Sergio Moro, juez brasilero del Lava Jato, llega al país y jaquea a la clase política

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Se reunirá con la  Corte Suprema local y la conmoción política no hará más que crecer.

 

Sergio Moro es una de las personalidades del año 2016. Desde su puesto de juez federal brasileño lideró el destape de uno de los casos de corrupción más grande que haya asolado a la región.

 

Moro no es un improvisado. Trabajó en el análisis de crímenes financieros y en los delitos realizados por grupos criminales organizados. Es maestro y doctor en Derecho del Estado por la Universidad Federal de Paraná (UFPR), actual profesor adjunto de Derecho Procesal Penal en dicha casa de estudios y asesor de la Comisión de Constitución y Justicia del Senado brasileño. 

 

La red de corrupción que destapó en Brasil, conocida como "Lava Jato", es regional y el efecto llega a comprometer a numerosos políticos de Latinoamérica. En EE.UU saben quiénes están implicados. En Argentina la conmoción política no hará más que crecer.

 

Este hombre estará el martes próximo en Buenos Aires; se entrevistará con los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, invitado por la magistrada Elena Highton de Nolasco, y visitará la sede de la Universidad Católica Argentina. Es el juez que, hasta el momento, se ha mostrado implacable en el combate contra la corrupción y lo ha hecho sin importar los poderosos nombres implicados en la red de corrupción que tomó por asalto a una de las mayores empresas mundiales: Petrobras.

 

Para comprender por qué este juez de 44 años llevó a declarar por la fuerza a "Lula" y prácticamente terminó con la carrera política de Dilma Rousseff, hay que brindar las claves del caso conocido como "Lava Jato", cuyos efectos están llegando a la Argentina y están provocando preocupación y enojos entre los hombres que integran la clase política de nuestro país.

 

La operación, que según la fonética de su correcta pronunciación es "Lava Yato", tomó estado público en julio de 2013, cuando la Policía Federal de Curitiba (Estado de Paraná) descubrió una operación de lavado de activos de mediano tamaño. El caso llevó hasta el cambista Alberto Youseff, experto en blanqueo de dinero. Su testimonio, junto al de Paulo Roberto Costa, ex director de Abastecimiento de Petrobras, fue la chispa que hizo estallar este escándalo de dimensiones mundiales.

 

En los Estados Unidos tomaron nota inmediatamente de la corrupción de Petrobras y, en la justicia brasileña, se avanzó sin dudar sobre los gobiernos de corte populista que toleraron la trama corrupta.

 

¿Cómo lo hicieron? En base a testimonios de arrepentidos y de investigación propia, se supo que Petrobras licitaba sus obras a grandes empresas de ingeniería y construcción de Brasil. Una de ellas es Odebrecht, con lazos en nuestro país.

 

"Lula" fue el impulsor principal, asesorado por su entonces ministra de Energía de Brasil, Dilma Rousseff, a la postre, electa presidenta de ese país. La excusa eran buenos propósitos: estimular la creación de empleos en Brasil.

 

Pero la investigación judicial enseñó que para favorecer la contratación de ciertas empresas, la petrolera brasileña pedía sobornos que rondaban el 3% del presupuesto, que se repartían entre políticos y empresarios. El dinero era reintroducido al sistema a través de negocios de hoteles, lavanderías y estaciones de gasolina para ser blanqueado. Luego, era transferido al extranjero, a través de empresas inexistentes y en cuentas bancarias en China y Hong Kong.

 

Según las autoridades judiciales brasileñas, este conjunto de constructoras corrompió a funcionarios de distintos países para obtener importantes concesiones en toda América Latina. El dinero que se pagaba en coimas era cargado al costo final de las obras. Esta claro que el costo final lo pagaba el Estado, a través de los impuestos.

 

Se estima que entre 2004 y 2012, cerca de 8,000 millones de dólares fueron licuados por esta red criminal que operó en toda América Latina.

