Juicio a la novia del rugbier: se fue un juez por tener "vinculación personal" con el abogado defensor

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Dentro de un mes, se definirá el futuro de Julieta Silva (30). La Justicia de San Rafael deberá resolver si la joven tuvo la intención de atropellar y causar la muerte

de su novio Genaro Fortunato (25) o si fue un accidente, ocurrido el 9 de septiembre del año pasado. La pareja estuvo en un boliche. Discutieron por celos y decidieron salir. Ella subió a su Fiat Idea y el rugbier se colgó de la ventanilla del auto para que no se fuera, pero ella aceleró. Genaro, jugador de rugby del club Belgrano, cayó en el asfalto, estaba alcoholizado. Su novia hizo un giro en U y volvió por el mismo camino, a una velocidad de 27 kilómetros por hora y con una tenue lluvia. Le pasó por encima y aplastó su cabeza.

El juicio oral comenzará el próximo 14 de agosto en los tribunales del sur de Mendoza. Los jueces que deberán resolver si se trató de un homicidio sin intención o un crimen con "dolo eventual" -donde ella sabía que podía pisarlo y causarle la muerte con su accionar- son Rodolfo Luque, Julio Bittar y María Eugenia Laigle. Esta última fue incorporada tras el apartamiento de Ariel Hernández, a pedido de la familia Fortunato.

A mediados de agosto, un tribunal comenzará a decidir sobre el futuro de Julieta Silva (30).

¿Qué pasó?

La semana pasada, el abogado de la familia Fortunato, a instancia de los padres del rugbier, pidió el apartamiento de la causa del juez Ariel Hernández, por una “vinculación personal” con el abogado de Silva, Alejandro Cazabán, quien fue el secretario general de la gobernación mendocino durante el gobierno del kirchnerista Celso Jaque. La misma época en la que Hernández llegó a la magistratura y en el mismo gobierno donde ocupó cargos en la subsecretaría de Trabajo, según la impugnación.

Hernández rechazó las acusaciones pero, de todos modos, decidió apartarse de la causa. En su lugar fue designada la jueza Laigle. Estos cambios no han afectado el cronograma del juicio, que está previsto entre el 14 y 31 de agosto.

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En cuanto a las posibles acusaciones, para la defensa de la familia Fortunato hay una posibilidad más: que durante el debate quede demostrada la relación de pareja que mantenían para pedir la ampliación de la imputación a “dolo directo” con intención de hacer daño. “No atropelló a cualquier persona, sino a su novio con el que acababa de tener una discusión por celos, contado por distintos testigos”, sostiene la querella. El agravante por el “vinculo de pareja” terminó condenando a prisión perpetua a Nahir Galarza por el asesinato a tiros de su novio Fernando Pastorizzo, en Gualeguaychú.

En el caso Silva, en la imputación durante la elevación a juicio no se ha incorporado este vínculo de pareja. Julieta llevaba pocos meses separada del marido, con quien tiene dos hijos, de 6 y 11 años, y había iniciado una relación con el rugbier.

Genaro Fortunato tenía 25 años.

El vínculo de pareja existió. Queda demostrado en los cerca de 10 mil mensajes de WhatsApp que intercambiaron Silva y Fortunato en los cuatro meses de relación. En el proyecto de vida en común, que incluía casamiento, futuros hijos y una casa donde vivir”, sostuvo en la última audiencia Tíndaro Fernández, el abogado de la familia Fortunato, que pidió que estos chats sean incorporados como prueba. La defensa de Silva pidió descartar los mensajes de WhatsApp, pero los jueces avalaron esa prueba y los chats serán utilizados durante el juicio.

 

El fiscal Norberto Jamsech adelantó que junto a la defensa y la querella, han acordado la “reconstrucción del hecho en horario nocturno”. Participarán los testigos, peritos y uno de los jueces deberá conducir con unas gafas que simulen el grado de dificultad visual que tiene la acusada. Silva debía usar lentes para conducir, pero esa noche no los llevaba. “Queremos recrear iguales condiciones de la madrugada del 9 de septiembre de 2017 para tratar de llegar a la verdad”, dijo Jamsech. Y afirmó: “Nos sabemos aún si Silva tuvo intención de matar a Fortunato”.

La novia del rugbier puede ser condenada por homicidio culposo, si es que la Justicia interpreta que lo pisó por imprudencia y negligencia, como ocurre en la mayoría de los accidentes de tránsito. O si se trató de un homicidio simple con dolo eventual, es decir que sabía que podía causar daño y, de todos modos, continuó con su actitud asesina. En ese último caso, si la Justicia concluye que sabía que podía matarlo al atropellarlo con su auto, Silva arriesga una pena de 8 a 25 años de cárcel.

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Para sumar el agravante de pareja, como pide la familia de la víctima, el fiscal tiene que demostrar que había una relación consolidada de pareja. Julieta y Genaro llevaban más de tres meses juntos, según los testimonios de familiares y amigos. Ella estaba en etapa de separación de su ex marido. Él acababa de enterarse que su ex novia, con la que mantuvo una relación de cinco años, esperaba una hija suya.

Durante el juicio, el fiscal quiere determinar “dónde estaba el cuidacoches en relación al auto de Silva (un Fiat Idea). Y cuál era la ubicación del resto de los testigos, como dos amigos –uno contador y el otro odontólogo-, que salían con su auto del estacionamiento del boliche La Mona cuando Genaro murió y el cuidacoches le hacía señas a Julieta de que lo iba a pisar.

Agostina Quiroga, la ex novia de Fortunato. (Delfo Rodríguez)

El juicio demandará tres semanas. Serán más de 40 testigos y alrededor de 10 peritos. Silva lleva un año y medio detenida en prisión domiciliaria.

 

La acusada declaró que no había visto en el piso a Fortunato porque en ese momento no tenía puestos sus lentes (las pericias oftalmológicas confirmaron su cuadro de astigmatismo) y porque los vidrios del auto estaban empañados por la lluvia. Pero la primera llamada que hizo después de pisarlo fue a su amiga Silvia Ballarini, a quien le habría confesado que “mató a Genaro”. Y recién, después, pidió auxilio al 911, en una grabación que se hizo pública, y entre sollozos dice que no lo vio y que no sabe qué pasó.

El auto con el que Silva atropelló a Fortunato. (Delfo Rodríguez)

En su declaración testimonial Silva relata cómo fueron esos últimos minutos: “En el transcurso hasta que llegamos al auto, Genaro quería volver para pelearse (con otro hombre dentro del boliche). Yo no quería que se volviera y le dije que me abriera el auto, porque él tenía las llaves. Él abrió, yo me subí del lado del acompañante, en tanto que Genaro se subió del lado del conductor. Él me dijo "esperame acá, que me voy a bajar" y se bajó, cerrando la puerta. Yo me crucé del lado del conductor porque me quería ir".

"Hice marcha atrás, acomodé el auto, para salir por calle El Chañaral hacia Las Vírgenes. Yo lo vi a él (Genaro) que me golpeó la ventanilla del lado del conductor, pero seguí la marcha, nunca bajé la ventanilla, ya había enderezado el auto para irme, con dirección a Las Vírgenes. Yo lo vi que me golpeaba la ventanilla, aceleré y no lo vi más", declaró. Es cuando volvió en U y, a pesar de las señas del cuidacoches, sigue su marcha y lo pisa.

Mendoza. Corresponsalía.

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