Los obispos, el consenso y el viaje del Papa

Jorge Raventos
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Otros, en cambio, actúan con discreción, evitan el autobombo y cumplen el cometido de dar a conocer ciertas  noticias o reflexiones del Pontífice o, como suele decirse, de “personas muy próximas” a él.

 

Esta semana, un reconocido columnista – Joaquín Morales Solá- le enmendó la plana a aquellos voceros de El Vaticano que unos meses atrás informaron que “no estaba en la agenda del Papa” un viaje a la Argentina en 2018. El último domingo, en La Nación, Morales Solá tituló: “El viaje del Papa en 2018 no está descartado”. Al parecer había recibido un llamado desde la Santa Sede.

 

Habida cuenta de esa privilegiada fuente informativa, vale la pena reparar en otros conceptos publicados el domingo 5 por Morales Solá.

 

-“Las condiciones (para que el Papa visite su patria) siguen siendo las mismas (…) El país debe encontrar una fórmula para la definitiva pacificación interna, y la Iglesia argentina debe demostrar que su adhesión a los postulados pastorales del jefe de la Iglesia no es sólo circunstancial y retórica”.

 

- “El Gobierno debería hacer algo concreto para que cese la hostilidad hacia el Papa. ¿Defenderlo públicamente para fijar un discurso ante sus seguidores?”

 

-“Tanto prelados vaticanos como obispos bergoglianos argentinos señalan que el gobierno de Macri no podrá aspirar a la pacificación si insistiera con la polarización  (que) fue una herramienta electoral eficaz, pero debería terminar. Las elecciones ya pasaron”.

 

-“ La Iglesia local, la del Papa, en la que él hizo toda su carrera sacerdotal, es indiferente a las reformas pastorales promovidas por Bergoglio desde el Vaticano (…)los obispos argentinos ni defienden al Papa de las habituales diatribas en su contra, ni se pronuncian sobre temas humanos de fondo que preocupan a Bergoglio”.

 

Aunque esta columna no puede vanagloriarse de contar con una fuente informativa tan  indiscutible como la del colega de La Nación, puede al menos sacar pecho en cuanto a la interpretación  de historias y datos públicos. A mediados de julio en este espacio se afirmaba que “este año se producirá un cambio de guardia en la Conferencia Episcopal: monseñor  José Arancedo, quien asumió en noviembre de 2011, concluye su  período. Desde ese mes  habrá una nueva conducción local, probablemente más joven, que el Propio Francisco promoverá. Es probable que recién entonces (digamos, en 2018)  Francisco visite su patria.”

 

El martes 7 de noviembre fue elegido titular de la Conferencia Episcopal el  titular de Caritas y obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, de 72 años, un pastor que sintoniza plenamente con la línea que impulsa el Pontífice y por quien este ha manifestado notorio aprecio. Llega a la presidencia  del organismo  sin ser arzobispo, una jerarquía que sí  ostentan 14  de  los  miembros de la Conferencia. En una comparación si se quiere irreverente, un  sacerdote bergogliano comentó: “Es como poner un  coronel como comandante en jefe de un ejército en el que no faltan generales”.

 

En aquella nota de julio citábamos una frase significativa de monseñor Sánchez Sorondo, canciller de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano; allí se decía que  “había dado alguna pista sobre los motivos por los cuales Francisco postergaba un viaje a la Argentina. El prelado comentó que, en el caso de Juan Pablo II, se veía que estaba la Iglesia polaca atrás (…) no se entiende cómo no hay una solidaridad análoga a la que había con el papa polaco, a la que había con el papa alemán y con los papas italianos. Es una cosa curiosa”.

 

También se dejó constancia en esta página de, además de la situación de la propia Iglesia argentina, había un segundo –e indispensable- requisito para el viaje del Papa: la creación de una atmósfera de reconciliación y unión nacional. “Con una Iglesia argentina reordenada para el año próximo –señalábamos en septiembre-, una condición importantísima para el viaje de Francisco se habrá cumplido. Otras tienen que ver con la política. Si en Colombia el Pontífice llegó para encontrarse con una sociedad que avanza enérgicamente de la  violencia al orden democrático y la paz, de la división al diálogo y la convivencia,  en Argentina todavía ese camino  no termina de consolidarse”.

 

La buena noticia es que, si el Papa  recompone hoy la esperanza de su viaje el año próximo, eso implica que El Vaticano diagnostica una plausible viabilidad a los consensos –ciertamente no exentos de divergencias y discusiones-  que hoy se testimonian  en el viaje del Presidente a Nueva York escoltado por otras piezas esenciales del nuevo sistema político: gobernadores y legisladores del peronismo postkirchnerista, dirigentes sindicales y empresariales.  

 

Uno de los principios básicos de Bergoglio dice: la unidad prevalece sobre el conflicto.

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