 

¿Por qué Odebrecht parece poner en apuros a la política argentina? Para empezar, la empresa constructora está a punto de cargarse a varios políticos de Perú. Según la Corte de Justicia de Estados Unidos, funcionarios de la firma admitieron que, durante 2005 y 2014, pagaron a funcionarios peruanos 29 millones de dólares para obtener licitaciones.

 

La Embajada estadounidense en nuestro país conoce los alcances que pueden tener en la Argentina las revelaciones que ha realizado el empresario Marcelo Odebrecht. Multimillonario, poderoso, número uno de la principal constructora latinoamericana, hoy preso y "cantando" todas las coimas que los suyos pagaron. 

 

El caso de Odebrecht se destapó en 2015  y está relacionado con la trama de corrupción de Petrobras que investiga Moro. De hecho es una ramificación dentro de la "Operación Lava Jato". El ahora ex presidente de la mayor constructora de América Latina, fundada por su abuelo, junto a cerca de 80 ex ejecutivos de la empresa, colaboran con la Justicia.

 

Esta es, sucintamente, la historia. Precisamente, la parte del "Lava Jato" que más dolores de cabeza trae a los políticos argentinos. Está claro que no pueden controlar las revelaciones que ha realizado Marcelo Odebrecht y, seguramente, no podrán controlar los efectos depuradores de tales declaraciones.

 

Los testimonios de los arrepentidos tuvieron un primer efecto en la política vernácula. El diario La Nación publicó que el cambista Leonardo Meirelles, vinculado a Odebrecht, le giró 600.000 dólares a una cuenta del Credit Suisse, previo paso por Hong Kong, al titular de la Agencia de Inteligencia, Gustavo Arribas. El jefe de los espías realizó un descargo que, en ciertos lugares de decisión, dejó gusto a poco.

 

La constructora brasileña es una de las adjudicatarias de la mega obra del soterramiento de la línea ferroviaria Sarmiento. Aquí sufren por igual los hombres del kirchnerismo y algunos amigos del presidente, Mauricio Macri. En el sector privado se tomó nota de la transferencia que realizó Ángelo Calcaterra, primo del mandatario y ex dueño de Iecsa, la empresa que fuera de Franco Macri y que trabajó con Odebrecht en la citada obra. Marcelo Mindlin acaba de alzarse con la firma

 

Pero la preocupación principal la tendrán los ex funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Tal como revelara la periodista del diario Perfil, Emilia Delfino, ejecutivos de la constructora brasileña Odebrecht confesaron que la compañía habría pagado sobornos por 35 millones de dólares a funcionarios argentinos entre 2007 y 2014. Los testimonios fueron realizados en sede judicial estadounidense y lo saben los funcionarios de la administración Trump del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

 

Las revelaciones que lleguen desde los Estados Unidos serán en cuentagotas. Temen que sean utilizadas de mala manera para favorecer a uno u otro partido en las próximas elecciones legislativas. En ese marco es más sencillo pensar qué figuras no están involucradas, que las que lo han estado durante 2007 y 2014.  Sólo ha trascendido que la diputada Elisa Carrió es una de las intachables.

 

Para finalizar, la próxima semana, todos observarán los movimientos y las palabras de Moro. Podría reunirse con Laura Alonso, de la Oficina Anticorrupción, para buscar trabajar en conjunto. Pero lo cierto es que la visita a la Corte de Ricardo Lorenzetti y compañía será el punto central de la visita del juez brasilero a Buenos Aires.

 

Hay que resaltar, además, la valentía del magistrado de Curitiba de avanzar con investigaciones delicadas, en el marco del terrible accidente aéreo que sufrió el jueves 19 de enero de 2017. Uno de los jueces que lideraba el caso, Teori Zavascki, murió en ese accidente en Río de Janeiro, un golpe duro contra quienes buscan la verdad, pero no uno definitivo.

 

fuente minutodecierre

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