Sé que están comlplicados, pero...

Malú Kikuchi
Lectura

 

 

Pero hay hechos que no se explican. Sabemos que la corrupción K fue institucionalizada, que casi todos los órganismos de control trabajaban para dar protección a los ladrones y no para proteger los dineros del pueblo.

 

Sabemos que la Argentina debe cambiar de conductas y de conceptos (muy difícil), sabemos que después de la insoportable era K, este gobierno cree en el diálogo por encima de cualquier otra cosa, y eso es bueno.

 

Pero… En una casa de familia, los padres tratan de dialogar con sus hijos, de explicarles porque hay cosas que se pueden hacer y otras que no. A veces da resultado, otras no. Es entonces que los padres aclaran:

 

Mientras vivas en esta casa, se cumplen las reglas de esta casa, cuando te vaya a vivir por tu cuenta, pondrás tus reglas, pero ahora son las nuestras. Creo que todos hemos pasado por esto, como hijos y como padres.

 

Por eso es difícil entender que el gobierno tolere actitudes de parte de ciertos grupos que atentan directamente contra la ley. Y si el gobierno no hace respetar la ley, entramos en la anarquía, paso previo a otros males.

 

Los alumnos de la ciudad de Buenos Aires no están de acuerdo con la reforma educativa del año próximo. No la aceptan y toman colegios. Tomar un edificio público o privado, es un delito penado por la ley. 

 

Sin dejar de cuestionar a los padres, ¿qué esperan los rectores de colegios tomados para dejar libres a los “revolucionarios”? Nada de ausentes, libres. Si se hubiera tomado esta medida con 40 chicos, no habría tomas.

 

Pero el gobierno prefiere “dialogar”. Y no importa si la reforma se lleva a cabo, el precedente es nefasto. Al alumno que no le guste algo, junta un grupito, algo muy simple a esa edad, y a tomar colegios. ¡Qué ejemplo!

 

El jefe de Gobierno de la Ciudad dice que se puede desarmar un corte de calle de 50 personas, pero no de 500.  ¿Por qué dejar que lleguen a 500 si pueden detener a 50? Con las policías unificadas, no hay excusas. 

 

Van deteniendo los primeros 50 y luego a los otros y a los otros. Las calles no se cortan ni en La Habana, ni en Miami. La gente no anda por la calle con la cara tapada y palos en la mano. La ley no lo permite. No se hace.

 

En cuanto al invento mapuche, por más que sea un tema provincial y seamos federales, el asunto empieza a ser demasiado serio como para que no intervenga la Nación: secesión territorial, nada menos.

 

RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), grupo terrorista, adiestrado en el manejo de armas por las FARC (estaba explicado en el disco dura de la computadora de Raúl Reyes, Angostura, Ecuador 1/3/2008), crece.

 

Desde tiempos K, grupos mapuches (la mayoría se sienten argentinos y son gente de bien), vienen ocupando tierras, hoteles, montañas, iglesia (católica) y colegios privados. Nadie hizo nada. Ni el intendente al que le correspondía la zona, ni el gobernador y mucho menos el gobierno K.

 

RAM, ni argentinos, ni chilenos, “mapuches”, pretenden un territorio que no les corresponde (son invasores llegados de Chile), que se encuentra entre el río Colorado y el río Negro, al que sueñan sumar el sur de Chile.

 

Todo ese territorio, en principio del Pacífico al Atlántico, conformaría “The Mapuche Nation”, por ahora con sede en Bristol, Nº6 Lodge Street, Reino Unido. El problema chileno le corresponde a Chile. El nuestro es peor.

 

Los mapuches son araucanos, “inmigrantes”, la mayoría adaptada a la Argentina, pero estos grupos terroristas que ensalzan a Marx, adoran a Fidel y odian al capitalismo, pretenden arrancarnos un pedazo de Nación.

 

Está penado por el Código Penal, desde el artículo 214 al 218; está tipificado como traición a la Patria, y lo es. ¿Por qué más allá de  intentar un diálogo imposible, el gobierno nacional no toma medidas en serio?

 

Facundo Jones Huala debe ser deportado a Chile donde lo espera un juicio por incendio, asesinato y otras menudencias. El simple enunciado del deseo de partir la Argentina es criminal. ¿Por qué no se los juzga? Ni siquiera se les obliga a devolver todo aquello que han ocupado ilegalmente. ¿Somos un país sin ley, el “far west” del siglo XXI?

 

Tenemos leyes, tenemos un gobierno legítimo votado por el pueblo, ¿por qué no actúan? Ya no es el huevo de la serpiente, la serpiente nació, hay que acabar con ella antes de que siga creciendo y acabe con nuestra unidad territorial.

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