Reflexiones sobre una muerte inesperada: El adiós a Kobe Bryant.

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Este domingo, Kobe Bryant, su hija Gianna y otros 7 pasajeros fallecieron en un accidente de helicóptero a las afueras de Calabasas, California, una ciudad cerca de Los Ángeles. Por Martín Wizenberg.

 

 

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Gianna, de 13 años, heredera al trono del legado de Kobe, de 41, que se había propuesto a dedicar su tiempo al desarrollo del básquetbol femenino.

 

Kobe ya no está, y todo es peor ahora. La despedida repentina dejó a todo el mundo en shock, y a los que lo idolatraban, lo veía, lo querían y lo imitaban, devastados. Cuando leí la primera noticia que lo anunciaba de TMZ, un medio estadounidense, no lo podía creer. Me rehusaba a aceptar que se había ido. Estaba junto a un amigo que me decía que era mentira, que no podía ser cierto, que, ¿cómo se iba a morir Kobe? ¿Cómo nos iba a dejar a la corta edad de 41 años? No, no queríamos creerlo. Pero es verdad, y es la triste realidad.

El que fuese la estrella de Los Ángeles Lakers es demasiado importante para el mundo del básquet cómo para no dejar una herida que costará sanar. Cuando se piensa en íconos de este deporte, se piensa rápidamente en tres nombres: Michael Jordan, Kobe Bryant y LeBron James. A ese nivel estaba Kobe. Para el mundo del deporte, era uno de los nombres que primero saltan cuando se piensa en leyendas. Para un montón de jóvenes, era un jugador que supieron idolatrar, que intentaron imitar en el jardín de su casa, jóvenes que gritaban “¡Kobe!” cuando tiraban un papelito al tacho. Jóvenes que amaban su fiereza, su fuerza, su lucha dentro de una cancha, donde supo aguantarse el dolor y el llanto para llegar a la línea de tiros libres, y meter dos puntos desde esa vía con un tendón de Aquiles totalmente roto.

Kobe era una inspiración para la mayoría de los atletas, que imitaban su incansable ética de trabajo, para siempre mejorar e intentar ser cada día un poco mejor. Porque así era Kobe, así vivía Kobe. Cada día y día a día. Era una persona que ponía el 100% en todo lo que hacía, que no se iba del gimnasio hasta meter 100 tiros libres seguidos, que no se rendía, aunque su tobillo le dijera basta.

Es poético que un día antes de su muerte, el heredero y actual imagen de la NBA, LeBron James, lo haya pasado en la lista de máximos goleadores históricos para posicionarse como tercero en dicha lista. LeBron, luego del partido, declaró que era un honor pasar a Kobe, quien fue una especie de mentor, y fue alguien que él admiró desde pequeño. Y Bryant, con su último tweet, lo felicitó por haber logrado dicha hazaña. Eso era él, un competidor voraz, insaciable dentro de la cancha y una mejor persona y amigo afuera.

Amigo. Porque todos los que fueron amigos decían que era un bromista, que siempre estaba de buen humor, que alentaba a todos a ser mejor, que, a su fiel manera de competidor, llevaba un simple entrenamiento a ser un partido de Playoffs.

Mamba mentality, ese era su modo de ser y de jugar. La mentalidad ganadora que lo llevó a obtener 5 anillos de campeón, 2 MVPs de finales y 1 MVP de temporada regular. A ser el jugador con más tiros intentados, y con más tiros errados. Porque no importa cuantas veces falles, siempre hay que volver a intentar. Y él no se rendía. Ese es el legado que le dejó a un sinfín de deportistas que entrenan bajo esa mentalidad, pensando siempre cómo ser mejores, y estos días, se pudo ver cuántos le deben su trabajo al estilo de la “Mamba Negra”.

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Un joven Kobe en su casa.

