ECONOMÍA SENCILLA XXXV: Estado de situación marzo-2018 y Perspectivas

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Desde el 28/12/2017 cuando el Ministro de Hacienda Sr. Dujovne, frente a la presencia obediente del Presidente del BCRA, cambió la política monetaria, la desorientación del mercado y del público en general se ha convertido en moneda corriente. Por Guillermo H.B. Castaño- exclusivo para Total News.

 

 

 

Repaso de algunos números publicados y análisis:

La economía argentina se encuentra de nuevo padeciendo del mal de déficits gemelos: déficit fiscal y déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos. 

El déficit fiscal se puede tomar como el déficit primario, sin incluir el pago de los intereses de la deuda pública y por otro lado el déficit fiscal total que incluye los intereses de la deuda pública, sumado  a esto es importante considerar el tema de los intereses, pues esta administración no incluye los intereses que un organismo estatal le debe a otro organismo estatal,  con lo cual se reduce considerablemente de modo  artificial el déficit fiscal total.

Según datos publicados últimamente, el déficit fiscal primario pasó de 4,3% del PBI en 2016 a 3,9% del PBI en 2017 “sobrecumpliendo” la meta establecida con una reducción del déficit fiscal primario de 0,4 puntos del PBI. Sin considerar los intereses de la deuda pública -incluyendo los intereses entre organismos públicos- pasaron de 2,3% del PBI en 2016 a 3% en 2017, es decir, un aumento de 0,7 puntos del PBI. Cortito y al pié, se redujo el déficit primario en 0,4 puntos del PBI y al mismo tiempo subió el costo de financiar el gradualismo en 0,7 puntos del PBI, por lo qué el resultado neto es un incremento del déficit fiscal de 0,3 puntos de PBI. Ahora, incluyendo los intereses del gasto cuasi fiscal por el  endeudamiento del BCRA se agregan otros 2,5 % del PBI. Puede observarse que el esfuerzo fiscal que “hace” el gobierno por bajar el gasto corriente es tan gradual que el costo financiero del gradualismo devora y aún supera el esfuerzo en el déficit fiscal primario.

En este sentido no sé puede mencionar un número de déficit sin contar los intereses de la deuda pública.

A modo de ejemplo, estos datos demuestran con claridad que el gasto no sólo no baja sino que crece, el ahorro que durante 2017 alcanzó a $66.400 millones en subsidios a las tarifas, el gasto en planes sociales, AUH, etc. sumó $ 85000 millones y el déficit  cuasifiscal antes mencionado por intereses a $ 93500 millones, concluyendo: el déficit fiscal financiero pasó de 6,8% del PBI en 2016 a 7,7% del PBI en 2017. 

Lo que se quiere destacar en este análisis es que  un déficit importante como lo es el financiero, está subiendo, lo que nos hace preguntarnos si la velocidad de la baja del gasto público es la apropiada para solucionar lo que dejó la administración Kirchner o corremos el riesgo de implosión por su lentitud.

En otro orden tenemos el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Que lo definimos como el resultado después de  exportaciones menos importaciones igual a saldo de balance comercial, a este saldo se le suma el pago de intereses de la deuda, el giro de utilidades y dividendos, turismo por la diferencia entre saliente y receptivo más otros rubros. 

Con este modelo que aplica el gobierno, que ha mantenido elevada la tasa de interés, se generó un ingreso de capitales de corto plazo, los que apostaron vendieron los dólares y colocaron los pesos obtenidos a tasa de interés, haciendo bajar el tipo de cambio nominal o retrasándolo respecto al nivel de inflación, ocasionando así un problema de sector externo, con el déficit de cuenta corriente recién citada. 

Se está financiando  el déficit fiscal  con inflación / emisión más deuda, así se aumenta el stock de deuda pública y los intereses a pagar, por lo que se incrementa el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos antes mencionada.

 Que el tipo de cambio real  no acompañe el ritmo inflacionario estimula las importaciones y no incentiva las exportaciones, así como también promueve el turismo al exterior  en detrimento de la llegada de turistas al país. Esto al igual que lo descripto en el párrafo anterior hace que crezca el déficit de la cuenta corrientes del balance de pagos. Si al tipo de cambio se lo deja flotar libremente, subirá el tipo de cambio acompañando a la inflación hasta equilibrar el saldo de balance comercial, deberían subir las exportaciones y mantener o bajar las importaciones.

