Huelga en Francia: bajo la lluvia y el frío, los sindicatos marchan contra la reforma de jubilaciones de Macron

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Sindicatos duros y moderados están unidos contra la reforma de las jubilaciones anunciada por el gobierno francés y se oponen duramente a los 64 años, la edad de equilibrio, para los

nuevos retiros sugerida por el primer ministro Edouard Philippe el miércoles. El premier francés tenía previsto recomenzar por la tarde de este jueves el diálogo con los sindicatos.

La lluvia y el frío están arruinando la movilización sindical y de los Chalecos Amarillos en París, que salió de la plaza de la Nación, avanzaba por el boulevard Voltaire para finalizar en la de la República, con los paraguas como grandes protagonistas. La dispersión está prevista a las seis de la tarde, hora francesa.

Hasta ahora no hay violencia. Pero hay marchas en toda Francia. La “reconducción” (renovación) de la huelga debe ser votada nuevamente por las bases. Una nueva manifestación ya ha sido anunciada el próximo martes.

El octavo día de huelga tiene hartos a los comerciantes parisinos, que sienten que sufrirán el mismo drama en estas Navidades que el que generó la crisis de los Chalecos Amarillos. La Prefectura ha pedido que las persianas de los negocios se mantengan bajas y las terrazas de los cafés sin sillas ni mesas para evitar la violencia o la acción de los “casseurs” o los vándalos.

Manifestantes en París. / Xinhua

Manifestantes en París. / Xinhua

La manifestación ha sido convocada por la intersindical que reagrupa a la CGT, la FSU, Solidaire. Fuerza Obrera más estudiantes y liceístas. Pero los moderados no marchan esta vez y piden “dialogo y el retiro de la edad de equilibrio de 64 años”.

“Ninguna negociación”, “retiro a los 55 años”, “retiro total de la reforma” cantaban los ferroviarios en la cabeza de manifestación. Ellos están afectados por el fin de los regímenes especiales, que finaliza con su esquema que permite la jubilación a los 58 años como máximo.

Más policías en motos del equipo de desplazamiento móvil, cuerpos anti disturbios y gendarmes que manifestantes, cuando llueve torrencialmente. El embotellamiento de tráfico en Paris bloquea completamente la circulación, a las ambulancias y bomberos. Había 420 kilómetros de embotellamiento en la Ille de France a las 8 y media de la mañana.

Violencia en el interior

El inicio de las manifestaciones en el interior fue con violencia el jueves a la mañana. El puerto de Marsella fue bloqueado, con autos incendiados para impedir su ingreso y un humo espeso que cubrió toda la Ciudad Vieja.

Todos los portuarios franceses se han sumado a la huelga desde este jueves, que se amplía y los ferroviarios amenazan con extenderla más allá de Navidad, si el gobierno no se sienta a negociar. El puerto de Havre, el feudo del primer ministro Edouard Philippe, estaba bloqueado por los manifestantes al igual que los depósitos de combustibles.

En Nantes, una ciudad atlántica, los Chalecos Amarillos se unieron a la manifestación e intentaron cortar la autopista. La policía buscó desalojarlos con gases lacrimógenos y hubo enfrentamientos. Bloquearon el correo. Luego invadieron el centro Comercial Atlantis e invitaron a los consumidores a sumarse a la huelga. En Rennes también hubo incidentes. En Lyon, la universidad está cerrada y los manifestantes en marcha.

Policías montan guardia durante una huelga en París./ Xinhua

Policías montan guardia durante una huelga en París./ Xinhua

Las reformas anunciadas por el primer ministro Edouard Philippe no han conseguido dividir a los sindicalistas ni disminuir el apoyo a la medida de fuerza. Aunque los trabajadores estén hartos de la batalla cotidiana para llegar a su trabajo sin transportes en común. El apoyo de la opinión pública a los sindicatos será crucial para seguir o frenar la medida de fuerza en los días que vienen.

“Estoy agotada. Cada mañana me levanto tres horas antes para llegar y camino con mi artrosis. Pero debemos defender nuestros derechos” admite Annabelle, que trabaja en un ministerio francés en el Metro de la Gare de Lyon. Deberá llegar a pie a su empleo porque en los vagones no cabe más un alfiler.

La idea de una Navidad en huelga preocupa a la población cuando los ferroviarios advierten que ellos están dispuestos a seguir durante las fiestas, después y aun luego del fin de año. Quieren perturbar el transporte navideño “porque la jubilación es mucho en juego”. Pero están divididos con los sindicatos moderados, que creen que la opinión pública tiene el derecho a circular durante las vacaciones navideñas.

“No habrá tregua de Noel, salvo que el gobierno recupere la razón. La huelga continua porque el gobierno es obcecado en sus posiciones y entonces esto va a durar mucho tiempo”, dijo Laurent Brun, secretario general de la CGT-Ferroviarios.

