Lluvia de despidos

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“No soy un sinvergüenza. Soy parte de una conferencia ministerial. Allí cada uno expone lo que pretende y lo que cree justo, y

lo que sale de todo eso es algo que nadie quería: el resultado final. No sé si me entiende, pero no puedo expresarlo mejor.”

Robert Musil (1880-1942); de “El hombre sin atributos”, su novela inconclusa editada en 1943. Capítulo 13, el general Stumm von Bordwehr habla con Ulrich.

Aunque estos treinta días entre junio y julio (vividos en medio de una crisis local que clasifica cómoda hasta la final más temida) no fueron afectados por la locura hipnótica de otros mundiales, volver a la actividad de cabotaje deprime un poquito. Como la angustia que sintieron aquellos patriotas de la independencia ante el súbito destete de la Corona. Ay.

Basta de Modric, Hazard, Lukaku, Mbappé, De Bruyne, Pogba, Kane, y Giroud, ese 9 de lucha libre que, de verdad, es el vacío. Basta de los cientos de enviados estirando hasta lo imposible cualquier rumor sobre la muy operada Selección. Basta de los cuadros agudos de excitación psicomotriz de Saint Paoli y sus íntimos odiadores. Rusia fue un papelón, pero también fue rico en historias fantásticas, malos de cine gótico y payasos corriendo, torta en mano. Espantoso, pero intenso.

Despellejado en vida hasta el último centímetro de piel, el despido de Saint Paoli pasó desapercibido. O el arreglo del contrato no era tan complicado, o el técnico redondito llegó a su límite de humillación. Firmó con la idea de largar todo y huir. No es el único con esa loca idea.

Ahora el tema será elegir nuevo entrenador. Antes muertos que sencillos, lo primero que sonó en la prensa fue el nombre de Pep Guardiola. Y luego Simeone, Pochettino y otros sueños imposibles. Una suerte de homenaje a las promesas de campaña que, como un gag aceptado por todos, son dichas solo para no ser cumplidas.

Tal vez sumen a Pekerman; o a Sabella, que deberá estar muy bien de salud para meterse de nuevo en este manicomio. También circulan otros nombres como el de Almirón, buen técnico y estrella del Imperio Clase B de Braga R. Nick, cumpa de Angel Easy, el operador.

Después de los gentiles bailes que nos dieron Croacia y Francia, surgió una nueva unanimidad: los de acá son de madera, así que habrá que mirar hacia Europa. Se impone un “estado de abierto”, dirían los griegos, pero no al conocimiento, sino al capital extranjero. Este plan económico lo ama, lo mira voraz, fantasea, coquetea con él, intenta seducirlo y al final… se deja. Porn finances.

Chiqui Wall de Moyano manejó como pudo, y pudo poco, el desopilante sainete mundialero. Lo hizo solo, porque su vice Angel Easy recién pasó un par de días por Rusia cuando el barco ya se hundía. Hubo balas que le picaron cerca, pero zafó. Quizá por la suerte que lo acompañó en la vida, o por su buen feeling con la gente de FIFA. Por alguna razón, el Chiqui les cae bien. Eso lo mantiene a flote, pese al derrame de desgracias y tonterías ajenas y propias que pasaron en Rusia. Tan desastroso fue todo, que no dio para un solo culpable. Salvo Saint Paoli, el puching ball.

El dúo conductor de AFA, Chiqui-Angel Easy, dejó de tener sentido en tanto don Hugo y the president McCree han tensado 809 millones de veces una relación que supo ser calma. El proyecto SAD, los clubes privatizados, viejo sueño de Maurice, necesita más poder para concretarse. Había que ajustar ese “detalle”, pero no salió bien. Tampoco eso.

En Rusia, mientras el resucitado Maradona hablaba de una reunión a la que fue solo por pedido de Ruggeri, con una gente “que va contra Tapia”, se hacía pública una foto suya con Ignacio Galarza, CEO de Torneos, y su plana mayor. La empresa no tuvo opción, y difundió un comunicado desmintiendo “versiones periodísticas” que hablaban sobre un complot contra Chiqui. Aclararon y zas, se hizo la noche.  

Tan sorpresivo como el despido exprés de María Fernanda Inza, la contadora de Heidi Vidal, fue el de Flavio Azzaro, puntal del programa No todo pasa, de TyC Sports. Azzaro es gritón, provocador, encuentra frases que disparan polémicas feroces, asegura el rating y, se le nota, no tiene filtro.

Según contó el propio Azzaro, fue Angel Easy, harto de su crítica feroz, quien le pidió su cabeza a la empresa que consiguió la exclusividad del Mundial gracias al talento untable de Alejandro Burzaco, el arrepentido. ¿Puede ser cierta su denuncia? Respuesta: sí. Por suerte, el chico tiene trabajo. Otros, muchos, no tienen cómo reciclarse.

En este contexto, Chiqui, con sus ojitos achinados apuntando al norte, cerró un asombroso acuerdo con el Marbella Football Center, un predio de alto rendimiento, propiedad de los españoles Enrique Pérez Serichol y Andrés Roldán Conejero. Allí hay de todo, y a todo lujo. Anoten: cuatro canchas profesionales con luz artificial; cuatro vestuarios para jugadores, tres para técnicos, canchas de fútbol 7 y fútbol tenis, zonas especiales para entrenar arqueros, un gimnasio de última generación, una tribuna para mil personas, un sector VIP, sala de prensa, proyectos de marketing a full. Además, van a construir un complejo con 135 habitaciones para que se concentren los planteles, desde la Sub-15 hasta la Mayor.

La idea es tener una sede de reclutamiento con el objetivo de “descubrir un nuevo Messi” entre los chicos que juegan en Europa. En Marbella: Puerto Banús, yates de jeques, modelos escandinavas, esas cosas. Un campo de rejuntados por la patria con castings estilo Caruso Lombardi, pero al european style.

¿Cuánto costará ese alquiler? ¿Qué piensan hacer con el predio de AFA en Ezeiza, ese paraíso criollo sin glamour? No lo sé yo, ni lo saben los que en el futuro deberán refundar lo que queda del fútbol criollo. No hay nadie, pero la basesssstá, diría Veira. Medio a trasmano, pero cerquita de la mansión Caniggia-Nannis.

Lo diré una vez más, compatriotas. Estamos vivos de milagro.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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