Boca sufre el mal del arco

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La valla de Américo Tesoriere, la Gloria, pionero xeneize. Julio Musimessi, el Arquero Cantor de la década del cincuenta. Los tres palos de Antonio Roma, Tarzán azul y oro. El arco

de Hugo Gatti, el Loco que no sólo hizo escuela a orillas del Riachuelo; también, en el fútbol nacional. Aquel que convirtió en héroes a Carlos Fernando Navarro Montoya, Oscar Córdoba y Roberto Abbondanzieri. A lo largo de sus 113 años de historia, Boca estuvo custodiado por expertos. A mano limpia o enguantados, según la época, fueron goleros que dejaron una huella, que forman parte de la galería de ídolos. Todos campeones, como Agustín Rossi, ese número uno cuya titularidad parece camino al ocaso.

Los hinchas lo aplaudan. Muchos, irónicamente. Pocos, como un consuelo. Seguro, lo sufren con resignación. Será imposible para Rossi sostenerse con actuaciones tan descoloridas, mucho menos cuando hacen ruido desde Agustín Marchesín hasta Gigi Buffon. ¿Qué habrá pensado cuando fue a buscar esa pelota afuera del área, con la cabeza, desesperado? La dejó servida en bandeja. Y justo cuando Boca arreciaba sobre el área de Jailson, empujado por el aliento de su gente, sin claridad pero con ímpetu, el cuestionado arquero de 22 años falló y Lucas Lima liquidó el partido.

En las inseguras palmas de Rossi y en la notable agilidad de Jailson, un veterano de 36 años nacido en Sao José Dos Campos, estuvo la gran diferencia. Aunque sería injusto recargar las tintas solamente en el arquero. Desde Guillermo Barros Schelotto, muy lento con los cambios, hasta los atacantes son responsables de una derrota que dejó a Boca herido, justo la noche que cumplía 500 días como puntero del fútbol vernáculo y empezaba a saborear el bicampeonato. Ahora, estará obligado a ganar en Barranquilla, tierra caliente y esquiva, ante Junior, que esta noche puede sacar ventaja ante Alianza Lima.

No es confiable Boca atrás. Y tal vez esa jugada de Rossi, apenas comenzado el partido, haya sido una premonición. El arquero recibió un pase al área chica y rechazó con Keno encima. La pelota pegó en la espalda del brasileño y no se transformó en el blooper de la noche por obra y gracia de la Diosa fortuna, la que lo abandonó en el complemento.

A Rossi no lo ayudan. Y el problema, entonces, es grande como la Bombonera. Entonces, las preguntas que repiqueteaban en la platea al cabo del primer tiempo estaban vinculadas a ese colapso defensivo. ¿Por qué Mas no presionó a Marcos Rocha cuando el lateral estaba a punto de enviar el centro? ¿Dónde estaban los centrales para rechazar en el corazón del área? Porque la pelota sobró a Jara en la posición de Vergini y Magallán. Keno no perdonó y cabeceó a un rincón, despertando a la multitud verde de la tercera bandeja.

Palmeiras no había hecho méritos. A excepción de un arranque agresivo a bordo de un 4-2-3-1, Boca siempre tuvo el protagonismo. Aunque dependió de la inspiración de Cristian Pavón, su desequilibrante. Contó con una salida limpia a través del doble Pérez, Sebastián y Pablo, pero no tuvo correlato en Nández y, especialmente, en Tevez. El crédito de Fuerte Apache casi pasó inadvertido, rodeado por los volantes centrales brasileños.

Bajo esta coyuntura, Boca fue Deportivo Pavón en la primera etapa. Aun pecando de autosuficiente, se las arregló para generar peligro. Tres veces sucumbió ante Jailson. El travesaño también le dijo "no" en el primer tiempo. ¿Por qué tardó tanto el Mellizo en darle pista a Bebelo Reynoso? Le faltó profundidad a Boca hasta que entró el cordobés. Wanchope, su coterráneo, estuvo impreciso. Y Palmeiras le dio un golpe demasiado duro. Justo en la antesala de una consagración local que nadie despreciará pero que sabrá a poco si se diluye la esperanza de la séptima.

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