Dos más dos es siempre cuatro

Opinion
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Por ejemplo: dígame señor encuestador, ¿cómo puede ser que ustedes decían que ganaba el candidato Pepe y terminó arrasando Cacho? “Bueno…” - dice el tipo nervioso, no sólo porque la pifió con Cacho sino porque todos nos avivamos de que Pepe le tiraba una anchoa- “lo que pasa es que en el tema de las estadísticas y la sociología no siempre dos más dos es cuatro”. Y te mira fijo como diciendo “por favor no me preguntes más”.

 

Es una muletilla que se adapta a todas la situaciones y con la que zafan economistas, analistas, profesionales, políticos, funcionarios, burócratas, etc. “Lo que pasa es que en materia energética no siempre dos más dos es cuatro” dice un ministro mientras vos prendés el aire acondicionado, vuela la cámara transformadora y se queda sin luz toda la manzana.

 

Hasta en el fútbol, “lo que pasa es que en el fútbol no siempre dos más dos es cuatro” dice el DT para explicar por qué todos sus defensores se quedaron atornillados al césped mientras un delantero de 1,60 les cabeceó sin marca en el área chica.

 

Lamento contradecirlos a todos: dos más dos es siempre cuatro, de acá a la China. Que después las cosas salgan como el orto no tiene nada que ver con las matemáticas.

 

Dicho esto, así como dos más dos es siempre cuatro, dos por uno siempre es dos.

 

Salvo cuando en 1994 se aprobó en el Congreso una ley presentada por el peronismo por la cual dos años en cana, sin condena, se computaban como cuatro.

 

Dicen los que saben que los agujeros legales de aquella ley, luego derogada en 2001 también por el peronismo, permitió el fallo de la Corte por el que esta semana casi nos ponemos el país de sombrero.

 

Como esa ley se votó a mano alzada, no quedaron registrados los nombres y apellidos de esos patriotas. Zaffaroni todos. Si no, no faltaría el legislador de aquella época que hoy diría “lo que pasa es que en los asuntos jurídicos no siempre dos más dos es cuatro”.

 

Así y todo, el episodio de la Corte volvió a demostrar lo difícil que es entender la situación en la Argentina y la manera en que la coyuntura da vuelta los hechos, trastoca la realidad y nos pone de frente a uno de los más entretenidos aspectos de la política moderna: lo que el mundo ahora denomina la “posverdad” o “post verdad”. O sea, dar por cierto cosas que no lo son, pero que las redes sociales viralizan y luego los políticos, el pueblo y los medios levantan sin retorno.

 

Su máximo exponente actual es el asombroso Donald Trump. A propósito, y viendo lo que está pasando con el FBI y los vínculos de Trump con los rusos, tengo la sensación de que en cualquier momento lo vamos a ver saliendo despedido por una ventana del Salón Oval. Es un presentimiento nomás.

 

Trump armó su campaña con posverdades tan insólitas como decir, por ejemplo, que Obama no había nacido en EEUU. O que él (Trump) venía a recuperar las fuentes de trabajo perdidas por el pueblo norteamericano, cuando en realidad Obama dejó la presidencia con el nivel de desempleo más bajo de la historia de EEUU: 4,7%.

 

En la ceremonia de asunción, Trump dijo que venía a “reconstruir el país” ante el asombro de Obama y Michelle que estaban paraditos a su lado y del resto de la humanidad que lo miraba por televisión. Es como si Messi dejara el fútbol y su reemplazante dijera “vengo a reconstruir el Barcelona”.

 

La explosión de la posverdad es atribuida a Trump, pero no hay que olvidarse de nuestro Guille Moreno, que mintió durante años con la inflación y la pobreza, a fuerza de amenazas. Que el tipo ahora esté procesado y pueda terminar preso, no le quita el mérito de haber sido un pionero en la materia. Quizá, eso explicaría su admiración explícita por Donald Trump.

