El examen más difícil para Macri: ganar con la economía en baja

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La calma de la Quinta de Olivos nunca pareció tan lejana como ayer al fragor de las piedras y las bombas caseras en la Plaza del Congreso. Mauricio Macri siguió

desde allí las instancias del debate por el Presupuesto y los enfrentamientos dentro y fuera de la Cámara de Diputados. No hubo celebración pero sí alivio cuando la violencia callejera cedió al atardecer. Se suspendió el fútbol de los miércoles pero no el asado de la noche. El Presidente evaluó positivamente que la sesión no se interrumpiera. Ni siquiera cambió el ánimo cuando hubo amague de trompadas entre los legisladores. Todo pareció completo cuando en la medianoche Benedetto aseguró con dos golazos el triunfo de Boca contra el poderoso Palmeiras por la Copa Libertadores. Pareció un presagio de la madrugada, porque esperaba la media sanción legislativa para que mañana las potencias del Fondo Monetario Internacional aprueben el menú frugal de la economía argentina del año próximo. El de las elecciones.

El temor en el Gobierno era que se repitieran los hechos de diciembre pasado, durante las refriegas en las calles que frenaron la sesión por la reforma jubilatoria. En aquella ocasión, el Frente Cambiemos sufrió su primera derrota legislativa fuerte a manos del peronismo y pagó el costo político de la represión policial desordenada. Ayer hubo comunicación permanente entre el Presidente; el Jefe de Gabinete Marcos Peña y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Y también una coincidencia. La salida apresurada de las organizaciones piqueteras de los focos más violentos de la manifestación le permitió a la Policía dispersar con más eficacia a los grupos más radicalizados. Esta vez, los agentes de seguridad quedaron menos expuestos y pudieron terminar sin consecuencias graves el operativo con 26 detenidos.

Claro que el sendero de Macri sigue siendo estrecho. A la aprobación del Presupuesto 2019 en Diputados le seguirá mañana el examen del Board del FMI, que debe avalar la renegociación del plan para estabilizar la situación cambiaria y la inflación. Si la Argentina consigue sortear las dudas de algunos socios europeos del Fondo como Alemania y Francia, podrá contar con un desembolso de u$s 6.700 millones que ayudarán a consolidar las tres semanas de dólar congelado entre las bandas de flotación del Banco Central. Si a eso se le suma el resultado de la cosecha de trigo, que comenzará a sentirse en noviembre, el Gobierno podría estar en condiciones de empezar a bajar un poco las altísimas tasas de interés y retomar la batalla perdida contra la suba de los precios.

El desafío no tiene tregua. El Gobierno sueña con la aprobación del Presupuesto en el Senado para el 14 de noviembre, justo cuando estén aterrizando en Buenos Aires los primeros aviones con los presidentes del Grupo de los 20. Donald Trump, Angela Merkel, Xi Jinping, Theresa May y Emmanuel Macron son sólo algunos de los jefes de gobierno que comprobarán en persona si el plan de Macri para mostrar al menos pequeños síntomas de la recuperación argentina tiene alguna probabilidad de éxito. Las chances electorales recién comenzarán a ponerse en juego después de fin de año, el tramo que algún ministro de Cambiemos define con nostalgia cinematográfica como “un puente demasiado lejos”.

Eso no quiere decir que Macri no piensa todavía en la posibilidad de su reelección. Piensa y mucho pero sabe que las encuestas lo han llevado muy abajo en la consideración social y que debe atravesar el verano sin nuevos contratiempos políticos o económicos. Esta semana ha comenzado a emitirse en televisión un spot de la serie “Haciendo lo que hay que hacer” en la que el Gobierno pide más tiempo para poner en marcha los cambios pendientes. Es la estrategia del ecuatoriano Jaime Durán Barba. Con la economía en baja el año próximo, el Presidente tendrá que disputar su continuidad apelando al contraste político con Cristina Kirchner, hasta ahora la dirigente opositora con mayor intención de voto. A esa diferenciación, los dirigentes de Cambiemos la denominan como si fuera un código interno “el cambio cultural”.

Será una experiencia interesante para el país adolescente. Los intentos presidenciales anteriores de ganar una elección con economías recesivas siempre terminaron en fracasos. La diferencia es que ninguno de ellos pudo hacerlo disputando su reelección. Después de echar por tierra una reforma de la Constitución y en plena hiperinflación, Raúl Alfonsín debió elegir como candidato de la UCR en 1989 al cordobés Eduardo Angeloz, quien fue derrotado por Carlos Menem. El riojano quiso ser reelegido por segunda vez en 1999 pero tampoco pudo y se resignó a llevar como candidato oficialista a Eduardo Duhalde. El bonaerense intentó torcer la recesión de la década menemista promoviendo el final de la convertibilidad pero también fue derrotado por Fernando De la Rúa.

Del mismo modo, la recesión de 2014 y 2015 llevó a Cristina a dejar de lado sus pretensiones de eternidad postulando a Daniel Scioli como candidato. Aunque por menos de tres puntos en el ballotage, el intento terminó en derrota para el entonces gobernador de Buenos Aires. Las estadísticas son contundentes. Menem y la viuda de Kirchner fueron los únicos presidentes en ser reelegidos desde 1983, pero en medio de períodos económicos de crecimiento.

Hoy suena a utopía. Por eso, si logra encarrilar el actual escenario económico de peso devaluado, tasas de interés exorbitantes, inflación muy alta y consumo deprimido, Macri intentará convertirse en el primer presidente que pueda ser reelecto a pesar de la economía. En estos días, lo explica así ante sus colaboradores: “A la sociedad le duele pero lo entendió: el camino es lento y no hay magia”. Todavía conserva la ventaja de un peronismo dividido, sin una oferta electoral moderada y atractiva. Pero nunca se sabe con la Argentina. La bandera del cambio cultural será sometida a examen con la prueba más exigente: la de imponerse a la adversidad de tener menos dinero en el bolsillo.

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