El déficit de cuenta corriente crece también  porque se regularizó la deuda con los  holdouts, y como dijéramos antes, por el aumento del stock de deuda pública tomada por el tesoro para financiar el déficit fiscal. Fernández de Kirchner dejó un déficit de cuenta corriente de 2,82% del PBI sin pagar a los holdouts y en 2017 es de 3,71% al tercer trimestre que son los datos disponibles. Concluyendo, cuando se entra en déficit gemelos  se retroalimentan uno al otro. El déficit fiscal alimenta al déficit de cuenta corriente, porque hay que pagar más intereses de la deuda pública que crece con el aumento de deuda que se toma para cubrir el gasto público. 

Este déficit de cuenta corriente fuerza a la actual administración  a incentivar el ingreso de capitales financieros de cortísimo plazo atraídos por alta tasa en pesos y/o a tomar más deuda pública para así evitar una fuerte devaluación y para equilibrar la mayor demanda de dólares con ingreso artificial de la moneda extranjera. 

Según la velocidad a la que se efectúen las reformas estructurales, la administración Macri podrá aguantar los déficits gemelos por algún tiempo más. Lo aconsejable es avanzar rápidamente en ese sentido porque Argentina ha tenido cinco (5) crisis terminales en los últimos 45 años causadas por los mismos problemas que hoy nos ocupan.

¿Qué podemos esperar?

En materia económica, el gobierno aparece improvisando, como especializado en la parcheología del día a día. La gente  y el mercado están tan desorientados como el gobierno.

Como  resultado del cambio de política monetaria del 28/12/17 ya nadie sabe que esperar del BCRA que había logrado un nivel de credibilidad importante hasta ese día. Esta situación podía preverse pues se produce ante la ausencia de un plan de estabilización y desarrollo explícito, bien delineado y gestionado por un ejecutor  y su equipo económico respaldado por un Ejecutivo perseverante y dispuesto a todo. 

 Luego de las elecciones para el Congreso y ya con la experiencia de  gestión, esperábamos  que el gobierno planteara un plan y nombrara un líder con equipo económico, encargado  de la coordinación de medidas con los ministros y secretarios más el Banco Central y  los bancos oficiales. Ese plan contemplaría reformas serias en los temas: tributarios, tamaño/función  estatal y las regulaciones en exceso que azotan toda actividad la económica en RA. Deberían ser  implementadas a un ritmo capaz de convencer a la gente y los mercados de que se trata de reformas que durarán muchos años, por las que el gobierno trabajaría duramente, contra todo lo que se lo vaya impidiendo. 

En el primer discurso posterior a la elección, en el edificio del Correo, el Presidente Macri insinuó que iban por ese camino. 

Pero, hoy parecería que ha optado por postergar todo hasta 2020, con un planteo de este tipo: el Congreso está muy divido como para que aprueben las reformas necesarias y al no tener mayorías, evitar situaciones como las planteadas en diciembre pasado. Se abocarían a ganar las presidenciales de 2019 y a aumentar legisladores en ambas cámaras de modo de lograr la mayoría necesaria para aprobar las reformas permanentes que RA requiere para tener un crecimiento sustentable por lustros.

Con este panorama que tiene sustento en dichos de Dujovne “el endeudamiento crecerá hasta 2019 para luego declinar” y si resulta cierto que el gobierno decidió postergar para un segundo mandato el lanzamiento de un plan completo de Estabilización y Crecimiento, la única alternativa que queda para que el gobierno de Macri no termine en una nueva frustración económica, es que, por lo menos, concentre sus esfuerzos en tres puntos clave:

 1) en función de los números arriba expuestos, contener el incremento del gasto público de modo que no exceda los límites aprobados en el presupuesto de 2018.  

