La gesta de Malvinas: Bautismo de fuego

Sociedad
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Es decir, el BAUTISMO DE FUEGO para los combatientes de las Fuerzas Armadas

y de Seguridad Argentinas que se encontraban desplegadas en Puerto Argentino y Prado

del Ganso. Aquí me incluyo. Ese día pero un poco más tarde se produce el Bautizo de

nuestra joven, temeraria y gloriosa Fuerza Aérea Argentina.

 

A las 4.40 hs, aún de noche cerrada, faltando tres horas para el amanecer, estallan las

primeras bombas en proximidades del extremo Este de la pista de la terminal aérea, entre

la colina María y la bahía Yorke en la península de Freycinet donde estaba el aeropuerto.

A escasos cincuenta metros de allí nos encontrábamos cubriendo la vigilia nocturna en el

puesto de comando del Regimiento 25 de Infantería, el Teniente Coronel Mohamed

Seineldín, el Capitán Fernando Isturiz y yo (con el grado de Capitán). Cercano a

nosotros, el puesto de comando del Comodoro Destri, Jefe de la Base Aérea Militar

Malvinas.

 

El almirante inglés Sandy Woodwar (comandante británico de las operaciones) en su

libro "Los Cien Días" dice: "Nuestros planes eran bastante simples. Daríamos un fuerte

golpe en el aeropuerto de Puerto Stanley, con un ataque de los Vulcan desde Ascensión,

y luego, al amanecer, usaríamos los Sea Harrier otra vez contra el aeropuerto, al mismo

tiempo que atacaríamos la pista de aterrizaje del Prado del Ganso" "Esperaba yo obligar a

su Fuerza Aérea a entrar en acción".

 

La operación del bombardero Avro Vulcan B 2 fue ejecutada con el nombre clave de

"Black Buck" (traducido: Chivo Negro). Para llevarla a cabo se necesitaban diez

reabastecimientos aéreos a proveer por los aviones tanque Víctor y navegar doce mil

setecientos kilómetros (8.000 millas) ida y vuelta, de la isla Ascensión a las Malvinas. El

jefe de la misión era el Teniente piloto Martin Withers, del Escuadrón 101 de la Real

Fuerza Aérea, RAF. El Bombardero traía 21 bombas de 500 kg.

 

Woodward dice: "Llegó a la zona del aeropuerto en la más absoluta oscuridad a 400

millas por hora, a tres mil metros de altura, en dirección sudeste, procedimiento

elemental de bombardeo en los libros de texto de la RAF. Las 21 bombas fueron

distribuidas cada cincuenta metros y lanzadas cada 5 segundos, dos millas antes de la

pista, para compensar el efecto de avance del avión". Regresando a la base Wideawake

de Estados Unidos en la isla Ascensión.

 

"Señores, se inició la guerra", nos dijo el Teniente Coronel Seineldín, y pasamos a las

posiciones de apresto. Las cosas que pasaban por mi cabeza no eran del todo agradables,

los hombres de armas conocemos más que nadie el flagelo de la guerra, el peor de los

jinetes del Apocalipsis, y pese al profesionalismo y a la educación e instrucción recibida,

en lo más profundo del corazón uno esperaba un acuerdo de Paz, las tres Banderas, una

mediación, etc. El recuerdo y la evocación de mi familia, mi esposa e hijas, de 5 años y

tres meses, estaban presentes. Entonces el cerebro quitó al corazón y empecé a trabajar y

pensar como un profesional, capacitado para estas situaciones extremas. La batalla acaba

de comenzar, el enemigo era real y efectivo. El regimiento gracias a Dios estaba sin

novedad, la única baja había sido un soldado de la Fuerza Aérea, Guillermo García.

Además nuestras posiciones defensivas, trincheras, pozos de zorro, observatorios,

puestos de comando, etc, fueron hechos con gran esfuerzo y profesionalismo técnico, y

controlados permanentemente por los superiores de cada fracción, incluido diariamente el

Jefe del Regimiento.

 

Al amanecer pudimos comprobar los efectos del bombardeo, había un cráter a un

costado de la pista, casi al comienzo de ella y otros doce aproximadamente a ambos

lados, las 21 bombas no habían explotado, los cráteres en la turba tenían cerca de 7

metros de profundidad y 20 de diámetro. Un verdadero Milagro la única desafortunada

baja que teníamos que lamentar. La pista continuó utilizable durante todo el conflicto,

todas las noches, hasta el 13 de junio, arribaron los aviones de transporte Hércules C 130

desde el continente y operaron los aviones de combate Pucará y Aero Macchi.

