China, la inflación y los demonios

Jorge Raventos
Lectura

 

 

Por el momento, el Presidente está concentrado en uno de sus objetivos estratégicos: atraer inversiones al país y reforzar la integración de Argentina en el mundo. China se ha ofrecido como socio estratégico y Macri parece predispuesto a aceptar la propuesta, pese a la renuencia de sectores económicos internos y hasta de algunos de sus socios políticos (la diputada Elisa Carrió, por caso).

 

En la segunda década del siglo XXI, China se encuentra en el tope mundial de las exportaciones y las importaciones, es el segundo cliente de Argentina (aunque el primero y principalísimo en materia de soja).  Y es también  un vendedor  relevante: el el número 2 para Argentina.

 

La circunstancia de que las compras chinas al Mercosur (y, en general, a la región) se concentren casi exclusivamente en materias primas ha generado prevenciones. El hecho es observado como un refuerzo de la llamada “primarización”  (o “reprimarización”) de las economías sudamericanas. Incuestionablemente, el comercio entre China y la región exhibe hasta el momento ese rasgo: las importaciones chinas están especializadas en productos básicos de la región: minerales, alimentos, petróleo y por lo general un solo producto cubre la porción dominante de las ventas.

 

Más allá de las mencionadas prevenciones, lo cierto es que la formidable demanda china ha sido uno de los factores decisivos (el otro: el vertiginoso desarrollo tecnológico)  en el proceso de reversión del deterioro de los términos de intercambio, según el cual las materias primas estaban condenadas a ver progresivamente reducido su valor comparado con el de los bienes industriales.

 

La transición que está ocurriendo en China, que busca sostener ahora su desarrollo en el crecimiento de su mercado interno, supone para los países del Mercosur (y particularmente para Argentina), una doble oportunidad. De un lado se incrementa la demanda de sus principales productos de exportación, requeridos por una nueva clase media que mejora su alimentación a medida que mejoran sus ingresos. Por otra parte, los mayores ingresos de los trabajadores chinos impulsan a los capitales de ese origen a buscar ventajas competitivas en otros horizontes.  China se convierte en principal exportador mundial de capitales y despliega políticas activas en materia de inversión en el exterior.Se calcula que a fines de la presente década, la inversión directa china en el exterior estará alrededor del billón y medio de dólares.

 

Las inversiones son las que potencian el comercio, la integración productiva,  el avance tecnológico y las mejoras en la productividad, un rubro en el que el país está rezagado y que resulta prioritario para el gobierno de Macri.

 

Cabe suponer, por ello, que una vez más el Presidente volverá de una gira externa con las maletas cargadas de buenas noticias y buenos proyectos.

 

Los demonios

 

A su regreso, deberá lidiar con situaciones menos amables. Su gobierno consiguió zafar de la imputación de haber impulsado solapadamente el fallo de la Corte que aplicó la llamada “ley del 2 por 1” a un caso encuadrado como de “lesa humanidad”, pero para hacerlo probablemente se distanció de una buena porción de su electorado propio,  afligida ante el consenso que el Pro facilitó.

 

El debate suscitado por el fallo del máximo tribunal, más allá de sus ineludibles meandros jurídicos, revela un estado de la opinión pública.

 

La casi  plena y notoria unanimidad  política alcanzada por el repudio al fallo de la Corte  – una  concordancia que abarcó desde el Pro a los fieles de la señora de Kirchner, pasando por  radicales, peronistas, socialdemócratas y trotskistas- antes que evidenciar  una vertiginosa  y  casi  mágica clausura de  la renombrada  brecha, pone en claro  que, si en el terreno  militar –y apelando  a todos los instrumentos de la guerra antiterrorista, incluyendo los màs brutales- la contrainsurgencia de los años  70  pudo  vencer a  las organizaciones  armadas que se alzaron contra el Estado (y decidieron  pasar a la clandestinidad  durante el gobierno democrático de Juan Perón), esa victoria jamás pudo coronarse en el campo cultural.