El 54 por ciento de los franceses aprueban la huelga, aunque haya bajado cuatro puntos en relación con la semana pasada, según un sondeo de BFMTV. Al mismo tiempo, cuatro sobre diez franceses consideran al presidente Emmanuel Macron y al gobierno como responsables del actual conflicto social, el 28% creen responsables a los sindicatos y el 31% cree responsables a unos y a otros.

Entrada del metro cerrada en Porte de Clichy, en París, Francia./ Xinhua

Entrada del metro cerrada en Porte de Clichy, en París, Francia./ Xinhua

Con respecto a las medidas anunciadas por el premier con la eliminación de los regímenes especiales, el 71 por ciento la apoya. La posibilidad de jubilarse dos años antes en los métiers (oficios) más duros es sostenida por el 91 por ciento y una pensión mínima de 1000 euros para una carrera con un salario mínimo es defendida por el 81 por ciento de los encuestados.

Pero el sistema universal por puntos, que propuso el primer ministro el miércoles con una jubilación a los 62 años y una edad de equilibrio de 64 años, no reasegura a los franceses. El 56 por ciento considera que el nuevo sistema de jubilación no permite beneficiarse de un nivel de pensión equivalente al actual sistema. Ese es el principal problema para un acuerdo.

La vida cotidiana se transforma en una pesadilla en París, que se encuentra en medio de este caos de trafico en “alerta atentado”. La policía tiene que coordinar la llegada de la gente en las grandes estaciones, como Gare de Lyon y Gare du Nord, para evitar avalanchas en la escalera o en el ingreso a los pocos trenes que llegan. Las bicicletas, los trottinettes y el alquiler de motos explotan en París. La gente camina kilómetros por día para ir y volver de su casa a su trabajo. Una rara coalición de ferroviarios, controladores aéreos, basureros, estudiantes, “Gilet Jaunes” (Chalecos Amarillos), maestros, abogados, policías, enfermeros, camilleros, cantantes de ópera, estudiantes, bailarines de ballet se han unido en Francia para defender sus pensiones.

Privadamente los miembros del gobierno de Macron y sus legisladores critican esta decisión del jefe de Estado de lanzar esta batalla jubilatoria cuando aun no ha terminado la de los Chalecos Amarillos, que han regresado a la calle. Al mismo tiempo hay un verdadero conflicto con agricultores, maestros y trabajadores hospitalarios por su calidad de vida y sus salarios bajos. Se suicidan dos agricultores a la semana.

"Negociemos"

El ministerio de Economía Bruno Le Maire, que es un vocero del gobierno en esta cuestión, llamó a "frenar la lógica del conflicto".

"Hay lugar para la discusión y la negociación, especialmente sobre los aspectos más dolorosos y las modalidades para encontrar un equilibrio”, dijo. "Las modalidades para encontrar un equilibrio financiero en el proyecto, incluida la edad de equilibrio a los 64 años”, propuso.

Estudiantes sostienen una pancarta en la que puede leerse ''Huelga, bloqueo''./ EFE

Estudiantes sostienen una pancarta en la que puede leerse ''Huelga, bloqueo''./ EFE

Le Maire tendió la mano a la CFDT, que reúne a los sindicatos moderados, que han aceptado la reforma pero tienen diferencias sobre la edad de equilibrio. “Hay un punto de bloqueo donde nosotros estamos abiertos a una negociación. Discutamos, negociemos”, aclaró.

Jean Paul Delevoye, que está a cargo de las negociaciones como comisario encargado de las jubilaciones con los sindicalistas, cada día aparece más debilitado y comprometido en su posición. Tras haberse olvidado de declarar su vínculo con las compañías de seguir, ahora deberá reintegrar 120.000 euros ganados en el sector privado, en el grupo de formación IGS. Tampoco lo había declarado.

El pesimismo es la razón de esta protesta junto al miedo al futuro y al cambio. “La situación política, social y moral es infinitamente más explosiva que en 1995”, advierte Maxime Tandonnet, ensayista. “Un conflicto social del mismo tipo que el de 1995 puede sumergir a Francia en un indescriptible caos político, social y moral, con una salida muy poco clara”.

Los huelguistas quieren forzar al gobierno de Emmanuel Macron a abandonar la propuesta con una medida de fuerza prolongada, como la de seis semanas que forzaron en 1995 a Alain Juppé a enterrarla y perder su gobierno.

Francia es el tercero entre los países desarrollados en sus gastos de pensiones después de Gracia e Italia.

El presidente Macron está decidido a enfrentar la resistencia pero no tiene la experiencia política ni la flexibilidad de Alain Juppé, Jacques Chirac o Francois Hollande. Puede costarle su reelección, cuando los sindicatos lo acusan de no auspiciar un verdadero diálogo para encontrar un consenso.

París, corresponsal