Éxodo cristinista y (dis)capacidades oficiales

Jorge Raventos
Lectura

 

 

  Se trata de una preocupación   permanente de la Casa Rosada  que motiva  análisis y seguramente  presupuestos de  especialistas destinados a  modificar esa imagen.

 

El bisturí y el hacha  desafilada

 

Sucede, sin embargo, que  muchos actos propios del gobierno  tienden a  consolidar aquella idea.  El último caso es  el de la  anulación de pensiones por discapacidad, una medida que, si bien fue posteriormente rectificada, no sólo abonó  la impresión de insensibilidad, sino que, simultáneamente,  desmintió  la virtud que solía atribuírsele a la gestión macrista: la de estar a cargo de buenos  administradores.  Siempre es preferible reconocer cuando se comete un error, pero  reiterar la práctica revela  una enorme dosis de imprevisión.

 

En el caso de las pensiones por discapacidad, la torpeza  administrativa tuvo un  alto costo político. Ilustró del modo más  tétrico el rasgo que el gobierno  quiere  sacarse de encima. Y, además,  al anular beneficios sin discriminar previamente los que están  legítimamente fundados  de los abusos y procedimientos ilegales, ayudó a mantener  en la opacidad las maniobras contra  los fondos públicos.  De noche todos los gatos son pardos.

 

 Buena administración, en casos como este, equivale a investigar con  precisión y paciencia  -sin  la presión de urgencias fiscales o  premuras de campaña-,  empezando por  los focos más significativos, para poder ofrecer a la opinión pública y la Justicia elementos  sólidos y elocuentes de  las maniobras ilegales que existan y sin afectar a quienes reciben  una retribución  merecida y legal. En fin, buena administración implica emplear el bisturí, no un  hacha mal afilada.

 

Que estos hechos ocurran  en el punto de lanzamiento del período electoral  muestra, quizás, que el resultado que  deparen las urnas puede estar en buena medida  fundado más que en virtudes propias de cada fuerza, en  conductas impropias, chapucerías y errores no forzados que beneficien a los adversarios.

 

El kirchnerismo y la flautista de Hamelin

 

La señora de Kirchner  develó el último miércoles algunos –solo algunos-  de los misterios con los que entretiene a sus seguidores, a sus apóstatas  y a sus  enemigos.  Confirmó (más bien hizo confirmar a sus lenguaraces) que no habrá una  elección primaria como la que soñaba Florencio Randazzo, en la que  ella y él  competirían por la primera  candidatura bonaerense del  Partido Justicialista.

 

Inapelablemente decidida a eludir  ese match, la señora indujo a sus seguidores  a un sacrificio mayor: prescindirán del   sello justicialista (que es el   ámbito en el cual Randazzo ha reclutado sus avales) y se presentarán  en una alianza de micropartidos, la mayoría de origen marxistoide,  bajo la marca de fantasía Frente de Unidad Ciudadana.

 

Esa ocurrencia táctica le entrega al desafiante Randazzo  (y a quienes eventualmente aspiren a competir  con él en ese marco: por caso, el intendente de José C. Paz, Mario Ishii) los restos mortales del PJ bonaerense. Eso sí: los apoderados partidarios siguen bajo control  de la coalición que obedece a la señora de Kirchner. Randazzo  tiene en sus manos un cuchillo sin hoja al que le falta el mango.

 

A cambio de  abandonar la identidad  justicialista y seguir a la ex Presidente convertida en flautista de Hamelin,  los intendentes y cuadros políticos  de aquel  origen que integran esa columna confían en que  ella  será  candidata, les permitirá  participar en la confección de las listas y contribuirá a consolidar situaciones locales en los municipios que ellos controlan. En cualquier caso, esa confianza es un acto de fe: la señora  considera que todavía es temprano para  hablar de aquellos temas. Recién el 24 de junio (dentro de una semana) habrá que  entregar las listas a la Justicia Electoral. “Hay tiempo”, posterga ella.  En cualquier caso, el próximo martes mantendrá  altas las expectativas como única oradora de un acto en el que congregará a las tribus que la sostienen.  ¿Confirmará allí, como imaginan los más crédulos, que encabezará  personalmente la  boleta  electoral  de su  flamante Frente?  Tal vez  prefiera mantener esa incógnita abierta  hasta el  viernes 23. Sus emisarios negocian aún con los intendentes que rodean a Florencio Randazzo y ella suele aplicar procedimientos cronométricos. Siguiendo la máxima militar de Napoleón Bonaparte que indicaba que la mayor virtud de un general reside en cortar la retirada…de las propias tropas,  se reserva su decisión final  hasta el momento en que los eventuales descontentos de sus filas no tengan ya  posibilidad de saltar a otras alternativas.

 

El éxodo cristinista

 

Con su  strip tease  de la vestimenta justicialista, la señora  divorcia definitivamente sus fuerzas  de toda mezcla con  la tradición que  inauguró Juan Perón  más de siete décadas atrás, una máscara que  la incomodaba  y de la que participó principalmente por la vía de los bienes gananciales  que emergieron de su vínculo conyugal con Néstor Kirchner. Ella, producto de la atmósfera ideológica universitaria de los años setenta, tuvo una relación instrumental con la figura de Perón, análoga a la  de los grupos entristas  que  el fundador del justicialismo echó, antes de morir, de la Plaza de Mayo.

 

Librada a sus propios aires después de la muerte de su esposo, la señora de Kirchner se deslizó a  reemplazar el poder que aquel  ostentaba y a consolidar el cristinismo, una construcción que se pretende recortada y más disciplinada e ideológica que el conglomerado que Néstor Kirchner había conseguido contener.  Para ella el cristinismo es una fase superior del kirchnerismo.  De Kirchner quedaría el culto (a El) y la referencia mitológica constante pero en términos terrenales, la  señora quiere mandar  en exclusividad, con  la ayuda de sus  auxiliares de campo e incondicionales, sin someterse a  otra doctrina que sus intuiciones ni a otros límites que su  propio arbitrio.

 

 Perdido el manejo faccioso del Estado, ejerce  esos gestos de  decisionismo  crepuscular  como el rasgo principal   de su  liderazgo.  Sus protegidos y  sus  dependientes  los admiten y hasta los admiran:  siempre hay un roto para un descosido.

 

La jefatura residual  de la señora de Kirchner (que supo   cosechóar  el 54 por ciento de los votos a poco de enviudad y hoy  celebra  cuando le aseguran que conserva  la mitad de ese capital),  se deshoja en extensión aunque todavía disimule  ese proceso con  la fervorosa intensidad de sus seguidores. Cuenta con la ayuda paradójica del gobierno, que  prefiere (razonablemente) competir con ella antes que con rivales más serios, y sopla en sus velas  cuando  alienta la polarización. 

 

Probablemente  el gesto franco de la señora de Kirchner de  despreciar sus lazos con el PJ  contribuya, antes y después de octubre, a  activar los intentos de renovación  que hoy  se vislumbran en el peronismo.  Y, así sea involuntariamente, ayude a la recomposición del sistema político.

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