 

En ese terreno,  navegando bajo la bandera globalista  de los derechos humanos, el bloque derrotado  terminó tomándose la revancha en una medida tan contundente que ha conseguido hegemonizar  la reivindicación  y subordinar  sucesivas  capas periféricas que incluyen a amplios sectores independientes y hasta a explícitos adversarios, como se ha  constatado en los últimos días.

 

El error de Bonafini

 

La señora Hebe de Bonafini, que se abstuvo, casi en soledad, de participar en la multitudinaria marcha del miércoles 10 de mayo, argumentó para explicar su actitud que en esa manifestación olfateaba “la teoría de los dos demonios”, esa  interpretación sobre los años de plomo que remarca que no sólo hubo crímenes de la dictadura, sino también   violencia  asesina de la guerrilla.

 

Hay que precisar que la señora de Bonafini se equivocò. La verdad es que tanto la demostración del jueves 10 como  la atmósfera generada por  el fallo de la Corte  (adoptado en una relación 3 a 2, con el Presidente del cuerpo en la minoría) apuntaron a un solo demonio.  Más allá de algunos esfuerzos por  rendir homenaje al equilibrio, el discurso claramente dominante dejó de lado  al bando insurgente de los años ’70 y se concentró en  el castigo a la contrainsurgencia. La dialéctica del conflicto se quedó sin uno de sus polos.

 

Por lo demás, si los represores  de  aquellos años se proponían “aniquilar” al terrorismo que desafiaba al Estado, la prédica  de estos días sugiere la  misma medicina a la inversa. A aquellos  demonizados como encarnaciòn exclusiva del  Mal se los  excluye  preventivamente de la humanidad. Se propone no reconocerles derecho alguno y retacearles los que tuvieran.

 

La discusión sobre el fallo de la Corte –que pocos leyeron, incluyendo a varios de los que opinan por TV-  tiene poco que ver, en rigor, con  la ley del 2 por 1 o con sofisticaciones jurídicas. Màs bien remite a  una opinión pública cambiante, que un tiempo simpatizó con la guerrilla, màs tarde respirò aliviada cuando los militares tomaron el poder en marzo del 76, unos años después aplaudió  los juicios de Alfonsín  contra los militares y tuvo esperanzas en la propuesta de  pacificación que el líder radical  intentò con su idea de las tres responsabilidades (las de los que dieron las órdenes de la represión, las de quienes  se excedieron, y las de la mayoría que cumplió profesionalmente las órdenes superiores). Y que hoy, a juzgar por lo que ha ocurrido estos días, parece haber dejado  atrás aquellas ilusiones: el clima dominante en relación con el fallo parece más próximo a las ideas de kirchneristas como Horacio Verbitsky que a aquellas aspiraciones de Raúl Alfonsín.

 

Un hombre que formó parte de aquel alfonsinismo y antes había sido durante un período detenido-desaparecido, el ex senador Ricardo Lafferriere, comentó al respecto: “Entristece un poco ver la confusión de algunos que –en todo su derecho, por supuesto- “condenan” el fallo. Tal vez sea confusión entre justicia y venganza, tal vez teman ser confundidos porque haya sido también confuso su papel cuando había que luchar en serio por los derechos humanos y miraban para otro lado. Tal vez estén realmente confundidos. O tal vez, simplemente, les falte la valentía democrática y republicana que mostró la Corte en este fallo”.

 

Mitrismo y caníbales

 

Triste o no, esa es la realidad que parece lejana de los sueños de reconciliación. A la luz de los hechos, las especulaciones de la política corta (¿El pronunciamiento fue inducido por el gobierno?¿Favorece a Lorenzetti, que votó en contra? ¿Hay una interna en la Corte?¿Quieren desplazar a los que aprobaron este fallo?) resultan minucias.

 

Más bien habría que pensar cómo se pacifica una sociedad donde muchos, muchísimos de sus  miembros, invocando los derechos humanos,  parecen dispuestos a castigar a los caníbales comiéndoselos.

 

¿Habrá que aplicar el lema de Bartolomé Mitre: “Cuando todo el mundo se equivoca todo el mundo tiene razón”?

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