 

"El sol comenzaba a salir -dice Woodward- eran las 8.00 en la isla Soledad, el

Capitán de Corbeta Tony Ogilvie con 4 Harrier iniciaba el bombardeo de las posiciones

de defensa aérea en las colinas Mary y Canopus (posición ocupada por la fracción del

Capitán Hernán Garay, a 150 metros de mi puesto de combate); el grupo de 5

bombarderos del Capitán de Corbeta Andy Auld atacó el aeropuerto dejando caer las

temibles bombas de 300 kg sobre aviones en tierra y hangares" ... "los otros tres Harrier,

del portaaviones Hermes, atacaron la pista de aterrizaje de Prado del Ganso" ... "Los 6

GR-3 Harrier del Portaviones Invincible protegían la flota".

 

A las 8.00 hs recibíamos la alarma de alerta roja y ocupamos nuevamente las

posiciones de combate. Ahora eran los caza bombarderos FSR-1 Sea Harrier, quienes nos

atacaban. A estos los veíamos arriba de nuestras cabezas, descargar su carga mortal. Eran

las 8.20 aproximadamente. Además de las bombas convencionales MK-17 de 300 kg,

nos tiraron con bombas "belugas" BL-755 de 450 kg, que esparcen 150 granadas

fragmentarias que explotan o quedan como minas cazabobos. También vimos caer

derribado por un misil Roland a uno de ellos y a otro por las baterías de artillería de

defensa aérea. El Regimiento seguía sin novedad, la Virgen, ante el rezo del Rosario, nos

seguía protegiendo.

 

Mientras controlábamos las posiciones defensivas y contactábamos en forma

personal a los oficiales, suboficiales y soldados del Regimiento, aproximadamente a las

14.20 hs aparece una nueva amenaza que pronto se transforma en real al iniciarse un

fuego de artillería naval desde tres barcos que navegaban al sur de nuestra posición. Otra

vez éramos el blanco. Una nueva experiencia comenzaba. Casi un mes duraron los

bombardeos aéreos y navales.

 

El almirante Woodward comenta en su libro, "Mientas ocurría todo esto, habíamos

enviado el Glamorgan, el Arrow y el Alacrity a bombardear el aeropuerto de Stanley

desde el mar" ... "y al Brilliant y al Yarmouth para llevar a cabo una ofensiva

antisubmarina, por las dudas."

 

Los destructores y fragatas tenían misiones claras, sobre nuestras posiciones y la

pista, con cañoneo naval reglado desde helicópteros.

Con lo que me quedaba de alegría y con espíritu folclórico provinciano le puse

nombre a los diferentes ataques, así el Vulcan fue "el lechero" por ser el que llega más

temprano, los Harrier, "el panadero", y los barcos, "el carnicero", por la cadencia de

disparo. Y así quedaron.

El bautismo de la Fuerza Aérea Argentina se produjo, primero, en el intento de

detener el asalto aéreo enemigo y luego, para contener el ataque naval Británico. Para

cada uno de ellos se emplearon distintos tipos de aviones y configuraciones. Ambos

fueron exitosos, interrumpieron la ofensiva aérea y detuvieron el cañoneo naval,

causándole daños a los buques y haciéndolos retirar de la zona de tiro.

El Comodoro Veterano de Guerra Rubén Moro, en su excelente libro, "La Guerra

Inaudita", dice "…afrontar la grave responsabilidad que se tornaba realidad, la de

enfrentar a un enemigo totalmente superior en tecnología y medios, y para colmo en un

teatro (naval) que no era habitual para los pilotos Argentinos". "Como atacar a un

moderno buque misilístico" … "primero vinieron los Mirage M-III de Río Gallegos, a

las 6.40 hs, luego los Dagger M-V de Río Grande, a las 7.45 hs para atacar a los Harrier."

… "luego los Douglas A-4B y A-4C Skyhawk, los Canberra MK-62 armados con

bombas y cañones para atacar objetivos navales" … "escoltados por patrullas de Mirage

y Dagger"

En estos combates prevaleció el factor humano, es decir el Piloto sobre las máquinas,

el Valor a veces temerario sobre la tecnología, el honor sobre los modernos sistemas de

armas. El arrojo y la audacia son reconocidos internacionalmente por los expertos.

 

Sintetizo con algunas opiniones del enemigo. John Nott, ministro de defensa

británico: "Los pilotos Argentinos están demostrando una enorme bravura". Almirante

Woodward: "Los pilotos Argentinos fueron muy valientes. Me dieron muchos dolores de

cabeza, pero igual los admiro". General Jeremy Moore, comandante terrestre inglés: "El

cuerpo de oficiales y muchos de sus técnicos fueron sumamente capaces, particularmente

en el caso de la Fuerza Aérea Argentina".

Este, nuestro BAUTISMO DE FUEGO, constituye un legado a la historia de las

armas de la Patria, asume y ocupa un lugar importante entre nuestras gestas heróicas

junto a Suipacha, Maipú, Ituzaingó, Curupaytí y tantas otras.

El pueblo de la Nación Argentina así lo siente y lo manifiesta permanentemente,

honrando a sus Veteranos de Guerra en toda oportunidad.

 

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