Fue un alto mando militar de Suecia por 20 años, pero se descubrió que era un impostor

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Corría 1999 cuando un joven sueco, de quien no conocemos su identidad, se inscribió en la Escuela de Oficiales de Enköping, cerca de Estocolmo. Sus profesores descubrieron que el

joven había mentido sobre sus cualificaciones y lo expulsaron. Ningún problema, pensaría este joven, que creó entonces un diploma de oficial falso y empezó su carrera meteórica en las Fuerzas Armadas suecas.

Desvelada por el diario sueco Dagens Nyheter, la historia del impostor se convirtió en un escándalo político e hizo que el ministro de Defensa, Peter Hultqvist, y el jefe de las Fuerzas Armadas, Micael Bydén, tuvieran que testificar ante una comisión de investigación parlamentaria sobre la falta de controles en la milicia sueca. El ministro reconoció la gravedad del escándalo, pero no supo explicar cómo el hombre pudo pasar 20 años engañando a los militares.

Misión en el cuartel general de la OTAN

El impostor, que no tenía ni carnet de conducir, fue escalando en la jerarquía militar y asumiendo cada vez puestos de más responsabilidad y visibilidad, como cuando fue el elegido por Suecia cuando la OTAN​ (de la que no forma parte) ofreció al país participar en un nuevo sistema informático para gestionar el despliegue y la coordinación en Afganistán. El sistema, conocido como Afganistán Mission Network, lo usan 48 países y se gestiona desde el cuartel general de la OTAN en Mons, Bélgica, donde estuvo destinado el impostor.

Además de como alto cargo sueco en la OTAN, el impostor consiguió que lo enviaran a misiones militares en el extranjero. Pasó por Kosovo, por Mali, por Afganistán. Y fue subiendo en el escalafón. Accedió al rango de capitán y después al de mayor sin haber participado en los cursos obligatorios para esos ascensos. Después de participar en misiones en el extranjero fue incluso captado por los servicios secretos militares, para los que trabajó durante años sin que estos se dieran cuenta del engaño.

En 2018 empezó a destrabarse la madeja del fraude. Desde 2016 ocupaba un puesto en la comandancia de los guardacostas suecos cuando se presentó su candidatura para una nueva función, esta vez en el gobierno. Los mínimos controles de rutina detectaron entonces que había mentido en su currículum y que había falsificado sus diplomas.

A pesar de que la jefatura de los guardacostas informó inmediatamente al alto mando de las Fuerzas Armadas, a los servicios de inteligencia y a varios ministros, el impostor siguió en el cuerpo porque nadie se movió. Así llegó hasta noviembre pasado, cuando el escándalo llegó al Parlamento sueco y de ahí a la prensa.

El diario que desveló el escándalo consiguió entrevistar al impostor a cambio de aceptar mantenerle en el anonimato. En la entrevista dijo que mintió, pero que tampoco fue para tanto, que sólo fue “una exageración por las mismas razones que alegan los que embellecen sus currículums”.

El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas suecas dijo este jueves que “nada indica que se hayan difundido informaciones clasificadas que pudieran dañar la seguridad del país o la de nuestros aliados”. El ministro culpa a los militares por no haber detectado el escándalo. La oposición, conservadores y ultraderecha, acusa al gobierno de incompetente.

Bruselas, corresponsal