Mar del Plata siempre nos sorprende con sus salmones

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Mar del Plata es la ciudad ideal para practicar pesca de altura, especialmente para ir en busca de la especie que los aficionados prefieren: el pez limón. Hacia allá fuimos, recorriendo

los 415 km que, desde la Capital Federal, nos separan del puerto marplatense. La idea era salir a las 6 de la mañana del Club Motonáutico en la embarcación de Aquafish, comandada por Mariano De la Rúa. Mientras saboreábamos el desayuno a bordo del Sin Apuro, el capitán cumplía con los requisitos de Prefectura para concretar la navegación, y su gente nos comentaba que desde mediados de noviembre habían entrado limones con la corriente cálida de Brasil. Ese era nuestra objetivo del día, aunque nadie pudo prever que las mayores alegrías serían salmones, meros y hasta garopas.

Técnicas empleadas

Comenzamos con trolling, que consiste en tirar la línea al mar y usar la caña para acomodarla hasta que ofrezca resistencia. Después se suelta multifilamento hasta llegar a la distancia buscada y, entonces, se traba el reel a la espera del pique. Las líneas eran de tres brazoladas de nailon 0,80 mm, separadas un metro entre sí. Cada una llevaba como señuelo un calamar de látex en la punta. La madre, en su extremo final, fue rematada con otro señuelo para que alcanzara profundidad.

Para el jigging, en cambio, empleamos engaños de plomo de diferentes pesos (entre 200 y 300 g), tamaños y colores, con uno o dos anzuelos, y reeles frontales. La técnica consiste en dejar caer el multifilamento hasta que toque fondo y después subir la línea con movimientos zigzagueantes para llegar a la superficie. Como es una pesca vertical, siempre debe hacerse cuando el ecosonda muestra que los peces se encuentran debajo del barco, o cuando el guía, a simple vista, descubre el cardumen o lo va siguiendo en el caso de que se visualicen las gaviotas, momento que indica que se encuentran comiendo en la zona. Por último, para la técnica de fondo en pesca variada se utilizaron líneas de dos anzuelos con un plomo de 400 a 500 g. Como carnada: anchoas, filet de magrú y de castañeta.

La salida del puerto se encontraba bastante golpeada, cosa que ya nos venía anticipando Mariano, y con una importante leva que iba a perdurar durante toda la jornada. Luego de haber navegado dos horas y media aproximadamente, y de dar con uno de los sectores marcados por el capitán, nos comentó que en los días previos a la excursión hubo vientos de hasta 70 km del sector sur que removieron las piedras en el suelo marino, por lo que tuvimos que buscar la pesca mucho más.

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Al principio de la jornada esta modalidad se realiza troleando sobre el banco, con tres cañas dispuestas a diferentes distancias de la embarcación: la más corta a 40 m y la más larga, a 80. Luego de un par de pasadas y sin respuesta alguna, el capitán decidió probar en otros lugares, pero los limones seguían mostrándose esquivos pese a que el ecosonda del barco indicaba algunos cardúmenes. Cada vez que esto ocurría, los motores quedaban con la mínima potencia (casi sin movimiento) y todos los pescadores utilizábamos las cañas para tratar de capturar usando jigs. Sin embargo, el jigging no nos dio los resultados esperados y no logramos tener piques. Al ver que limones no llegaban aún, Mariano decidió cambiar de lugar y practicar la pesca variada de fondo, aguardando hasta pasado el mediodía para volver a probar con el pez limón.

Variada inesperada

La pesca de salmones, meros y besugos se realiza sobre fondo de piedra, al garete, es decir arrastrando las carnadas por el lecho pedregoso y tratando de tentar a los peces a que tomen el cebo. Llegados al lugar y una vez que se ubicó la embarcación en el lecho de piedras, el capitán dio la orden de arrojar los aparejos al agua, cosa que deben hacer todos los pescadores de forma conjunta para evitar enredos. Al llegar el plomo al fondo, se cierra la salida del multifilamento y se mantiene la caña paralela al agua, de modo que no se afloje la tensión de la línea.

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Llegaron los salmones y la adrenalina comenzó: levantar estas especies en profundidades que oscilan entre los 35 a 50 m da mucho trabajo pero, con la ayuda de Daniel, Franco y Mariano logramos dobletes. Ellos se encargan de desenganchar las capturas, proveernos las carnadas y solucionar los enredos. La variada continuaba muy firme, sumándose castañetas, meros de buenos portes y besugos.