 

Usted me dirá, amigo lector ¿que tiene que ver una cosa con la otra? Todo tiene que ver con todo suele decir Ex Ella (choreándole la frase a Pancho Ibáñez) que anda yirando por Europa y que, sobre el fallo de la Corte, dijo que en su gobierno estas cosas no hubieran pasado. ¿O sea que ella hubiera frenado a la Corte? Mirá vos a nuestra hotelera republicana. El pez por la boca muere.

 

Es obvio que el fallo de la Corte resulta repudiable e incomprensible para todas las personas de bien que no sabemos nada de derecho. Pero.

 

Hicimos una marcha para repudiar a la Corte y en lugar de ir a Tribunales, fuimos a Plaza de Mayo a repudiar a un gobierno que también había repudiado el fallo. Y la marcha la hicimos aún después de que el Congreso en pleno y por unanimidad, aprobara una ley que neutralizaba los efectos del fallo por el cual se hacia la marcha. O al menos corregía los errores de aquella ley de 1994 propuesta por muchos de los que organizaron la marcha.

 

Raro, no? Y no me digan que en política no siempre dos más dos es cuatro.

 

A raíz del tema, una conocida periodista de Página 12 pasó a la historia de la posverdad con un párrafo memorable. Hablando de los gobiernos de Néstor y CFK escribió textualmente: "fueron los primeros de la democracia en llevar adelante políticas de Estado para juzgar en el marco del Estado de Derecho a los responsable del genocidio”. Así como lo lee amigo lector. No digo el nombre de esta señora por piedad.

 

De un plumazo, literalmente, borró de la historia a Don Raúl Alfonsín, al juicio a las Juntas, a la condena a los comandantes, al fiscal Strassera, a Moreno Ocampo, a la Cámara Federal compuesta por Arslanian, Gil Lavedra, Torlasco, Valerga Aráoz, Ledesma y D’Alessio. Y a toda la CONADEP donde se recibieron las denuncias, base de toda la investigación, presidida por Ernesto Sábato e integrada por Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, el rabino Marshall Meyer, el obispo Jaime De Nevares, René Favaloro, el científico Gregorio Klimovsky, entre tantos otros.

 

Aquel episodio, sintetizado en la frase “Nunca Más”, fue la piedra fundacional de la democracia argentina. Negar eso es tan negacionista como negar la dictadura, el terrorismo de estado, el holocausto o cualquiera de las peores atrocidades conocidas. Sin embargo, todo vale en la era de la posverdad.

 

Insistir con el relato de que las políticas de derechos humanos sólo le pertenecen a los tipos que nombraron a Milani al frente del Ejército supera la posverdad y entra de lleno en el ridículo.

 

Sin embargo, y aunque no lo parezca, le vino fenómeno al gobierno porque putearlos por el 2x1 del que no serían responsables evitó que los putearan por el 2,6% de inflación que ese mismo día informó el INDEC y del que si serían responsables. Y esa no es una posverdad.

 

Ahora usted Balcarce, venga para acá. ¡Sit Balcarce! Ayer Lanata publicó que el 2x1 fue inducido por dos tipos del entorno del presidente, sin su conocimiento. ¿Verdad o posverdad? Uno de ellos sería el que en su momento convenció al presidente de nombrar en la Corte a dos jueces por decreto. Lo definen como el más serio asesor jurídico y le dicen “Pepín”, lo que a priori no lo ayuda para nada. Da más para nombre de bodegón.

 

Vaya Balcarce. Búsquese un zolcillonca que se haya olvidado en la Rosada algún facho del kirchnerismo y rastréeme a ver si tenemos algún facho escondido en Cambiemos. Ojo, la posverdad anda suelta por todos lados. Preguntá, y si alguno te contesta que “sobre este tema no siempre dos más dos es cuatro”, no lo dudes. Ese es el inútil.

 

Es como ese defensor que cuando recibe la pelota, en lugar de salir por afuera, engancha para adentro y pone a todo el equipo en riesgo.

 

Después te me vas a lo de Gustavo Arribas y mañana me contás lo que encontraste. Hoy ni me llames. Juegan Boca-River en la Bombonera de Buenos Aires. Gracias a Dios.

 

fuente clarin

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