El día que los hinchas de Boca miraron otro canal

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Zurdazo corto, bajo y rasante al primer palo: 2-0. Frank Fabra clausuraba los temores a los 20 minutos del primer tiempo porque Alianza no iba a poner en aprietos a Rossi

ni por la fuerza pública. Sólo quienes estuvieron en la Bombonera pueden decir cómo jugo Boca. El resto de sus hinchas tomó el control remoto y cambió de canal para ver Palmeiras-Junior. Un gol de los colombianos despedía a Boca de la Libertadores y lo mandaba al "descenso" de la Sudamericana.

Fernando Prass tiene 39 años y una larga carrera por Gremio, Coritiba, Vila Nova, Vasco y desde 2012 es arquero de Palmeiras. Es suplente, como otros ocho de la formación inicial. En las manos del veterano Fernando estuvo la salvación de Boca. El arquero evitó dos goles cantados en el primer tiempo y atajó un penal en el segundo, evitando lo que hubiera sido el empate de Junior. ¿Boca?...¿a quién le importaba Boca que estaba ya cuatro goles arriba?...A esa hora su partido perdía por goleada en el rating con lo que pasaba en el Allianz Parque paulista.

El gol de Borja (colombiano) se gritó como si fuera el quinto propio. Si Junior lo daba vuelta, entonces sí, Boca podría decir aquello de la manada de elefantes, que los enanos jugaban al básquet o lo del ahogo en el vaso de agua. Lo que podía suceder, casi sucede. El árbitro paraguayo Cáceres dio penal cuando Teo Gutiérrez se tiró como si lo hubieran acribillado. Los inquilinos de los palcos les dieron la espalda al campo y llevaron la vista a las pantallas. Silencio de sepulcro. Los fantasmas de la Bombonera celebraron la atajada de Fernando Prass como si fuera la de Roma a Delem. Enseguida Palmeiras se puso 2-0 y al descuento de Teo (en offside) le siguió el tercero de los brasileños. Ya no habría tragedia deportiva para Boca ni milagro futbolero para Junior.

La pregunta es por qué Boca tuvo que sufrir tanto para llegar a los octavos de la Libertadores, por qué caminó sobre la cornisa de quedar afuera e ir al exilio de la Sudamericana. No hay una respuesta puntual, salvo que quiera atribuirse a la caída del rendimiento en los últimos meses que también afectaron la coronación en la Superliga. Lesionados, cansancio, cambios obligados en la formación y actuaciones de menor a nivel de las que le proporcionaron una ventaja enorme en el torneo local es el combo donde habría que buscar las razones de la angustia.

Había jugado mal y había perdido bien en casa con Palmeiras (0-2). También dejó la sensación de que pudo haber sido más audaz en San Pablo (1-1) y sobre todo en Barranquilla (1-1). Llegó al duelo con Alianza "condenado" a ganar y a esperar.

Algo parecido ocurrió en el desenlace de la Superliga. En el tramo final redujo la diferencia de puntos hasta provocar cierta inquietud entre sus hinchas. De los últimos tres partidos de visitante sólo sacó dos puntos (0-1 con Independiente, 2-2 con Gimnasia y 3-3 con Huracán cuando ya tenía el título asegurado). En el medio les ganó bien a Newell's (3-1) y a Unión (2-0) en casa. Boca no era el mismo Boca.

Los octavos serán después del Mundial. Borrón y cuenta nueva, otra historia. Hay tiempo de recomponer la línea y de volver a ser sólido, temible, potente. Si anoche Boca dependía de terceros, ahora no depende de nadie. O sí, de Boca.

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