La torre Eiffel, sólo desde la ventanilla del auto en una autopista paralizada

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Carla Bruni canta dentro del auto de Stephanie y afuera un bocinazo avisa que es tiempo de avanzar. Un metro. Tal vez dos. Hasta donde alcanza la vista hay una fila

de cientos de vehículos que serpentea por la autopista que arrancó en Blois y terminará en el aeropuerto Charles de Gaulle. Son las 15, muy temprano para que comience el tránsito intenso y habitual de un viernes a la tarde en París. Y muy temprano también para tomar el vuelo de las 23.40 de Air France con destino a Buenos Aires. Pero hoy nada es normal en París.

Olalá. Desde la ventanilla se puede ver a lo lejos la silueta de la torre Eiffel. Y más atrás la cúpula de Sacre Coeur. Bruni canta bajito "Alguien me ha dicho" y Stepahanie pide con una sonrisa que nadie dentro del auto se haga ilusiones: "Si no quieren perder el vuelo, olvídense de París. Entrar ahora al centro de la ciudad es una misión casi imposible".

Andenes desiertos en una estación de tren de París, este viernes en medio del paro de transportes. Foto: AFP

Andenes desiertos en una estación de tren de París, este viernes en medio del paro de transportes. Foto: AFP

Desde el jueves 5 de diciembre, cuando comenzó una importante huelga de los transportes públicos de Francia, miles de turistas han tenido que recurrir a los monopatines eléctricos y bicicletas para visitar las principales atracciones de París. Y los trabajadores, como el hermano de Stepahanie, deben caminar horas para llegar a sus oficinas. La ciudad está prácticamente paralizada por la huelga contra la reforma de las pensiones impulsada por el presidente Emmanuel Macron. Y que ya se siente en el turismo: todos hablan acá de una caída del 30% en restaurantes y hoteles.

De Blois a París se tarda habitualmente dos horas por autopista. Este viernes, casi el doble, aunque todavía alcanzaría el tiempo para hacer un tour de 8 horas por los Campos Elíseos, la Torre Eiffel y Montmartre por 150 euros. Paró de llover y los 8 grados que marca el termómetro podrían tolerarse con un buen abrigo para caminar a orilla del Sena. "Ni lo sueñen. Nadie se arriesgaría a llevarlos y traerlos en hora al aeropuerto", dice la mujer al volante, que con profesionalismo y charme francés intentará cambiar de conversación. Comenta entonces que Bruni está cantando Raphaul, dedicado a un ex novio, anterior a su relación con el ex presidente Nicolás Sarkozy.

Bicicletas por el Arco del Triunfo. Los parisinos se mueven en transpotes alternativos para evitar los embotellamientos ante el paro de transportes. Foto: Reuter

Bicicletas por el Arco del Triunfo. Los parisinos se mueven en transpotes alternativos para evitar los embotellamientos ante el paro de transportes. Foto: Reuter

El caos de tránsito que bordea la autopista N° 6, desde donde es posible ver la punta de la torre Eiffel, nada tiene que ver con la tranquilidad de Orléans, Tours o Amboise, unidas por la mágica y apacible ruta de los castillos. Desde allí se comenzó a desandar el viaje rumbo al Charles de Gaulle entre viñedos de uva Chenin, casas trogloditas y cazadores de zorros. Todo acompañado con el suave reflejo del sol matutino sobre el río Loira. Hasta que la ruta dejó atrás el río y se convirtió en una lenta autopista. Ahora es tiempo de "hacer tiempo" en el aeropuerto. Siempre quedará París.