El secreto de Marcelo Gallardo para revivir a River y convertirse en la pesadilla de Boca

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Fue hace apenas dos semanas. Ya había pasado la práctica matutina y estaba listo para dejar el predio de Ezeiza. Todo estaba en calma. Hasta que, por una de los televisores

del lugar, leyó un video graph que lo incomodó. Era el de una entrevista a Lucas Pratto, quien a metros suyo entraba en el juego periodístico y aseguraba que River,su River, tenía más carácter que Boca.

En ese instante, Marcelo Gallardo retrasó su partida. Lo hizo para hablar con Pratto y pedirle que nunca más condimentara así la rivalidad con Boca. Mucho menos a pocos días de enfrentarlo. No lo hizo de bravucón, tampoco porque lo apoderó el temor: desde que se hizo cargo de la dirección técnica de River, en el 2014, el Muñeco siempre quiso que sus jugadores "hablaran" dentro del campo de juego.

Esa fue uno de sus objetivos, uno de sus más grandes secretos para construir un River ganador en todas las canchas y que, especialmente en este 2018, se acostumbró a ganarle a Boca. Pero hay más, claro.

Gallardo, a puro grito, en el triunfo ante Boca (AP).

Gallardo, a puro grito, en el triunfo ante Boca (AP).

Así como durante la década del 90, con Carlos Bianchi en el banco, el Xeneize pareció tomarle la mano a los Superclásicos, Gallardo logró el mismo efecto pero con triunfos para River. Una mentalidad de acero y la capacidad para convencer a sus futbolistas de que frente a Boca se juega con fútbol, inteligencia y corazón se convirtió en el ABC del Muñeco.

"Vinimos a ganar. A disfrutar. No sufrimos, salvo en algunos minutos, y por momentos dominamos el partido. El equipo respondió con personalidad, plantándose en una cancha siempre difícil. Hay que remarcar el nivel de todo el equipo, en los momentos fundamentales para convertir y cuando no tuvimos la pelota. En esos diez minutos del segundo tiempo mostró templanza". El análisis del DT luego del 2 a 0 fue, lógico, en esa dirección.

Mientras en la sala de conferencias a Guillermo Barros Schelotto le cuestionaban desde las ausencias desde el inicio de Zárate y Cardona hasta la relación con Gago, Gallardo hablaba del equipo. De ese bloque que viene trabajando año tras año y que tiene apenas a tres sobrevivientes (Maidana, Ponzio y Mora) del River que venció a Boca en las semifinales de la Sudamericana 2014 pero conserva una identidad única y una manera de sentir especial para disputar los clásicos.

Aquel cruce, con el penal que Barovero le atajó a Gigliotti y el gol de Pisculichi, marcó un quiebre. Que se prolongó en la Libertadores del 2015. Es que obviando el triste episodio del gas pimienta, la realidad es que River había ganado 1-0 en la ida (gol de Carlos Sánchez) y aquella noche, en la Bombonera, la sensación era que podían jugar tres días seguidos y Boca no iba a encontrar la forma de imponer su fútbol. El final, con la coronación habiendo dejado en el camino a su clásico rival, fue de lo más festejado del ciclo Gallardo.

Aunque no lo único. Luego de un momento de transición, con un par de tropezones en cancha de River, el entrenador apuntó los cañones a la final por la Supercopa Argentina, en marzo de este 2018. Y si bien River ganó 2 a 0 (casualmente los autores de los goles fueron Martínez y Scocco, los mismo que este último domingo), su equipo mostró personalidad para no dejarse arriar por las ganas de Boca.

Gallardo junto con su cuerpo técnico tras obtener la Libertadores 2015 (Télam).

Gallardo junto con su cuerpo técnico tras obtener la Libertadores 2015 (Télam).

La conformación de un equipo, en definitiva, es otra de sus grandes virtudes. Y con las que suele sacarle diferencias al resto, se llame o no Boca. Aunque, es cierto, el derby es el partido que más disfruta.

Más bianchista que el Mellizo, con la impronta ganadora como bandera y la sabiduría de entender el juego como lo veía Daniel Passarella en sus días de jugador, Gallardo no sólo se convirtió en uno de los entrenadores más importantes de la historia de River (si no el más). También es una pesadilla para los hinchas de Boca. Y el último domingo, en la Bombonera, lo demostró otra vez.

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