El fracaso colectivo de las elecciones en Gran Bretaña

Internacionales
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Por Xavier Mas de Xaxá

Estas elecciones iban a figurar en los libros de historia. Nada debería ser lo mismo después de este voto. No sólo por el futuro de la

relación del Reino Unido con Europa sino con el mundo y, mucho más importante, con los propios ciudadanos británicos. Estas eran las elecciones más importantes en una generación. Frente al modelo conservador y anti europeo de Boris Johnson se enfrentaba el modelo socialdemócrata y también antieuropeo de Jeremy Corbyn. Los partidarios del centro moderado y pro europeo, los que iban a votar liberaldemócrata, habían quedado reducidos de nuevo a una minoría.

Los resultados de la votación ya se conocen, Johnson ha logrado la mayoría absoluta que deseaba y Corbyn se ha hundido, aunque el resultado es lo de menos porque ni tories ni laboristas tienen ni idea de cómo será el futuro y cómo afrontarlo.

Ninguno de los temas cruciales, vivir fuera de la UE y hacer frente a las importantes necesidades sociales de la población, se ha debatido a fondo. La campaña ha quedado reducida a la anécdota y a lemas sin contenido.

Los votantes han otorgado una holgada mayoría absoluta a Johnson de 364 escaños en detrimento de un Corbyn que se queda con 203 y que nunca ha hablado claro sobre nada que no sean quimeras socialistas como la semana de cuatro días laborables y la nacionalización de los servicios.

Corbyn era un marginal dentro del partido laborista hasta que, contra todo pronóstico, se hizo con las riendas en el 2015. El Labour defendió seguir en la UE durante el referéndum del 2016 pero él no hizo ningún mitin a favor de Europa. Más del 80% de los parlamentarios laboristas están en su contra. Sólo aceptó un segundo referéndum tras el fracaso en las europeas de mayo y en esta campaña ha evitado el tema. No ha dicho nada sobre el Brexit. No ha dicho qué hubiera votado en un segundo referéndum.

Johnson tampoco ha sido claro sobre nada que no fuera la promesa de sacar al Reino Unido de la UE el 31 de enero y cerrar un acuerdo comercial a finales del 2020. La fecha del 31 de enero es simbólica. No significará ningún cambio real para los británicos más allá de aquellos nacionalistas que sientan que han recuperado la vieja gloria del imperialismo precomunitario. Culminar una transición en once meses, con un acuerdo de libre comercio con la UE, es prácticamente imposible, sobre todo porque Johnson quiere convertir Londres en un Singapur financiero y Bruselas no lo permitirá.

Get Brexit done (hacer realidad en Brexitha sido su lema de campaña. Pero no quiere decir nada porque el Brexit no se acaba mañana, ni el 31 de enero ni el 31 de diciembre del 2020. Las negociaciones para pactar la relación futura con Europa serán largas y difíciles. El Reino Unido ha quedado dividido, una fractura que es ideológica entre la derecha y la izquierda, geográfica, entre Inglaterra, Irlanda del Norte y Escocia, y estratégica porque no hay una hoja de ruta para salir de la UE.

Johnson no sabe cómo afectará este divorcio a los salarios, los precios, los servicios y las manufacturas británicas. Ha dicho que los productos made in UK serán diferentes pero ¿estarán homologados para venderse en la UE? ¿Cómo ha de ser el acuerdo que permita este comercio? Nadie lo sabe. El Brexit cambia el marco comercial por el que se ha regido el Reino Unido durante casi 50 años y nadie ha planteado cómo será el nuevo.

El acuerdo de salida implica una frontera aduanera con Irlanda del Norte y ha vuelto a dar alas al independentismo escocés, que, según la encuesta de la BBC, ha obtenido 56 de los 59 escaños en juego en Escocia.

Johnson ha dicho tantas mentiras estas últimas semanas como durante la campaña del referéndum del 2016. Ha dicho que no habrá frontera comercial con el Ulster y ha prometido contratar a 21.000 policías, cuando los gobiernos conservadores de sus antecesores han despedido a 20.000 desde el 2010.

Estas elecciones han sido un gran fracaso colectivo porque la mayoría de los británicos apoya seguir en la UE y su voz no se ha tenido en cuenta. Los partidos europeístas, no han sido capaces de formar una alianza que hubiera convertido estas elecciones en un plebiscito sobre el Brexit. Tenían una oportunidad y la han dejado pasar. Han cometido un error que costará décadas superar.