Las metáforas del pasado,la necesidad de un futuro

Opinion
Lectura

 

 

 

Semanas después Buenos Aires tendría su primer exilio: muchos “fundadores” a poco de llegar se ocuparon de agendarse propiedades y luego se marcharon a Santa Fe, Córdoba o Asunción. El éxodo llevó a que en el acuerdo del Cabildo del 8 de mayo de 1589 el Procurador le pidiera a los vecinos que iban a salir de Buenos Aires que, al menos, dejaran representantes en sus propiedades.

 

El 11 de diciembre de 1590 el rey de España dispuso que las tierras abandonadas fueran otra vez repartidas a nuevos vecinos. Según el censo de 1615, treinta y cinco años después de la fundación, de 63 hombres quedaban siete y de treinta mujeres, únicamente tres. De los primeros 65 de los que se tiene registro, sólo 11 era americanos, ocho españoles y el resto paraguayos. Será una sorpresa para el rancio Barrio Norte haber sido fundados por sus mucamas.

 

Un comerciante holandés que usaba el seudónimo de Acarete du Biscay escribió en 1658 que había en la ciudad “unos cuatrocientos vecinos blancos y otros dos mil, muchos de ellos muy ricos en dinero”. ”Los vecinos se hacían servir en vajilla de plata por un gran número de sirvientes indígenas, negros, esclavos y mestizos”. El juego ya se hallaba muy difundido y en esas partidas corrían con profusión las onzas de oro. Fue precisamente en esos años cuando se levantó en la ciudad la primera casa de juegos, cuyo dueño era el tesorero de la Real Hacienda, capitán Simon de Valdez. El garito quedaba en la esquina de las actuales calles Alsina y Bolívar y por supuesto estaba a tope de funcionarios reales, traficantes y contrabandistas, al punto que debió ser clausurado. Al poco tiempo y luego de ser eximido de prisión, Valdez fundó su segunda “casa de truques” en un local anexo al Cabildo, protegido por la galería del edificio.

 

“Ni bien desembarca un español en Indias, por más modesta que fuera su alcurnia, su primera preocupación era tener uno o varios sirvientes que le evitaran el menor esfuerzo físico, hasta el mínimo de ir a buscar un poco de agua para tomar”, escribió Emilio Coni en “El gaucho”.

 

La historia del Cabildo es una buena metáfora de la Argentina. El Cabildo estuvo en obra doscientos años. Por disposición real del 28 de enero de 1637 se subastaron a perpetuidad los oficios de Regidores del Cabildo. El cargo era comprado en remate público y se pagaba por él un “donativo gracioso”, al igual que por los cargos de Virrey y Gobernador. El Cabildo, demorado en su construcción, funcionó años celebrando sus reuniones en casas de particulares. El 7 de agosto de 1603 el Cabildo solicitaba por escrito el abono del sueldo del portero, fijado en veinte pesos anuales. El portero, que existió antes que el edificio, era quien avisaba a los ediles del día en que se celebraban acuerdos. En 1606 se discute la necesidad de tener un edificio propio. En 1608 comenzó la construcción del Cabildo. Según las cuentas del mayordomo y depositario, Bernardo de León, en 1612 estuvieron terminadas las obras, pero el flamante “Cabildo y cárcel” resultó pequeño dos años después. La cárcel y el resto del edificio estaba abarrotado de presos y las reuniones volvieron a hacerse “temporalmente” en casa del Gobernador.

 

En 1624 las actas expresan que el Cabildo “se estaba cayendo” y que el encargado de las refacciones se negaba a su cumplimiento. En 1645 las actas aseguran que no había podido celebrarse acuerdo en la Sala Capitular “por encontrarse esta ocupada por presos”. En el acuerdo del 13 de mayo de 1682 el Cabildo expresa su necesidad de tener dos plantas, para ubicar en la más baja la cárcel de “personas privilegiadas”. Los gastos de la obra demandarían unos quince mil pesos y tres años la ejecución. El 23 de julio de 1725 comenzó la construcción. En febrero de 1728 las obras fueron suspendidas.Se reiniciaron el 1 de agosto de 1731 y en mayo del año siguiente volvieron a parar por falta de presupuesto. En la sesión del 17 de octubre de 1733 el alcalde Paz da cuenta “del miserable estado en que se hallaba el edificio debido a las goteras”.

 

En 1747 se propuso la continuidad de las obras para lo que el Cabildo pidió un préstamo de cuatro mil pesos, pagando un interés del cinco por ciento anual. La dirección de la obra fue puesta a cargo de un conocido contrabandista llamado Juan de Narbona. Para 1810 se inauguró, incompleto, a las apuradas. La última sesión se celebro el 31 de diciembre de 1821.

 

Nuestra relación con la ley fue igualmente lenta, arbitraria y tortuosa: al finalizar el siglo XX Argentina había tenido 125 leyes de amnistía, 2120 moratorias, 43 estados de emergencia económica, 17 “pagos por única vez”, 49 “pagos únicos y definitivos” y 854 excepciones a diversos impuestos.

 

La convicción de creer que somos lo que queremos ser nos atraviesa invariablemente.

 

“Casi todo joven argentino se ve a sí mismo como un gran escritor. El no lo es aún, pero su persona imaginaria lo es desde luego y lo que ve de sí mismo no es aquella su realidad, aún insuficiente, sino esta proyección en lo perfecto. Como es natural está encantado con ese sí mismo que se ha encontrado y ya no se prepara en serio por hacer efectiva esa realidad”. De ese modo describe Ortega y Gasset nuestra ausencia de vocaciones o la falta de compromiso para cumplirlas. Gombrowicz, el escritor polaco anclado en Tandil, se cansó de nuestra retórica interior .

 

¿Quieres saber como eres? No preguntes. Actúa. La acción te definirá y te determinará. Pero debes actuar como ‘yo’,como individuo, porque solo puedes estar seguro de tus propias necesidades. Yo. Mi problema. Mi solución. Y sin embargo, ningún argentino preguntará: ¿Por qué yo no soy creativo?. Su pregunta es “¿Por qué nosotros no podemos crear?” En ese “nosotros” todo se diluye. En estas preguntas nos hemos pasado los últimos doscientos años, convencidos de que los cambios verdaderos se producen rápido, decepcionándonos cuando no suceden. Tenemos melancolía de lo que nunca podrá pasar.

 

¿Somos capaces, al pensar en el futuro, de disponernos a hacer algo cuyo resultado no vamos a ver?. Estamos atragantados con la Argentina inmediata y eso nos impide trabajar por el país real. Argentina es un país en el que sólo hay derechos y jamás obligaciones, que conoce el secreto de la gallina de los huevos de oro y vive gastando más de lo que gana. Dios proveerá, el ANSES proveerá, el Fondo Monetario proveerá. Todos nos esperan para prestarnos, en la puerta del Casino. Nuestra vida no es real pero el hambre lo es. Debería avergonzarnos que un tercio de la población no tenga derecho a ser.

 

En la Argentina los maestros están contra los exámenes y los alumnos se sienten con derecho pleno de enseñar. Cada día se distingue menos entre buenos y malos y una niebla de cinismo nos impide cambiar. Esperamos a octubre, esperamos a marzo, esperamos el lunes para empezar la dieta. El problema no es tener ideas, sino llevarlas a cabo. Hay mucho, mucho, mucho que cambiar.

 

(El texto fue leído por el autor el pasado jueves,en el 53 Coloquio de IDEA, en Mar del Plata)

 

fuente clarin

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