A propósito de la corrupción y de la impunidad.

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 La formidable definición del ensayista francés nos dice que, en ocasiones, cuando se pretende conocer el porque de un fenómeno de ocurrencia actual es necesario observar como se comportó o verificó ese mismo fenómeno en un tiempo ya pasado. Por Guillermo J. Tiscornia- Total News-TNA-

 

 

 

 “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia o bien de la deliberada negación del pasado” ( Marc Bloch):

 

                Hoy observamos con espectaculares títulos de molde en la prensa como un esquema sistémico de corrupción estructural diseñado durante la gestión gubernamental anterior a la actual sacude a la opinión pública, siendo que ese impacto transciende las fronteras de la Argentina.

 

                Y ese episodio –bajo investigación judicial- nos viene a marcar como el sistema de investigación penal mutó de un sistema basado en la reconstrucción histórica de un entramado delictivo a otro sistema basado en la delación, el cual a su vez, se sustenta en la lisa y llana coacción o extorsión hacia el imputado (“ si te arrepentís y decís todo lo que sabés y a nosotros nos sirve te vas a tu casa;  caso contrario te quedás preso”).

 

                Con esa misma lógica ( “plea bargain” en los EEUU, “delación premiada” en Brasil); en la Argentina el sistema judicial viene a confesar el absoluto fracaso de los brazos auxiliares de la Justicia para esclarecer con metodología genuina los casos de corrupción mixta ( sector público en connivencia con el privado).

 

                Más allá de los cuestionamiento de orden moral que suscita el hecho de que el propio aparato judicial estatal utilice prácticas rayanas en lo delictivo para “arrancar” confesiones, lo cierto es que en el caso argentino el sistema judicial penal, al menos en su fuero criminal y correccional federal no mueve, muchos que digamos, a entusiasmarse.

 

                Sabida es la opacidad que siempre circundó en rededor de esa vidriosa relación que históricamente vinculó a los jueces federales con lo mas rancio de los servicios de inteligencia y de las fuerzas de seguridad; ni que hablar con quienes a lo largo del sistema democrático ocuparon la titularidad de la comarca presidencial.

 

                Por caso el propio juez federal doctor Bonadío en el transcurso del año 2011, cuando Cristina Kirchner se encaminaba a su reelección con el 54% de los votos sobreseyó  en forma definitiva al por entonces secretario privado de la por entonces emperatriz del Calafate –Daniel  Muñoz- quien venía imputado de enriquecimiento ilícito; dicha resolución no fue impugnada por el fiscal federal doctor Marijuán habiendo quedado entonces firme.

 

                Pero hay mas, en ese mismo año 2011 siguió el sobreseimiento de los otros secretarios privados de la ex mandataria presidencial; eran tiempo de un kirchnerismo en su apogeo político y los jueces federales que no exhiben vocación auto destructiva y conscientes del riesgo que traía en ese entonces  aparejado  el haber avanzado sobre casos de corrupción utilizaron el denominado “freezer”.

 

                Con el cambio de signo político en el sillón de Rivadavia a partir del mes de diciembre del año2015, llegaría la hora de activa “ el micro ondas”; tal como sucedió a partir del mes de diciembre del año 1999 cuando concluyó la década menemista; por caso se recuerda como se “reactivaron”  rápidamente investigaciones judiciales sobre funcionarios menemistas que se encontraban anestesiadas bajo el paraguas del “freezer”  a partir de la asunción de Fernando de la Rúa.

 

                Y esta es la historia recurrente del sistema judicial federal argentino; subordinación a los designios del poder político; y mucho cuidado con sacar los pies del plato; esto si cuando el sillón de Rivadavia cambiaba de signo partidario, llegaría la hora en que las investigaciones tomaran un ritmo  vertiginoso.

 

                ¿ Es confiable el fiscal federal doctor Stornelli para llevar adelante la investigación en curso en estos tiempos actuales?; ¿ acaso no es el mismo fiscal federal doctor Stornelli al cual la Procuración General de la Nación le permitió gozar de una licencia extraordinaria para irse a trabajar bajo la égida del ex gobernador Scioli, también salpicado por múltiples escándalos de corrupción en el circuito provincial?; ¿ alguna mente candorosa puede imaginar a un experimentado hombre de la Justicia ciego durante casi dos años mientras ocupó el cargo de Ministro de Seguridad en la Provincia de Buenos Aires?; ¿ Stornelli acasó no vio nada pese a haber cohabitado en una red prostibularia?.

 

                Y Marc Bloc ciertamente nos marca el camino; para muestra basta un botón; se recuerda como en el transcurso del año 2000 estallaba el escándalo recordado como la Banelco ( sobornos en el Senado); en la etapa de instrucción varios Senadores, funcionarios, etc. fueron llevados a proceso penal por el juez Rafecas y por la Cámara Federal porteña.

