Todos fuimos masones alguna vez

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Anduvo por Córdoba el gran maestre masón argentino, Nicolás Breglia. Cómo es su mirada particular de la historia y su explicación de por qué seguiría siendo cool ponerse una túnica y entrar a formar parte de la masonería.Por Sergio carreras

 

 

El porteño Nicolás Orlando Breglia se acomoda a sus anchas frente a una de las mesas de un hotel cuatro estrellas del centro de la ciudad de Córdoba. Extiende su amplia sonrisa bonachona debajo del bigote gris, achina los ojos y luego comienza a hablar. Y habla. Y habla. Y continuará así por largos minutos hasta que, en la primera pausa que hace para besar el pocillo de café, se puede hacerle una primera pregunta.

 

Este abogado vestido rigurosamente de abogado, que siempre se dedicó a la especialidad laboral y a representar sindicatos, es también la máxima autoridad argentina en el mundo de la masonería. Su cargo oficial tiene un título más elaborado, que hoy tiene un inevitable dejo barroco: Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.

 

El gran instalador

 

¿Y qué hace en Córdoba un señor con un título tan largo? Breglia llegó a instalar las 27 logias que trabajan en esta región del país, con cabecera en Córdoba. "Instalar" significa ponerlas a funcionar con las nuevas autoridades que acaban de elegir. Solamente en la ciudad de Córdoba -nos contará un colaborador de Breglia- hay 15 logias instaladas, de unos 20 integrantes cada una. En el interior provincial también funcionan grupos en Jesús maría, Villa María y Villa General Belgrano, aunque la sede histórica y principal sigue estando en un viejo local capitalino al 80 de calle Igualdad, que por estos días está habitado no por masones sino por una cuadrilla de albañiles que lo mantienen en refacción.

Un repaso por anteriores entrevistas que viene brindando Breglia en los diferentes lugares del país por donde ya pasó de gira llama la atención por el enorme listado de hechos y personajes históricos, que Argentina considera logros históricos y próceres, a los cuales él suma en el equipo de los masones. Toda gente que ya no se puede defender, porque está muerta, aunque es cierto que numerosos historiadores coinciden en mencionar como masones a una extensa lista de próceres, de esos que nos miran desde los billetes, dan nombre a las avenidas más largas y a las plazas más arboladas de la ancha patria argenta.

 

Ahora, uno piensa, acá, sentado en una mesa de un hotel de esta moderada capital de provincia en el año 2017 que, claro, si uno estaba preparando una revuelta militar contra un poder colonial, hace más de 200 años, cuando no había Netflix ni celulares, el secreto y el grupito de tipos encapotados que miraban hacia los costados antes de entrar a una jabonería era casi una imposición.

 

Pero, hoy, ¿Quién quiere ser masón hoy, en la época de la exhibición de las subculturas que sacraliza las diferencias? ¿Hoy, que vivimos sabiendo que nuestros secretos más-más secretos ya no son secretos para quien quiera hurgar en nuestros correos digitales y redes?

 

Los muchachos vanguardistas

 

En los primeros 12 minutos, Breglia despliega casi sin respirar su amplio conocimiento histórico y sus explicaciones sobre el funcionamiento de la masonería. Repite que los masones son "hombres libres y de buenas costumbres", y uno se imagina tipos que se lavan siempre las manos antes de salir del baño y detienen su auto en todos los carteles con señales de "Pare". Dice que la tarea actual de las logias es formar dirigentes que salgan a democratizar más la sociedad. Que desde que la masonería emergió "de la oscuridad de la historia" viene insistiendo con un listado de objetivos que fueron siempre de vanguardia. Desde su perspectiva, la masonería es la primera asociación civil de nivel mundial que prepara a los hombres (atención al género, muchachas que empezaron a leer esta nota y ya quieren ser masonas) para liderar los movimientos revolucionarios que lucharon por secularizar la sociedad y llevarla a un estadio más igualitario, de libertad con movilidad social y dignificación de los seres humanos.

 

El mundo sin masones, uno piensa a partir del entusiasmo con el que habla Breglia, sería absolutista, monárquico, dogmático e iletrado. No todos tendrían Netflix, claramente.

