Virajes tácticos y errores no forzados

Jorge Raventos
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  En rigor, las PASO, imaginadas para que la ciudadanía pudiera intervenir directamente en la selección de candidatos de los partidos, han quedado reducidas  a una mera encuesta censal, un croquis en escala 1:1 del estado  de las preferencias políticas de la opinión pública.

 

Ese estado  se verá modificado por los datos que entreguen las urnas y la tendencia al  llamado “voto estratégico”: muchos de los sufragios que el  13 de agosto se inclinen por candidatos  que tras el escrutinio  queden muy postergados, terminarán optando en octubre por otros que luzcan con mejores chances.

 

Viraje y malas maneras

 

La campaña de las PASO comenzó formalmente el viernes, pero la política ya se venía moviendo anticipadamente a su ritmo.

 

Es la ya densa atmósfera preelectoral la que enciende los ánimos y modifica conductas. El oficialismo, cuya estrategia giraba hasta hace poco alrededor de la coronación del kirchnerismo como  principal contrafigura para un conveniente  escenario de polarización, está girando ahora el timón.

 

Mientras delega parte del énfasis antikirchnerista en la abundante cobertura mediática sobre  los pasados negocios  y los presentes fueros del ex ministro De Vido, empieza a apuntar ahora contra la alianza Un País, pues observa que la dupla Sergio Massa-Margarita Stolbizer compite con posibilidades por  una gruesa franja del electorado compuesta por ciudadanos descontentos que en 2015 votaron –primera o segunda vuelta)  por Cambiemos.  

 

El viraje y la virulencia antimassista que imperan en Cambiemos (sobre todo en el macrismo) se observan en datos como  el ataque que lanzó el miércoles el  jefe del bloque de diputados  del Pro, Nicolás Massot, un político joven y lúcido que se ha caracterizado por su sensatez y capacidad de diálogo. El tono ácido y agresivamente personalizado que empleó ese día contra Massa  evidencia menos un cambio en la naturaleza  moderada de Massot que  una imposición de la atmósfera  que reina en su partido en las vísperas electorales.

 

Ese clima también impregna otros sucesos. Por ejemplo,  los cuestionamientos internos a la exitosa promoción  del Banco de la Provincia de Buenos Aires impulsada por la gobernadora María Eugenia Vidal.

 

La oferta de un descuento del 50 por ciento en los precios de alimentos y artículos de uso cotidiano comprados durante el miércoles 12 con las tarjetas del Provincia generó ese día el vuelco de decenas de miles de personas a los supermercados, colas de hasta ocho cuadras, esperas de varias horas para poder acceder a los locales y ventas en esos establecimientos hasta veinte veces mayores  que las de los miércoles normales. La gobernadora se había propuesto estimular el consumo popular y evidentemente logró su objetivo.

 

Para los críticos internos de la promoción, las imágenes de las largas colas y las extensas esperas  “pueden ser interpretadas como evidencias  de pobreza e inflación”, algo que consideran problemático  para el oficialismo cuando se inicia la campaña. Es el clásico tema del vaso medio lleno o medio vacío.

 

En términos electorales, las primarias quizás sirvan como un indicador sobre la promoción del Banco Provincia: casualmente, la próxima jornada de maxidescuentos ocurrirá el miércoles 9 de agosto, cuatro días antes del comicio.

 

Al lanzar su propia campaña, Massa y Stolbizer también agregaron críticas a la promoción: señalaron que èsta había baneficiado a grandes supermercados pero perjudicó, en cambio,  a los pequeños comercios de cercanía con una competencia desleal subsidiada con fondos de un banco público. “El problema de los precios –dijo el candidato renovador-  lo tiene que resolver el Gobierno Nacional con medidas concretas que reduzcan el costo de la canasta básica para todos los argentinos que lo necesitan y no sólo para los clientes de un Banco”.

 

En espejo con el viraje oficialista que ha decidido apuntarle, Massa responde con artillería pesada y combate simultáneamente contra los dos vértices del eje polarizador, macrismo y kirchnerismo. Sin nombrarlos, alude a ellos con consignas filosas: “"Entre el pasado de ladrones y el presente para ricos hay un futuro de grandeza".

 

Kirchnerismo con filtro

 

La señora de Kirchner  inició (más bien, continuó)  la campaña de Unión Ciudadana en Mar del Plata, desplegando su propio viraje, su nuevo estilo light: pocos minutos de oratoria, tono  contenido y sensible, selección del público, acompañamiento de ciudadanos llanos, preferentemente no políticos, que dan testimonio de sus aflicciones. En ese marco, ella pide el voto “no para mí “ –dice-  sino “ por ustedes mismos (…) en defensa propia (…) para parar este dolor” (es decir, la acción del gobierno de Macri) .