 

                Esa investigación judicial que en manos del juez Canicoba Corral languidecía, fue súbitamente “reactivada” a partir del  mes de diciembre del año 2003 cuando un  conocido ludópata  como por definición  fue el ex Secretario Parlamentario Mario Pontacuarto hizo impactantes revelaciones respecto de aquel entramado delictivo.

 

Toda una obviedad; ese “ arrepentimiento” vino estimulado desde las propias usinas del poder político entonces en turno; y va de suyo que el señor Pontaquarto no solo encontró protección y refugio; sino que cuenta la leyenda que las deudas de juego que por entonces lo aquejaban quedarían  canceladas (no e sabe a ciencia cierta por cuenta de quien).      

 

                Aquel episodio se presentaba ante los ojos de la opinión pública como el caso más emblemático en materia de corrupción estatal; todo hacía presagiar que recaerían condenas ejemplares.

 

                Llegaría la hora de la verdad en la instancia de debate, en juicio oral y público, y sucedió que el rey se quedó desnudo”; “ El hecho no existió”, todo el mundo fue absuelto; previamente habían desfilado por el Tribunal Oral Federal nterviniente no menos de doscientos testigos;  todo se limitó a una parodia de investigación judicial.

 

                El mismo Tribunal Oral Federal al tiempo que absolvía unánimemente a todos los acusados, mandaba a investigar el juez federal doctor Rafecas ante el  Consejo de la Magistratura ante una investigación mas parecida a una actividad fraudulenta  que a una genuina  reconstrucción judicial.

 

                Las instancias superiores se encargarían de consolidar ese veredicto absolutorio en el caso de la Banelco y nada había pasado; absolutamente nada.

 

                 Dividamos los planos; en abultada mayoría la ciudadanía cree que los esquemas y circuitos de corrupción mixta ( concierto doloso entre el sector público y el privado) efectivamente existe.

 

                También sabe que esos mismos circuitos de corrupción estructural  se erigió en el gran negocio de una casta política culturalmente corrupta desde la reapertura del sistema democrático; por caso durante la gestión alfonsinista vale recordar a   la aduana de Delconte, los pollos de Mazzorín; el ingreso del emblemático Alfredo Yabrán a la explotación monopólica de los negocios aeroportuarios; etc..

 

Ni que hablar del saldo que en materia de corrupción estructural dejó el gestión menemista ( Pami de Víctor Alderete, Mafia del Oro, Aduana Paralela, IBM Banco Nación,l IBM DGI, contrabando de material bélico desviado a Croacia y Ecuador, et. etc;  y ni que hablar de la denominada “década ganada”.

 

Volviendo sobre Marc Bloc; no equivocó Alexander Hamilton ( “ El Federalista”) cuando enseñaba que el íntimo deseo que anida en todo dirigente político que accede a posiciones de poder es el de poder contar con una Justicia independiente; independiente de todos los demás a exclusiva excepción de él mismo; naturalmente.

 

Y la reflexión de Marc Bloc va de la mano de otro formidable ensayista francés; ya decía Jean Claude de Gillebaud ( “La traición a la ilusión”);  “ asistimos a una inquisición a mano abierta donde el factor político y mediático termina por socavar las bases del sistema judicial”.

 

Y en cuando a la lógica referida al comportamiento de los jueces federales existe una suerte de prueba “contra fáctica”) que no hace otra cosa mas que reafirmar la incontrovertible validez  de la regla general.

 

Por caso la Comisión Americana de Derechos Humanos, tuvo ocasión de señalar en por lo menos cuatro casos referidos a la República Argentina ( informes de admisibilidad nros. 9/16; 56/16, 104/17, 34/18), la convergencia de graves irregularidades en los procesos de remoción de cuatros magistrados que habían sido destituidos bajo la fórmula eufemística de “mal desempeño”.

 

Toda una obviedad, al menos dos de esos mismos magistrados, tuvieron la mala ocurrencia de haber “ido a fondo” con las investigaciones judiciales en momentos que los mandamás de turno se encontraban en sus respectivos tiempos de apogeos; así les fue; estabilidad negociada en la representación multisectorial del Consejo de la Magistratura y a la calle.

 

Para finalizar esta columna vaya una mas que respetuosa sugerencia al estimado lector/a; a no entusiasmarse con esta nueva expectativa prometedora de fin de ciclo a la corrupción y a la impunidad; no sea cosa que la sumar otra nueva decepción, como el en caso de la Banelco.

 

 

Guillermo J. Tiscornia

 

Ex juez en lo Penal Económico

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