Maniobras de los republicanos para que el juicio político a Donald Trump sea rápido

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Por discreción y seguridad, teléfonos, grabadores y cualquier objeto electrónico quedó afuera del solemne recinto revestido en madera. Los senadores se acomodaron en sus bancas y poco después de las 13

horas comenzaron a tomar nota con lápiz y papel, a la vieja usanza, de todos los detalles del proceso histórico que inició su etapa crucial en Washington: el juicio político contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo su primera sesión formal este martes con un duro debate sobre las reglas del proceso.

Cuatro meses después de que explotó el Ucrania-gate, los senadores deben decidir ahora, en un tribunal especial presidido por el jefe de la Corte Suprema, John Roberts, si Trump es culpable o inocente de los cargos de abuso de poder y de obstrucción del Congreso con los que fue imputado por la cámara de representantes. En caso de encontrarlo culpable debe ser destituido.

Trump es el tercer presidente en la historia de Estados Unidos en ser sometido a juicio político, después de Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1999, ambos exonerados. Pero es la primera vez que un mandatario es enjuiciado mientras enfrenta la reelección, ya que el magnate es candidato para los comicios de noviembre.

Por ahora todo indica que el presidente también será absuelto porque, más allá de la evidencia, es un juicio político donde el partidismo pesa y mucho. Se necesitan dos tercios de los votos del Senado para destituir a un mandatario. Los republicanos tienen 63 de los 100 senadores y los demócratas 47. Hasta ahora, los republicanos han permanecido inamovibles a favor de Trump, que observa el impeachment desde Davos, Suiza, donde se vanaglorió del éxito económico de su gestión y dijo que el juicio político es “una venganza política descarada”.

La etapa crucial del proceso arrancó este martes. Al comenzar la sesión, los senadores se sumergieron en una dura discusión que va más allá de la adopción de un simple reglamento porque se definía, por ejemplo, cuánto durará el impeachment y si se podrá citar a testigos e incluir documentos durante el proceso.

El jefe de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, buscó desde el comienzo lograr un juicio bien rápido, sin la presencia de testigos o documentos adicionales que puedan complicar al presidente. Al principio presentó un proyecto para que los argumentos de las partes se presentaran en 24 horas extendidas en dos días y sin la convocatoria de testigos para declarar. Como las sesiones comienzan a las 13, hora local, se convertía en una maratón de madrugada, con senadores agotados y con los estadounidenses durmiendo durante buena parte de las exposiciones que se transmiten en directo por televisión.

Ante las quejas demócratas, el republicano cambió el proyecto para extender las 24 horas de argumentos en tres días en lugar de dos, por lo que las jornadas serán un poco más soportables. No solo para el público sino también para los legisladores, que tienen por ejemplo prohibido el café: las estrictas reglas del proceso no les permiten beber más que agua y leche en el recinto.

La líder demócrata Nancy Pelosi acusó a los republicanos de querer “esconder la verdad al Senado y al pueblo estadounidense”. Su colega Schumer lo calificó de “vergüenza nacional”. Los oficialistas se defendieron con el argumento de que querían un proceso corto y que no querían sumergirse en vericuetos legales que complicara o extendiera el desarrollo porque debatir sobre citar o no a los testigos podría implicar cuestiones de privilegio.

Los demócratas quieren el testimonio de altos funcionarios, como el jefe de gabinete de Trump, Mick Mulvaney, y el ex asesor de Seguridad Nacional John Bolton, entre otros, con la expectativa de que aporten detalles de los intercambios del mandatario con Ucrania. Bolton dijo que estaba dispuesto a testificar, si lo citan.

También buscaban que pudieran presentarse ante la cámara nuevos documentos probatorios de las acusaciones contra Trump, a lo que se oponían los republicanos.

El legislador demócrata Adam Schiff, a cargo de la acusación contra el presidente dijo que los republicanos quieren un juicio “arreglado”. Para el jefe de la bancada demócrata en el Senado, Chuck Schumer, este proceso parece “diseñado por y para Trump” y lamentó la estructura del calendario al decir que “este será un juicio apresurado, con poca evidencia, en medio de la noche, literalmente”.

Los abogados del presidente, encabezados por Pat Cipollone, dicen que no hubo delito y que defienden a Trump como un “acto de patriotismo”.

Según la acusación, Trump intentó presionar a Ucrania para que interfiriera en las elecciones de 2020 en su favor, sugiriendo a su homólogo Volodimir Zelenski que investigara los negocios del hijo de Joe Biden, quien podría ser su rival demócrata en las presidenciales de noviembre. Después, según los opositores, obstruyó el trabajó de la investigación en el Congreso al negarse a que sus principales asesores testificaran.

Trump y Zelenski hablaron por teléfono el 25 de julio, conversación durante la cual el mandatario estadounidense lo habría presionado para que anunciara una investigación sobre Biden. Según los demócratas, Trump manipuló a Ucrania al retener cerca de 400 millones de dólares en ayuda militar.

Si el cronograma propuesto por los republicanos ve la luz verde, los demócratas expondrían sus argumentos el miércoles, jueves y viernes. El equipo de abogados de Trump lo haría el sábado, lunes y martes próximo. El 29 y 30 habría preguntas de los legisladores y el 31 se votaría sobre los testigos y los documentos. Si eso fracasa el Senado podría llevar a cabo ese mismo día la votación final.