 

Empinada en las encuestas con la contribución del oficialismo que, para beneficiarse con la comparación,  procuró durante largo tiempo usarla como El Cuco (según la expresión de Elisa Carrió),  la Señora  ha sabido aprovechar esa ventaja. Disciplinadamente acepta los consejos de un asesor profesional para su campaña,  atornilla la adhesión de su público tradicional y tiende puentes para atraer simpatías de algunos que habían tomado distancia. Confía, por ejemplo,  en recuperar (si no en las PASO, en la elección general de octubre)  parte del  pequeño caudal que, según las encuestas, hoy se inclina por la candidatura de Florencio Randazzo.  Si a la mera presentación de la candidatura de la señora de Kirchner pudo adjudicársele la renuencia de los inversores, una victoria de ella en la provincia de Buenos Aires sería vivida como una verdadera catástrofe por el gobierno.

 

La Casa Rosada aparenta indiferencia  frente a las noticias que le ofrecen sus encuestadores, pero la procesión va por dentro: el Presidente se muestra fastidioso porque las cosas no  se ajustan a las promesas ni a las proyecciones que le han  formulado algunos de sus colaboradores. Así, a veces  él mismo contribuye  al desorden de las cosas.

 

 

 

Pasos en falso

 

Por ejemplo,  Macri decidió viajar a Córdoba, un escenario en el que compite consigo mismo: allí consiguió, proporcionalmente, la mejor votación en octubre de 2015. Tendrá que esforzarse por  emular aquel resultado, pero Cambiemos está empeñado  en ganar  la elección.

 

Tiene para eso que superar al peronismo de José Manuel De la Sota y del gobernador Juan Schiaretti,  probablemente el mandatario peronista que mejor dialoga con el gobierno nacional. Schiaretti es el vértice virtual de la liga de gobernadores justicialistas con la que la Casa Rosada deberá negociar para conseguir gobernabilidad y apoyo en un Congreso que  previsiblemente se volvería más complicado si  la señora de Kirchner ingresara al Senado.

 

Dados estos elementos,  podría suponerse que el  Presidente  mide con cautela sus movimientos en relación con el gobierno cordobés. La visita a la provincia provocó, sin embargo, chisporroteos inoportunos.

 

En principio, Macri llevó en su avión a Héctor Baldassi, el ex árbitro que es  candidato principal de Cambiemos, dando así un sesgo partidario a una visita oficial (algo que tanto se cuestionara al  kirchnerismo). 

 

El Presidente también consideró razonable lanzar en público una reconvención a Schiaretti, ante quien se quejó por  la tasa de impuesto a los ingresos brutos que impera en Córdoba “que está matando a la gente”. Obligó así  a Schiaretti a responderle.

 

Primera réplica: “Estaremos encantados de bajar ese impuesto cuando el Estado nacional nos pague lo que le debe a la provincia”. El gobernador recordó que Córdoba necesitó un fallo de la Corte Suprema para defender su interés.

 

El paso en falso presidencial le dio a Schiaretti pie para abundar en sus argumentos. .“ Lamento que el Presidente Macri haya venido a Córdoba a decir cosas que no se ajustan a la realidad”, señaló, y agregó que  “quienes tienen los impuestos a los ingresos brutos más altos son precisamente los distritos que gobierna Cambiemos: en el comercio mayorista, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en el comercio minorista, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en los servicios, provincia de Buenos Aires cobra el 5%, Córdoba el 4,75%; en el transporte, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) cobra el 4%, Córdoba el 3,5%; en la producción agropecuaria, la Provincia de Buenos Aires cobra el 1%, Córdoba no le cobra nada a los productores agropecuarios; en la industria, la Provincia de Buenos Aires cobra el 1,5%, Córdoba el 0,5%; en la construcción, CABA cobra el 5%, Córdoba el 4%”,, detalló minuciosamente Schiaretti.

 

Los nervios desatados por la  proximidad de la prueba electoral provocan errores no forzados. El gobierno nacional debería tomar en cuenta que, más allá de la óptica de partido y del natural espíritu de competencia, hay cuestiones más amplias que atender que trascienden los resultados electorales y deberían contribuir a superar las grietas.

 

Final: la grieta, los cambios y el Papa

 

Si el clima tenso de las elecciones (no tanto las primarias como las “de verdad”, las legislativas del 22 octubre) dilata por momentos la famosa “grieta”,  resulta  un exceso explicar con ese argumento la conducta del Papa Francisco. Se ha dicho que el Pontífice no visita la Argentina por culpa de las divisiones (y hasta se le ha adjudicado a él mismo simpatía por  una u otra facción). Sería más razonable pensar en motivos eclesiales.

 

Este año se producirá un cambio de guardia en la Conferencia Episcopal: monseñor  José Arancedo, quien asumió en noviembre de 2011, concluye su  período. Desde ese mes  habrá una nueva conducción local, probablemente más joven, que el Propio Francisco promoverá. Es probable que recién entonces (digamos, en 2018)  Francisco visite su patria.

 

Un año atrás, como se consignó en esta columna, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, responsable de la Academia Pontificia de Ciencias y un vocero habitual de la Santa Sede,  había dado alguna pista sobre los motivos por los cuales Francisco postergaba un viaje a la Argentina: comentó que, en el caso de Juan Pablo II, “se veía que estaba la Iglesia polaca atrás (…) no se entiende cómo no hay una solidaridad análoga a la que había con el papa polaco, a la que había con el papa alemán y con los papas italianos. Es una cosa curiosa”.

 

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