La semana que fortaleció al gobierno de Macri

Jorge Raventos
Lectura

 

 

El caso Maldonado empieza a aclararse

 

En primer lugar, las verificaciones científicas practicadas sobre el cuerpo encontrado unos días antes en el Río Chubut no sólo confirmaron que el muerto era Santiago Maldonado sino que permitieron anticipar que el joven no había sido víctima de  una agresión externa y descartar así  la teoría de la “desaparición forzada”,  interesadamente difundida por algunas organizaciones de derechos humanos, por sectores kirchneristas y  por los grupos extremos de la llamada “resistencia mapuche” con la intención de desacreditar al gobierno  nacional y a la gendarmería.

 

Aunque ahora  se sabe que el hermano  de Santiago Maldonado insiste todavía  en la interpretación sesgada, que aquellas  primeras conclusiones basadas en hechos comprobados  trascendieran en vísperas y sobre  la jornada electoral del domingo 22 contribuyó a  frenar una incipiente pérdida de votos  del oficialismo (que algunos estudios  estimaron en cinco puntos en la Capital Federal  y atribuyeron  sobre todo a  declaraciones inapropiadas de Elisa Carrió). Ese goteo adverso nunca llegó, de todos modos, a equipararse con la  verdadera ola  de respaldo a la coalición oficialista que se extendió nacionalmente.

 

La ola amarilla

 

El  gobierno no sólo derrotó netamente a la Unidad Ciudadana de Cristina Kirchner en la vital provincia de Buenos Aires, sino que incrementó sus votos en  el distrito y particularmente en el conurbano .  Además,  esa significativa victoria vino acompañada  por otros logros destacables: Cambiemos ganó  en el núcleo productivo más importante del país  (Capital y las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos), derrotó al kirchnerismo  en su patria chica de Santa Cruz y conquistó  bastiones justicialistas como La Rioja y Chaco; ganó en  El Tigre de Sergio Massa y en la Salta de  Juan Manuel Urtibey. Al  neutralizar a Massa, Urtubey y también al cordobés Juan Schiaretti, Mauricio Macri  deja al peronismo  poskirchnerista  sin  figuras alrededor de las cuales ensayar  un rápido reagrupamiento.

 

Otro hecho  importante de la vertiginosa semana: el Congreso quitó los fueros al ex ministro Julio De Vido y la Justicia lo  alojó en  la cárcel de Ezeiza, en lo que muchos  consideran  el primer paso de  una ofensiva judicial  que  conduce ineludiblemente a la señora de Kirchner.

 

Ante  un  peronismo   fragmentado, aún lastrado por la  fastidiosa contaminación K y necesitado  de una renovación que vaya más allá de  chapa y pintura  , Mauricio Macri parece tener  libre  el camino hacia  un intento reeleccionista de aquí a dos  años.  En todo caso, sus  principales riesgos  no parecen surgir de  afuera; debe, más bien,  mantener el control sobre   las tensiones  intestinas del  oficialismo y neutralizar  la presión de  los sectores más apresurados  (el antigradualismo,  el purismo beligerante) así como  la  tentación de la soberbia y  el  aislamiento decisionista.

 

El  Presidente no desconoce seguramente  que, aunque su poder se ha ampliado considerablemente,   no cuenta  con  plena libertad de movimientos ni puede interpretar su victoria como un mandato para imponer  un unilateralismo de nuevo tipo sino, en todo caso, como la esperanza  en un cambio político que  incorpore eficiencia en la gestión,  que  preste atención  a las demandas  reales  antes que a las quimeras ideológicas y que  actualice  modales y prácticas anacrónicas.  

 

Un espejo chino

 

El nuevo sistema político argentino, que  empezó a manifestarse con la derrota del kirchnerismo  en 2015,  los acuerdos  legislativos que le dieron gobernabilidad a Mauricio Macri desde su primer día de ejercicio  y que,  a partir del  resultado del domingo 22, se configura con un  mayor predominio presidencial, podría inspirarse  en algunas reflexiones que  esta semana  quedaron como  uno de los mensajes  del  último congreso  del partido comunista chino, que  reeligió y consagró  la figura del presidente Xi Jinping.

 

El comunismo de la República Popular ha redefinido en esta etapa lo que, aplicando un concepto de Mao, llama la “contradicción fundamental”  que afronta la sociedad china:  esta es, de acuerdo a Xi Jinping,  “la que hay entre el desarrollo desequilibrado e insuficiente y las demandas crecientes del pueblo de una mejor vida”.

 

 No se trata de una generalidad: por el contrario, la frase toma en cuenta  los cambios que se han producido en el gran país, donde hoy  las “insuficiencias” no son las de tiempos de Mao, sino las de una sociedad que ha crecido hasta transformarse en segunda potencia mundial. “Las demandas del pueblo de una vida mejor que satisfacer son ahora notablemente más amplias-describe el  líder chino-. Han aumentado no solo las necesidades materiales y culturales, sino también las demandas de democracia, imperio de la ley, equidad y justicia, de seguridad y de un mejor medio ambiente”. 

 

Los comunistas chinos parecen comprender que, como producto de los cambios que introdujeron en etapas anteriores de su desarrollo, necesitan plantarse ante la realidad con nuevos objetivos  y nuevas prácticas para seguir cumpliendo un papel transformador y unificador; y  también que  el cambio  verdadero no supone partir de cero, o de la de  destrucción  de los avances del pasado,  sino  una combinación  inteligente (no exenta de conflictos)  de continuidad y reconstrucción.

 

Ni  repetición ni unilateralismo

 

La política argentina  -el triunfante oficialismo tanto como el  peronismo  postkirchnerista-  debería  observar, analizar  la expansión de las demandas sociales en el país (aquellas que son consecuencia de los  cambios  de época y de transformaciones ya ocurridas  tanto como aquellas  que surgen de la ausencia de  reformas y de la carencia de Estado). Y discutir métodos, procedimientos y programas  sobre esa base, no  a partir de reacciones  circunstanciales o revanchismos de cualquier índole,  ni de la repetición de lo que  ya está consumado oi, mucho  menos, de lo que ya ha demostrado su fracaso.

 

La convocatoria del Presidente a  gobernadores, legisladores, sindicalistas, empresarios y otros sectores de la vida nacional para  exponer ante ellos, mañana,  sus propuestas  de reformas  básicas, es una oportunidad  para alcanzar acuerdos de fondo. Una instancia  que no debería  desbaratarse por  obra de  oposiciones  tercas  ni de tentaciones verticalistas.  Argentina  necesita  un sistema político sólido,  sano, integrado , representativo y eficiente.

 

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