El héroe resacoso

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Esta es la historia de cómo un receptor más del montón, Max McGee, pasó a la historia como una leyenda, por su performance en el Super Bowl I, y por la noche anterior a ese partido. Por Martín Wizemberg

El 15 de enero de 1967, en el estadio de Los Angeles Memorial Coliseum, los Green Bay Packers de la NFL, se enfrentaban a Kansas City Chiefs de la AFL, en un partido que daría final a la primera temporada de la fusión entre la NFL y la AFL. El evento pasaría a llamarse Super Bowl por el resto de los tiempos (hasta el día de hoy), aunque la mayoría lo llamó en ese entonces, la final del campeonato mundial de la AFL-NFL.
Para entender la magnitud de este partido, fue televisado por dos cadenas distintas. CBS lo cubría para la NFL y NBC para la AFL. Entre los dos canales, hubo más de 51 millones de televidentes.

El MVP del partido terminó yendo para el mariscal de los Packers, integrante del salón de la fama, Bart Starr. Pero Max McGee fue quién realmente brilló y deslumbró a todos ese día. McGee fue un productivo receptor para Green Bay, hasta la temporada de 1965, que dejó de tener protagonismo y pasó a ser un suplente, ya en el ocaso de su carrera profesional.

A los 35 años, McGee iba a participar del primer Super Bowl de la historia. Pero, para en ese entonces, él iba a ser simplemente un jugador sentado en el banquillo observando el gran juego, dado que esa temporada fue siempre suplente de Boyd Dowler y había atrapado solo 4 pases. Entonces, pensando que no iba a jugar ni un segundo contra Kansas City, Max decidió romper las reglas establecidas por el mítico entrenador de Green Bay, Vince Lombardi, y pasó la noche anterior al partido con dos azafatas que había conocido en el bar del hotel en el que se hospedaba el equipo. Volvió al hotel a las 6:30 de la mañana, pasó por el pasillo donde se encontró a Bart Starr, quien recién se levantaba, y entró a su habitación para dormir una pequeña siesta antes de levantarse a desayunar con el equipo.

Ya en el estadio, sintiéndose bastante mal, con sueño y dolor de cabeza, se sentó en su lugar del banco, esperando no moverse de allí en todo el partido. Incluso le dijo al receptor titular, Dowler, “Espero que no te lastimes, no estoy en condiciones de remplazarte”. Poco tiempo después, en la tercera jugada ofensiva del equipo de Wisconsin, Dowler se dislocó el hombro en una jugada de acarreo donde él estaba bloqueando y tuvo que salir del partido. En su remplazo, entró McGee. Estaba tan perdido que tuvo que pedir prestado un casco a uno de sus compañeros de la línea ofensiva, porque el suyo se lo había olvidado en el vestuario. Fue sorprendido por Lombardi, que le gritó a la distancia, “¡McGee! ¡McGee! Mete tu trasero al partido”.

En su primera serie ofensiva, luego de dejar caer un pase, llegó su primera recepción. En un envío un tanto atrasado, McGee logró una recepción impresionante a una mano, superó a su esquinero y se fue hasta la zona de anotación para el primer touchdown en la historia del Super Bowl. El wide receiver de los Packers terminaría con 7 recepciones para 138 yardas y 2 anotaciones. Una performance totalmente excepcional.


Green Bay se llevaría el trofeo a casa, con una victoria 35 a 10 contra Kansas City. El MVP del partido fue para el mariscal Bart Starr, pero la verdadera estrella fue Max McGee, que en una época de poco juego aéreo logró una de las mejores actuaciones de un receptor en un Super Bowl y lo hizo con tan sólo una hora de sueño y en un estado de resaca importante.

 

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