Abril no será fácil

Opinion
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El paro de la CGT inaugurará un mes en el que el Gobierno necesita mostrar resultados.Estamos en un punto de quiebre. El saneamiento de la economía que tenía que ver con la herencia que dejó el kirchnerismo está encaminado.Por Nelson Castro

 

 La mejoría debería empezar a verse en el corto plazo –segundo trimestre–, aunque las dudas tienen que ver con la demora en las inversiones más grandes y la reactivación interna en un mercado muy contraído. Ante esta situación no queda otra que tener confianza porque no hay otro camino”. Con una mezcla de seguridad y preocupación, un hombre de consulta en materia económica del oficialismo trataba de poner en palabras la sensación que se vive en el Gobierno. “El campo es un motor importante, aunque las divisas que genera no tienen su contracara en la creación de empleo directo; la construcción –de la mano de la obra pública– también inició su repunte y los acuerdos sectoriales con industrias como la automotriz tienen que empezar a revertir la historia”, sentenció la misma fuente en el marco de una semana que dejó un saldo negativo para el Gobierno, por el impacto en el humor social que produjo tanto la gran cantidad de protestas en la calle como el interminable conflicto con los docentes. Lo que viene no será sencillo. Abril despunta con el paro general decretado por la CGT que el Gobierno no podrá de-sactivar. En la central obrera, el sector más dialoguista está desbordado por las bases, donde el malestar crece motivado por tres razones: la inflación, el miedo a perder el empleo y la falta de cariño hacia Mauricio Macri. A estos factores hay que agregarles dos más: uno, la CTA que ya ejerció presión intentando imponer su propia fecha de huelga para fines de marzo y otro, el fantasma de la agitación kirchnerista que se parece cada vez más a una realidad.

 

El tiempo no juega a favor del Gobierno, y el propio Presidente había advertido días atrás a sus espadas políticas sobre la necesidad de bajar la línea hasta las intendencias con una orden: las obras no se pueden demorar más; los resultados deben estar a la vista. Está claro: ya entrado el año electoral de nada sirven el dinero ni las partidas aprobadas si no se transforman en mejorías concretas y palpables por la gente. Ese es uno de los problemas de la administración de Cambiemos. Por falta de experiencia o por miedo a poner la firma en obras, todo se ha demorado más de lo esperado. Pero esa demora se ha adueñado de la ejecución hasta los niveles de toma de decisión política.

 

Del otro lado de la biblioteca, los economistas que coinciden con el rumbo económico del Gobierno mantienen una postura crítica con algunas de sus medidas, señalando que se ha llegado bien hasta fines del año pasado pero que el estancamiento producto de las altas tasas, un dólar quieto y una desesperada lucha contra la inflación va a terminar por anclar la economía perjudicando el crecimiento. “Tienen un miedo tremendo a no poder cumplir con las metas prometidas. La inflación es una muestra. Una cosa es honrar la palabra y otra muy distinta es ser tozudo. No se pueden pelear uno o dos puntos de la paritaria en contra del trabajador porque después no hay plata en la calle para mover nada. No sólo eso, en este tren han llegado al extremo de meterse a controlar la paritaria de privados con tal de que no se les desacomode la planilla del Excel”, expresaba uno de los economistas a los que el Gobierno suele escuchar en referencia a la paritaria bancaria que terminó judicializada innecesariamente.

 

“En un año electoral tenés que ponerle un mango más en el bolsillo a la gente porque en un país como el nuestro el humor social te voltea una elección. En cambio, los cerebros de los CEO hasta se dieron el lujo de permitir que se cambie la ecuación que terminó quitándole 20 pesos en el recálculo de haberes a los jubilados. Esto es producto de mentes brillantes con posgrados en el exterior que piensan para adentro que cien pesos no le cambian la vida a nadie”, sentenció la fuente.

 

A esta altura, es evidente que el Gobierno no ha sabido ni ha podido enfrentar con medidas de coyuntura los efectos colaterales del sinceramiento de la economía al que lo obligó la realidad. Fijó así un rumbo que en el mediano y largo plazo es compartido por la mayoría de los economistas reconocidos del país, entre ellos los que hubieran sido hoy día ministros y secretarios en caso de que Scioli hubiese ganado la elección de 2015.

 

Recién en estos días, el Gobierno parece ir tomando nota de la verdadera dimensión de la compleja situación socioeconómica del país a la que, es evidente, subestimó. El índice de desempleo que dio a conocer el Indec el jueves pasado es una muestra. El 7,9% habla de una baja muy leve en la que mucho tuvo que ver el que mucha gente, desesperanzada, dejase de buscar trabajo. En ese despertar está también el darse cuenta de que la lluvia de inversiones con la que se ilusionó –o lo hicieron ilusionarse– tras el arreglo con los holdouts no sólo no llegó sino que no se sabe cuándo llegará. “Parece que nadie se acuerda de lo que vivimos. Por eso la angustia de hoy es doble: por un lado no estamos totalmente convencidos de los resultados del rumbo actual; por el otro, sabemos que si esto fracasa volver a los Moreno o a los Kirchner sería terrible. Ninguna multinacional quiere otra Venezuela entre sus filiales”, graficó un empresario del rubro mecánico con central en Europa.

 

Desde el Frente Renovador especulan con el presente pero sin aportar mucho a la discusión. Critican la falta de definición del plan económico y resaltan que si bien hay buena voluntad por tratar de entender la Argentina profunda, aún no hay conciencia de cuán fuerte impactan en la gente las medidas que se están tomando. “Es cierto que se ha aumentado la ayuda social, pero eso en el contexto actual, no alcanza para paliar significativamente los niveles de pobreza e indigencia”, sostiene un legislador de extracción gremial. Hay sectores como el textil y algunos rubros metalúrgicos donde ya no sólo preocupa la baja de presión impositiva, sino el futuro de las empresas, porque no están vendiendo.

 

En el kirchnerismo se solazan con esta realidad que los hace ilusionarse con la vuelta de Cristina. Las encuestas en el Gran Buenos Aires dan vuelo a esa ilusión.

 

El país asiste a un aumento de la conflictividad social que algunos –sectores afines al kirchnerismo y de la izquierda dura– intentan aprovechar para instalar la idea del caos social e inestabilidad política. Es la Argentina de siempre que da vida a la famosa frase de Aldous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.

 

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