 

En ese momento, el gran maestre toma su primer y único trago de café de toda la conversación: es ahora o nunca.

 

–¿Y cuáles ideas de vanguardia defiende hoy un masón en Argentina?

 

-Hablamos de ideas de vanguardia que todavía no se han terminado de conseguir. No se ha logrado el ingreso igualitario a la educación, a la salud, la integración social. Todavía hay pobreza, aunque parezca que estamos en una panacea si consideramos los índices del siglo XVIII. Estamos en tarea de construir una república, en lo que hemos tenido muchos retrocesos, tenemos un proyecto de unidad nacional para terminar con historias y políticos maniqueístas, con buenos y malos. En la masonería convivimos con el que piensa distinto, cuando salimos del sectarismo nos elevamos y vemos que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Hay que buscar un proyecto nacional común.

 

–¿No es ese el discurso que hoy levanta cualquier partido político? ¿Qué necesidad hay de la masonería para defender ese programa?

 

-Hay todo un ámbito todavía ausente de la política argentina, que es el de la unión nacional. Reconocer al que piensa diferente, que no es un traidor a la patria sino que tiene una visión distinta y que también tiene su verdad. Proponemos un discurso fraterno, ponernos de acuerdo, hoy nuestra sociedad está carente de valores.

 

–Ahora parece el discurso de una iglesia...

 

–Ja. Puede ser, yo soy católico, claro, pero eso siempre lo ha mantenido la masonería. Ha habido lazos históricos muy importantes donde los masones ayudamos a la unión nacional. Uno fue el abrazo entre Mitre y Urquiza, que determinó la incorporación de la provincia de Buenos Aires a la Confederación, otro fue el abrazo Perón-Balbín, cuando trataron de buscar la unión nacional antes de que termináramos en una lucha fraticida.

 

–¿Perón y Balbín también eran masones?

 

–Balbín, no. Perón, hay evidencias de que fue regularizado en España. En esa segunda etapa es cuando Perón incorpora el damero, un símbolo masónico, con casillas negras y blancas que representan a los que piensan diferente pero ninguno trata de convencer al otro, porque así tienen fuerza, y están unidos y son uno.

 

–¿Perón seguía siendo masón cuando apoyaba a las guerrillas y a López Rega?

 

-Perón vino buscando la pacificación nacional. Por eso su abrazo con Balbín fue histórico, porque ninguno claudicó de su pasado.

 

-Digo que es más simpático reivindicar al Perón que daba abrazos que al otro.

 

-Por supuesto, claro. Reivindicamos al que buscó la unión nacional.

 

–También reivindica como masones a San Martín, a los miembros de la Primera Junta, a Sarmiento...

 

–Sarmiento fue un hombre con una visión de futuro muy grande. Es el que trae el proyecto educativo laico y gratuito y provoca una revolución en el mundo. Eso fue monitoreado por la masonería. Él era como gran maestre, y lo implementa otra logia, en la que estaban Fidel López, Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen, Aristóbulo del Valle, que convocan a los mejores pedagogos del país. Luego Alem lo sucede como gran maestre. Es un proceso que continúa hasta la Reforma Universitaria del 18, con Deodoro Roca y su Manifiesto Liminar.

 

–...que es un manifiesto masón, me va a decir.

 

–Por supuesto, porque Deodoro Roca era miembro de la logia Córdoba Libre y luego con miembros de la logia Piedad y Unión, también de Córdoba, y las logias Cruz del Sur y Voltaire, provocan una verdadera revolución con el gobierno tripartito y la democratización de la universidad, permitiendo el ingreso de toda persona sin importar su condición social a una educación de nivel superior.

 

–¿Y por qué el Manifiesto es masón?

 

–Totalmente masón. Tiene todos los principios nuestros: igualdad, libertad, fraternidad.

 

–Todos los manifiestos de la época reivindicaban esa triada.

 

–No, no, porque acá en Córdoba estaba la universidad más dogmática del país. Provocamos una revolución, creamos una universidad de libre pensamiento.

 

–Leopoldo Lugones acabó siendo un opositor a la Reforma. ¿No era masón?