Los Ángeles pierde a su amada estrella, el jugador que más tiempo estuvo en un equipo angelino de cualquier deporte. 20 años en los Lakers, empezando, transcurriendo y terminando su mítica carrera ahí. Ahí, donde supo meter 81 puntos en un partido. Donde en su último baile metió 60. Donde le retiraron sus dos casacas, la #8 y la #24, siendo el único jugador en la historia en tener dos camisetas retiradas por un mismo equipo. Ahí, donde hoy se llora mas que en ningún otro lado la pérdida de un ícono de la ciudad.

Todas las condolencias y oraciones deberían estar dirigidas a la pobre Vanessa, que perdió a un esposo y a una hija, y a Natalia, Bianka y Capri que perdieron a un padre y a una hermana. La pérdida y el dolor es incalculable e inimaginable cuando se trata de la familia. El hecho de que Kobe se haya ido junto a Gianna, su hija de 13 años, a quien le estaba enseñando a ser, a jugar y a pensar como él, es aún mas doloroso. Una chica que se merecía poder crecer junto a su padre, para demostrar que podía continuar con el legado.

Gianna y su padre eran muy unidos. Kobe, una vez retirado, había dejado de ver NBA, sentía que ya no le interesaba y que no le servía. Volvió a encontrarse con el juego porque su pequeña niña le había pedido ver partidos juntos para aprender movimientos, jugadas y conocer jugadores. Así como alguna vez los chicos y chicas miraban a Kobe para aprenderse sus jugadas, ahora Gianna quería hacer lo mismo, de la mano de su padre. Kobe estaba feliz de haberse retirado, y de poder concentrarse en su familia, en vivir todos los días con ellos, jugar con su hija, entrenarla y verla crecer. Se retiró para hacer lo que mas le gustaba, pasar tiempo con su familia y compartir la pasión del básquet con la pequeña Gianna, que quería ser como él.

Cuando todos pensaban que lo que más hubiese querido Bryant era un hijo varón, a quien criar para que sea igual a él, nos demuestra que no le importa lo que piensen los demás y hace lo contrario. Kobe se comprometió con el básquet femenino de una gran manera, fue entrenador del equipo de “Gigi”, y fue el fan numero 1 del deporte.

“Lo mejor que pasa cuando salimos es que ella esta al lado mío y los fanáticos se acercan y me dicen, ‘Tenes que tener un hijo varón, vos y Vanessa deben tener un varón, alguien que lleve el legado y la tradición’ y (Gigi) dice ‘Tranquilo, yo me encargo, no necesitamos un varón, ¡para eso estoy yo!’”.

Está claro que Gigi se hubiese convertido en una gran persona y jugadora, y al imaginarnos eso, esa imagen en nuestra cabeza siempre estará con Kobe al lado de ella, como su padre, su entrenador, su mentor y su protector. Alentándola, mirándola lleno de orgullo, sabiendo que su legado va mucho más allá de los logros deportivos, con la clara idea de que la familia es siempre lo más importante, y por esa razón había dejado de jugar.

Kobe y Gianna eran dos almas inseparables, que estuviesen juntos en ese maldito helicóptero no era casualidad, iban camino a un partido de Gigi. No le importaba como sería recordado, él sólo quería estar ahí para su hija y verla jugar al deporte que siempre amó.

Kobe y Gianna ya no están, y todo es peor ahora. Pero deberíamos recordarlos como una conexión padre e hija que muestra qué clase hombre era “the Black Mamba” y el orgullo de Kobe, demostrar lo radiante y hermoso que era tener una hija como “Gigi”. El mundo será un poco menos feliz, pero sus almas siempre estarán unidas y mirarán desde el cielo a Vanessa, Natalia, Bianka y Capri.

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Asimilar la muerte de una figura tan presente en el deporte es algo difícil. Y más si se tiene en cuenta lo sorpresivo e impensado que fue. Todavía veo fotos y videos y no puedo creer que se haya ido. Así, de la misma manera que no lo podíamos creer con mi amigo cuando nos enteramos. Y va a pasar un tiempo largo hasta que caigamos a la realidad.

               

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