"No voy a rezarlo como si hubiese muerto", le dijo enojada al cura del pueblo cuando quiso orar por los difuntos, pocos días después de finalizada la guerra.

Dos años más tarde, tres líneas en un telegrama le confirmaron la noticia que se había negado a escuchar: su hijo Horacio José Echave, soldado del Regimiento 6 de Mercedes, había muerto en la batalla final. Tenía 19 años.

La historia dice que ya pasaron 35 años desde la guerra de Malvinas. El corazón de esta madre desmiente el calendario: el dolor sigue intacto.

"El tiempo no pasa cuando las heridas no cierran. Para mí es como si hubiese sido ayer. Yo siento la presencia de mi hijo cada día de mi vida", dice Nélida Esther Montoya y llora con un llanto nuevo, presente, desgarrado.

A Horacio le gustaba el rock and roll. Y bailaba como los dioses. En las fiestas familiares se lucía sacando a bailar a todas sus primas
A Horacio le gustaba el rock and roll. Y bailaba como los dioses. En las fiestas familiares se lucía sacando a bailar a todas sus primas

¿Duele menos la ausencia cuando lo recuerda?, quiero preguntar y no me animo. "Yo lo sigo llorando", dice. "El 22 de junio va a cumplir 55 años, y ese día voy y le doy un beso a la foto y siento que lo abrazo. Me hace bien pensar que sigue cumpliendo años. He soñado con él también. En la cómoda de mi pieza tengo una foto suya, y yo le hablo. Le cuento cómo estamos, le pido que me ayude. 'Mirá cómo ando; estuve mal. Horacio, dame fuerzas' … Estaba quedándome ciega y recuperé la vista. Es como que él intercede por nosotros allá arriba".

Horacio, el de la sonrisa eterna

Sonreía. Siempre sonreía. Tenía el pelo largo y le gustaba el rock and roll. Había pegado los posters de sus ídolos en el garaje de su casa en Lobos, provincia de Buenos Aires, para que su mamá no lo retara por arruinar las paredes del cuarto que compartía con una de sus cinco hermanas. Horacio era pura alegría y bailaba como los dioses. En la fiesta de 15 de Marcela se había lucido sacando a bailar a todas las primas, solo unos meses antes de la guerra. Soñaba con trabajar en ferrocarriles, igual que su papá Horacio, pero no en la carpintería: él quería ser maquinista de tren.

Los recuerdos brotan en las voces de sus hermanas, unas veces con risas, otras con lágrimas. Liliana, Marcela, Adriana, Analía y Vanesa recuerdan cómo las buscaba a la salida del colegio y jugaban a los policías y ladrones. También está Juan Pablo, pero él no habla: nunca llegó a conocer a su hermano. "Cuando Horacio fue a la guerra yo estaba embarazada. Pero como ya era grande, me dio vergüenza decirlo y me callé. Horacio nunca supo que iba a tener un hermano, se lo iba a contar cuando regresara… Pero ya no pude. Juan nació el mismo año en que murió el mayor", recuerda Nélida y busca la última foto de su hijo, con dieciocho recién cumplidos, el pelo peinado a la gomina y de traje nuevo. Horacio se fue a las islas sin haber conocido el amor.

Nélida e Horacio Echave en su casa de Lobos
Nélida e Horacio Echave en su casa de Lobos

La última vez que Horacio comió en su casa fue el 29 de marzo de 1982. En la mesa familiar contó entusiasmado: "¡Mamá, nos agarramos las Malvinas y nos vamos para allá!". Nélida recuerda con una precisión que conmueve aquella última noche: "Yo estaba cocinando y le contesté:' ¡Ay, Horacio… A vos te hacen creer cualquier cosa!'. A los tres días se vio por televisión que habían tomado las islas. Y te juro que yo no le creí".

–¿Quería ir a luchar por la Patria?
–Era jovencito, tenía 19 años… En las cartas que escribió desde las islas nos decía: "Seguro que papá andará por el pueblo diciendo que su hijo está luchando por la Patria". Sentía orgullo de que su padre pudiera pensar eso. Creo que buscaba tranquilizarnos. En todas las cartas nos daba ánimo, nos decía cosas lindas… Horacio era enemigo de las guerras y de las armas.

–¿Qué pasa en el corazón de una madre cuando sabe que su hijo está luchando en una guerra?
–¡Ay, es terrible el miedo, la desesperación, el dolor! No sabés si va a volver… Yo suplicaba: "No importa que venga sin una pierna, Dios mío, me basta con que venga vivo". Pero Dios no me escuchó.

"Su hijo quedó en las islas"

En la tarde del 22 de junio de 1982 -el destino quiso que fuera el mismo día del cumpleaños de Horacio-, los soldados regresaron de Malvinas. Los llevaron en camiones del Ejército directo al Regimiento.