 

–Lo fue. Pasa que él empieza siendo socialista y termina siendo fascista, que es cuando nosotros lo expulsamos. Argentina fue el único país del mundo donde el hijo del obrero pudo ser presidente de la nación, nos permitimos crecer y diferenciarnos gracias a la educación pública que nos dio cinco premios Nobel. Desde la mitad del siglo 20 nuestros presidentes han sido hijos o nietos de los europeos expulsados por la pobreza de su continente.

 

Y tu mamá también

 

–¿No es exagerar el papel de la masonería? Todos fuimos masones, al final.

 

–Lo hemos tenido al protagonismo.

 

–Pero parece simple hacer una lectura retrospectiva y elegir a quiénes van a reivindicar como propios. No a los dictadores sino a los buenos. En 50 años, a lo mejor, dirán que Macri o los Kirchner fueron masones, según cómo los trate la historia.

 

–Es que en tiempo presente no podemos decir quiénes son masones. 

 

–Es un argumento incontrastable. Así, en 50 años podrán decir que hasta el papa Francisco era masón.

 

–Ja, ja. Y... ha sido un gran avance de la Iglesia con este papa argentino. Es jesuita, ellos levantan nuestra bandera, no podemos estar en contra.

 

–¿Quién persigue hoy a un masón?

 

–Ojo, hay una zona de persecución. Atacamos los privilegios, buscamos igualdad de derechos, vamos contra las corporaciones médicas...

 

–Uno pensaría que es en esas corporaciones donde hay masones.

 

–Tenemos que preservarnos, protegernos a nosotros, a nuestras familias y nietos. Una cosa es Córdoba, otra cosa son algunas provincias del norte, donde nuestros miembros son perseguidos. Hay jueces que pierden ascensos o funcionarios que son echados de un gabinete cuando se sabe que son masones. Hay prejuicios.

 

Cerca de los jóvenes

 

A lo largo de la charla, el fotógrafo que nos acompaña se mantuvo silencioso. Seguro está preocupado porque el lobby del hotel es un lugar oscuro y feo para las fotos: tendremos que salir a la calle y hacer modelar al entrevistado.

 

–Mire, nos acompaña este fotógrafo de... ¿cuántos años tenés, Jairo?

 

–24

 

–Bueno, aquí tiene a un típico joven argentino de 24 años. ¿Qué le dice el gran maestre de la logia para seducirlo y convencerlo de hacerse masón?

 

–Lo invito a vivir una gran aventura. Primero, a convivir con el que piensa diferente e ir incorporando conocimientos, tanto intelectuales como éticos, y a tratar de ser un hombre libre y de buenas costumbres.

 

–¿Para eso no están hoy las universidades, las parroquias, la televisión?

 

–Sí, pero a veces se han anquilosado porque hay conceptos dogmáticos. La masonería sigue siendo un movimiento de vanguardia.

 

–¿Cómo puede ser de vanguardia un movimiento que impide el ingreso de mujeres?

 

–Tenemos mujeres. Lo que pasa es que cuando nosotros nos conformamos en la masonería moderna del siglo XVIII, la mujer no tenía ningún tipo de participación en la sociedad, en esa época se decía que no tenía alma, que era un animal reproductor. Ahora se logró la igualdad, aunque tenemos determinadas normas a nivel internacional que hay que cumplir, y algunas masonerías son paquidérmicas y tradicionales. Nosotros creemos en la participación de la mujer, lo que hemos hecho es patrocinar la creación de las grandes logias femeninas, las ayudamos, les prestamos nuestros templos, podemos trabajar en conjunto. Sarmiento propuso su participación, hasta en eso era un hombre de avanzada.

 

–Pero ya pasaron como 130 años desde la muerte de Sarmiento. Y ellas siguen haciendo la ensalada mientras los hombres cuidan el asado...

 

–Son normas que hay que cumplir.

 

–No me imagino a una mujer joven entusiasmada por participar de una institución a la que la van a mandar a juntarse con otras mujeres.

 

–No, lo que pasa es que... (ríe) ellas no quieren trabajar con nosotros. Dicen que somos más chantas, ja. Les digo que nosotros nos sentimos discriminados, porque son ellas las que saben más.

 

fuente lavoz

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