Pero llegó la sorpresa inesperada en el aparejo de Tomás Restano: fue algo sorprendente. Tuvimos el gran placer de ver la captura de un doblete de garopas. Según el capitán, fue la primera vez le sucedió en más de 25 años de trayectoria. Nada es casualidad, solo a Tomás le suceden estas cosas y nosotros nunca vamos a olvidar que mucho de lo que aprendimos es porque él nos lo enseñó. Así dimos por culminada la variada, porque todavía nos faltaba repetir, en el regreso, la búsqueda del pez limón.

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Costó pero llegó

Por la tarde hicimos un intento más y, luego de la infructuosa búsqueda del comienzo, llegaron los premios. Una de las cañas de trolling tuvo un importante pique, por lo que el capitán aminoró la marcha. Y así comenzó una gran batalla para tratar de izar lo que parecía ser un gran pez. Era un doblete de limones que daba una fuerte lucha, nadando de costado y en contra del barco. Tras varios minutos de una ardua pelea, el pescador logró acercar su presa a la embarcación y, utilizando un copo, la pudo subir a bordo. Nuevamente, volvimos a pasar por el mismo lugar con la modalidad de trolling, y fue así que en pocos minutos Franco gritó: “¡Pique, pique!”, y automáticamente se volvió a aminorar la marcha del barco. Los representantes de esta magnífica especie sacaron multifilamento del reel, y así se dio otro doblete de los deseados limones. En forma automática y en paralelo, Mariano nos advirtió que preparáramos los equipos de jigging, pero luego de varios intentos todos fallidos se hizo el último a trolling, logrando como resultado un ejemplar más de pez limón.

Llegó el final de la jornada con un viento que se ponía cada vez más intenso y, por orden del capitán, emprendimos el regreso a puerto. Las condiciones climáticas no fueron las ideales para esta especie. Sin embargo, a los dos días del regreso a Capital Federal, De La Rúa nos confirmó y mostró fotos de que hicieron una salida buscando nuevamente pez limón y lo encontraron comiendo muy firme, lo que deja claro que la temporada de esta alegórica especie ya comenzó con todo, así que allí volveremos en estos días para no quedarnos con las ganas.

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Hábitat de la garopa

El nombre científico de este pez es Epinephelus marginatus. Vive en el mar Mediterráneo, en el Océano Atlántico, cerca de las Islas Canarias, frente a las costas del sur de Brasil, en Uruguay, en el norte de la costa argentina y en el Océano Indico, frente a Mozambique y Madagascar. Según la bibliografía consultada, nada comúnmente a una profundidad de entre 10 y 50 m, aunque a veces llega hasta los 200, en especial en áreas de fondos rocosos o vecinas a grutas. Mide entre 140 y 150 cm de largo, pesa en promedio 60 kg y tiene boca grande y destacada con labios prominentes. Su aleta dorsal es larga y la caudal, convexa, lo cual le permite hacer movimientos rápidos en distancias cortas. En cuanto a la cola, es redondeada y su opérculo tiene tres espinas.

Su color varía del verde al marrón, dependiendo de la estación y de la edad. Es verde a azulado durante su fase juvenil. El adulto es marrón oscuro con unos puntos de amarillo fuerte y claro. Puede además presentar distintas coloraciones según su estado emocional y reproductor. Se distingue de otras especies parecidas por el margen de la aleta caudal redondeado de forma convexa, por las bandas laterales claras en la cabeza y por el color típicamente marrón, más gris en otras especies. Su comportamiento generalmente es solitario, territorial y algo esquivo. Se nutre principalmente de moluscos, especialmente octópodos y crustáceos, así como también de algunos peces. Realmente haberla capturado en aguas marplatenses nos alegró la jornada, ya que son muy pocos los pescadores que alguna vez lograron tener una en sus manos.

Galería de imágenes

Los salmones de grandes portes se hicieron presentes.Inesperado doblete de garopas.Parte de la excursión en popa, a la espera de la variada.La salida se caracterizó por la fuerte actividad de los peces. Los buenos portes de limones anticipan una prometedora temporada.
Etiquetas:Mar Del PlataBuenos AiresPesca De AlturaSalmonesLimonesMerosGaropas
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