2) decir claramente cuál es la política cambiara/monetaria, para disminuir contundentemente las expectativas sobre el precio futuro del dólar y terminar con la alta volatilidad de su precio  en las últimas semanas. El BCRA debería continuar con la reducción de LEBACs y tender a eliminar este pésimo  instrumento de su cajón de herramientas. Los bancos centrales de economías ordenadas  nunca emiten deuda remunerada para colocar por fuera del sistema bancario compitiendo con la emisión de deuda pública / privada. 

3) Reducir la emisión para financiar gastó público de deuda externa e interna, la primera porque ya supera el 55% con respecto al PBI – en 70% comienza el peligro para países emergentes y hoy Argentina no llega a esa categoría es un mercado de frontera- y la segunda porque cuando el Estado toma crédito interno le quita directamente posibilidades al sector privado de endeudarse y por ejemplo, teniendo en cuenta la cuantiosa merma de cosecha producida por la sequía, el crédito y la refinanciación serán más que necesarias para los productores. (recordemos que el sector público nunca genera riqueza, sí lo hace el sector privado)

La emisión monetaria por cancelación de LEBACs, debería absorberse vendiendo reservas  sobre todo cada vez que el precio del dólar pegue subas abruptas, lo que ayudará a cumplir con la meta de reducir la inflación, claro que nunca al 15% anual si se continúa emitiendo dinero como ahora a un ritmo del 25% anual. Si algún episodio externo implica un salto cambiario, el BCRA debe convalidarlo, explicando por qué lo hace y señalando que su objetivo no es sorprender a la gente y reducir sus pasivos en pesos.

Aclaramos que al referirnos a un episodio externo no hablamos de la aparición de un cisne negro (evento traumático global tipo 2008) que lógicamente interrumpiría por completo el flujo de emisión de deuda externa, colapsando cualquier recorrido económico imaginado por la actual administración.

La gente sabe que en RA los problemas económicos originados al endeudamiento privado y/o público, se han terminado resolviendo con una mega devaluación y una gran inflación, con un default de la deuda interna y en muchas oportunidades acompañado por default de la deuda externa.

Los  aumentos de la tasa de inflación originados en el ajuste de las tarifas de servicios públicos que aún están atrasadas, no los puede contener el aumento de la tasa de interés pagada por las LEBACs. Sí lo lograría, una contracción de la emisión monetaria, pero  con algo de recesión. Por consiguiente, la mejor política es dejar que los ajustes remanentes de precios regulados se produzcan cuanto antes y los subsidios económicos queden reducidos a un mínimo, o desaparezcan. La tasa de inflación podría así encaminarse hacia números no tan lejanos a la meta del 15% anual propuesta el 28/12/17.

Respecto al incremento del precio del dólar de 17,5 a mediados de diciembre a $20  y $20.5 hasta ahora, creemos  no parece haber influido aún en la tasa de inflación, porque durante 2017 la alta tasa de LEBACs había provocado un atraso que el mercado y la población no veía como sostenible y, por ende, ya se había reflejado en la suba de los precios libres publicados por el INDEC. Aunque deberían tener cuidado con rápidas escaladas del precio del dólar estadounidense, porque el riesgo de que provoquen aceleración inflacionaria es alto debiendo el BCRA estar atento y vender reservas como antes se dijo.

Respecto a los ajuste salariales se deberían pactar libremente partiendo de la base del 15%  soñado por el gobierno junto con la clausula gatillo que descomprimiría toda negociación. En Economía Sencilla no creemos que los aumentos de sueldo originen la inflación que el gobierno le adjudica. 

Estos resultados nada ambiciosos y de mínima, no son suficientes para crear  entusiasmo respecto de la política económica del gobierno, mucho menos provocará “lluvia de inversiones” sólo basta mirar que la inversión directa fue menor en un 27% que con CFK, con cepo y restricción de remesas de utilidades (ver cuadro abajo) pero  ayudarán a que no se acentúe el clima de desorientación y desaliento que ha comenzado a propagarse desde fines del año pasado.

 

10/03/2018

Guillermo H.B. Castaño.               Semper Fidelis Consultora

Foros Contemporáneos Economía

Twitter: @guillermo1500 http://gcastano9.wix.com/guillermohbcastano

 

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