¿Qué debe hacer Racing con Ricardo Centurión?

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No contar más con él sería una exageración

Por Eduardo Menegazzi

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No es su primer error y posiblemente tampoco sea el último. Como empleado de Racing que es, Ricardo Centurión se equivocó feo en el Monumental, sabiendo que cualquier cámara de televisión podía capturar su gesto de enojo, luego el empujón a su superior (Coudet) y más tarde esa mirada de desprecio que le obsequió a su entrenador antes de reemplazar a Saravia. Acaso lo más molesto haya sido su falta de ganas para jugar.

Es cierto que Coudet necesitaba reforzar su autoridad frente al plantel y que Racing está por encima de los nombres propios, como afirmó ayer el mánager Diego Milito. Por eso tiene validez una sanción. Aunque la extensión de la misma es lo que se debe evaluar si se tiene en cuenta que hay un objetivo claro por Avellaneda: coronar este semestre siendo campeón luego de una campaña irreprochable desde los números y desde el rendimiento colectivo, a excepción del paso en falso en Núñez.

Centurión fue clave en el primer semestre de 2018. Con goles y asistencias, con gambetas, con esa verticalidad y ese cambio de ritmo que no tiene casi ninguno de los futbolistas del actual plantel. Luego del Mundial decayó su nivel, fue más irregular y resultó castigado por su gesto en la Libertadores contra River. Chacho siempre eligió respaldarlo y mimarlo y le mantuvo la titularidad.

Bajarlo ahora a entrenarse con la Reserva, ¿hasta cuándo? A Racing le aguardan 7 fechas cruciales, incluyendo el clásico clave con Independiente. ¿Puede implosionar el vestuario con esta decisión? Es tarea de cualquier director técnico administrar los egos de un grupo numeroso y elegir a los más capaces. El desafío para Coudet debería ser recuperar a Centurión en su mejor versión. Para ello será indispensable que todos colaboren. Empezando por Centurión.

Es un fin de ciclo porque ya nadie le puede creer

Por Daniel Avellaneda

No hubo chico que no creciera escuchando la fábula del pastor mentiroso que escribió Esopo. O el cuento de Pedro y el Lobo, el clásico de Serguei Prokofiev. El niño advertía del peligro para sus ovejas. Y cuando acudían en su ayuda, se reía a carcajadas. Así sucedió hasta que nadie le creyó. Y el feroz animal se comió el rebaño.

Centurión comete errores, como cualquier ser humano. Se muestra arrepentido, pide perdón y sigue jugando. Se ampara en sus raíces humildes para justificar la mirada aguda de la sociedad. “Yo me siento un poco más marcado que otros jugadores, o me exigen más por ser quien soy y por venir del lugar que vengo”, dijo el año pasado en una entrevista.

Se equivoca el volante que nació en la Villa Luján. A Centurión se le exige profesionalismo porque viste la camiseta de Racing. Porque antes de que decidiera jugar al fútbol, el club escribió una historia muy grande que este año cumple un siglo desde el heptacampeonato. Porque para ser “el mejor 10 del país” como consignó en su cuenta de Twitter antes de la reanudación de la Superliga no alcanza con un par de firuletes.

Para hacerle honor al dorsal que alguna vez utilizó Rubén Paz, por citar un caso emblemático, tiene que mostrar decoro. Y la imagen del domingo viaja a contramano de las buenas costumbres. ¿En qué cabeza cabe empujar a Eduardo Coudet, máxima autoridad aun equivocado en el planteo táctico? Por más talentoso que sea -algo que no se observó en los últimos partidos- Centurión le faltó el respeto al técnico. ¿Qué iba a hacer el Chacho?¿Darle una palmada y volver a confiar en él como cuando se fue expulsado en la Copa, cruzándose la franja de Boca sobre el manto de Racing?Los dirigentes sabían que compraban un problema. Pero fueron por él. El tema es que ya nadie le puede creer. Es un fin de ciclo.

E.M.