"Fuimos a la ruta a esperarlo, pero nos dijeron que ya habían llegado. Corrimos hasta el cuartel, y nos quedamos en la puerta con otros padres, gritando el nombre de nuestros hijos, preguntando por él. Pero nadie nos dijo nada…", cuenta Nélida.

Horacio murió en la batalla final en Puerto Argentino, el 14 de junio de 1982
Horacio murió en la batalla final en Puerto Argentino, el 14 de junio de 1982

Cuatro días más tarde, dos oficiales del Ejército llegaron hasta la puerta de su casa para comunicarle que Horacio había quedado en las islas. "Fue el 26 de junio, pasadas las seis de la tarde. Estábamos por comer y yo había puesto una carne al horno cuando tocaron el timbre. Los dos hombres uniformados me dijeron: 'Su hijo está desaparecido'. Les contesté desesperada: '¡¿Cómo desaparecido?! ¡Ustedes no pueden no saber dónde está!'. Uno me respondió: 'Señora, se dice desaparecido porque él no llegó al continente'. Me tuve que sentar, creí que me desmayaba: 'Entonces quedó muerto en las islas', dije. Me contestaron: 'No, señora. No podemos decir eso, porque era un desbande tan grande que cuando llegamos a Buenos Aires nos encontrábamos y nos decíamos: 'Pero si vos estabas muerto…'. Nadie sabe nada'. Yo grité: '¡No, no, no!'. Pero se fueron. En casa nadie comió esa noche".

Las cartas desde Malvinas: “Seguro que papá andará por el pueblo diciendo que su hijo está luchando por la Patria”
Las cartas desde Malvinas: “Seguro que papá andará por el pueblo diciendo que su hijo está luchando por la Patria”

A fines de 1984, sin que lo esperaran, llegó el telegrama con el certificado de defunción. Durante todo ese tiempo Nélida había imaginado que su hijo podía estar vivo. "Mantuve la esperanza. '¿Y si llega?', decía. No quería creer. Pensaba que quizás estaba loco en alguna provincia. Un soldado vino a contarnos que lo había visto desorientado. Tiempo después un militar me dijo: 'Sáquese eso de la cabeza porque lo agarró una esquirla y lo mató'. Ya no lo esperé más".

–¿Sabe cómo murió Horacio?
–Solo sé que fue el último día de la guerra, cuando venían replegándose hacia Puerto Argentino. Hay como veinte versiones distintas. El coronel Esteban Lamadrid dice que le pegó una esquirla y no sufrió nada. Otros dicen que venían corriendo, que se le cayó el casco, y como tenía plata guardada ahí, volvió a buscarlo… entonces le alcanzó una esquirla en la cabeza y lo mató. En 2013, durante un acto, un oficial me aseguró: "Si Echave no se hubiese separado del grupo hoy estaría vivo acá con nosotros". Yo sentí que se me partía el corazón… Pero aún hoy no sé cuál es la verdad.

Soldado sólo conocido por Dios

Nélida Echave viajó tres veces a Malvinas para visitar la tumba de su hijo. Llevó una placa, flores y una cadenita con la imagen de la Virgen. "La primera vez fue bravo. Tenía ilusión, me parecía que lo iba a encontrar allá. ¡Qué sé yo por qué nunca me resigné!", cuenta entre lágrimas. Ninguna cruz tenía el nombre de su hijo: el cuerpo de Horacio jamás fue identificado.

"Caminé entre las 123 cruces que dicen Soldado Argentino sólo conocido por Dios y besé una por una. Si no estaba en una, podía estar en otra. Pregunté parada en medio del cementerio: '¿Dónde estás, hijo mío?'. Esperaba una señal, algo. Y no hubo respuesta. ¿Sabés la tristeza que es llegar, ver todas esas cruces blancas y que él no esté ahí?".

Nélida eligió una tumba sin nombre para dejar sus ofrendas. Y en cada viajé volvió al mismo lugar. "Me arrodillo y abrazo y acaricio esa cruz. Le hablo: 'Hijo, no sé si estás acá pero no tengo dónde dejarte mis flores'".

En el cementerio de Darwin hay 123 cruces cuyas placas rezan Soldado Argentino solo conocido por Dios (NA)
En el cementerio de Darwin hay 123 cruces cuyas placas rezan Soldado Argentino solo conocido por Dios (NA)

Los Echave buscan desde hace años la identificación de su hijo, junto a 80 familias de caídos, causa humanitaria que hoy está a punto de concretarse. "Me da miedo pensar que voy a tener que enfrentarme por primera vez a la tumba de mi hijo, pero más difícil es la angustia de no saber".

-¿Qué siente cuando va a Malvinas?
-Es doloroso, pero también trae paz. Siempre es muy triste cuando te vas de Darwin: mirás para atrás y ves el cementerio que se va haciendo cada vez más pequeño hasta que queda una cosa así de chiquita que se va perdiendo. Y yo sólo puedo pensar: "Ahí se queda mi hijo".

fuente infobae