajo y Gabriel Santamaría en guitarras.

En sus orígenes el disco iba a titularse "Cloroformo" (por una de sus canciones) pero finalmente decidió llamarlo "Clorofila" al enterarse que su conformación química y la de la sangre sólo difieren en un átomo: ese concepto, el del fundamento de la vida, es el que sobrevuela el álbum.

"Me quedé pensando la cercanía entre la sangre animal y la vegetal, en los puntos de salida y llegada, en el ciclo de la vida como si fuera un arco que pasa por varios estadios", reflexiona Bruno en diálogo con Télam, mientras sus palabras evocan imágenes mentales, talento indisociable de sus andanzas por el universo cinematográfico y del que nacieron los videoclips de "Conciendo hagas" y "Bradley & Chelsea" (ambos del disco debut).

"Toda la vida me la pasé escribiendo, mi estado de nirvana es viajar y escribir", describe el hombre que, aferrado a ideas románticas, prefiere bajarse de cualquier colectivo y localizar un kiosco donde comprar una lapicera y escribir en cualquier papel algo que se le ocurrió en ese instante preciso.

De alma libre, el músico, de 42 años, decidió un día hace dos décadas hacer un bolso y emprender un viaje que tuvo solo pactado el primer destino: Londres, más precisamente la estación de subte Victoria, del que surgió el nombre de su proyecto: Chu (apodo que lo adoptó desde pequeño en Haedo) y Victoria (estación en la que descendió tras varios recorridos circulares en la línea amarilla de subterráneo).

Al momento de abandonar su tierra natal, el músico también decidió dejar atrás sus estudios en el Conservatorio de Morón; dice con humor que su experiencia de vida lo ayudó a descubrir cuando se encuentra frente a un músico de conservatorio porque cuando muestra lo que hace, se concentran en cuestiones estructurales: "Hay conservadurismo. Sé que estoy en el camino correcto, cuando mi música recibe sus críticas".

Télam: ¿El estudio académico de la música limita la creación?
Chu Victoria: No lo creo, el que es rebelde se rebela. Siempre hay limites por algún lado, que oprimen o catalizan y ayudan a que uno se defina. El conservatorio tiene su uso pero yo me peleaba con todos los profesores. Hay una cosa con la música clásica, son músicos que tocan a los muertos y no componen. ¿Cómo un profesor puede juzgar la creación de una melodía en ese sentido? En el conservatorio tenés que respetar las normas pero a la vez sirve porque lográs definirte a vos mismo.

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