Nicolás Maduro ahora le toca el timbre a EE.UU. y quizá hasta le abran

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“Debemos ser el único país en el mundo con dos presidentes, dos congresos con sus dos jefes, y ninguno de ellos son capaces de hacer algo por nosotros”. Yara Marcano es

solo una residente de a pie de Venezuela​ y le hizo ese comentario lúcido y con enorme sentido común a un cronista del Financial Times. Una de las mejores descripciones del encierro que atrapa a su país y condena a su pueblo. Después concluyó resignada: “Honestamente he perdido noción de lo que está sucediendo en nuestra política”.

Tiene razón. El laberinto venezolano se ha enredado para todos más de lo acostumbrado con juegos inesperados de la nomenclatura bolivariana con el resto del mundo. Esta columna ya informó en extenso sobre la necesidad del régimen de recuperar el control del Parlamento, que había denostado, para legalizar lo que se está propagandizando como un nuevo paradigma petrolero en la abrumada nación caribeña. Ese paso lo demanda la aliada Rusia, pero concierne a una tribu multinacional que incluye a 15 empresas, entre ellas la china CNPC y la norteamericana Chevron​. Es decir el alto poder corporativo mundial que no suele detenerse en el orden político de los países en los cuales opera salvo en lo que se refiere a escudar sus intereses.

Esa urgencia de “legalidad” está en el trasfondo de la instauración a los golpes de un falso disidente al frente del Congreso, Luis Parra, para desplazar al líder opositor Juan Guaidó.​ La vulgaridad bananera de la maniobra lo mide el dato de que, hasta ahora, salvo Rusia, no han reconocido al nuevo “presidente” ni China ni Cuba​, las dos estrellas del recortado menú de aliados del chavismo. Pueden ser reacciones demoradas pero son gestos que se deben notar.

Juan Guaidó, el líder opositor en el blanco de las maniobras del chavismo. EFE

Juan Guaidó, el líder opositor en el blanco de las maniobras del chavismo. EFE

El siguiente paso del líder bolivariano, Nicolás Maduro, ha sido plantear en una extensa entrevista con The Washington Post su interés en abrir un diálogo directo con Washington y, en lo posible, con Donald Trump. En ese reportaje, el sucesor de Hugo Chávez marcó su desconcierto envidioso porque Trump corteja al dictador norcoreano Kim Jong-un pero, en cambio, le da la espalda al régimen venezolano que no diferiría demasiado del reino de Pyongyang.

Ese pataleo grotesco reconoce un punto interesante. La batalla de dominio entre EE.UU. y la dupla de Moscú y Beijing incluye necesariamente a Venezuela, que es un patio trasero del Kremlin en una región que tiene un mandamás histórico. No sucede igual con el reino norcoreano pese a que es un satélite chino. Kim ha obtenido todo lo que quiso de Washington, hasta blanquear su inquietante desarrollo militar con la decisión agregada de Trump de anular los ejercicios militares en la región para no perturbar al peculiar déspota asiático. La explicación puede hallarse en que Venezuela, precisamente, se encuentra en el backyard de la potencia norteamericana. Atento a esa realidad la diáspora de ese país en Florida camina mano a mano con la anticastrista. Cualquier movimiento contra Caracas, como sobre Cuba, puede medirse en votos en los comicios generales de noviembre próximo en los cuales Trump busca la reelección. Ese Estado es clave para allegar representantes al Colegio Electoral. No se cosecha lo mismo con la lejana Pyongyang.

Lo más significativo del diálogo de Maduro con el diario norteamericano, sin embargo, fue más allá de esa protesta pueril. Aparece en una propuesta de ida y vuelta de negocios con los que el líder chavista intenta refundar la relación con la potencia norteamericana a la que hasta ahora ha culpado de todo lo existente y por existir. “Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política”, decía filoso el muy polémico Claude Lévi-Strauss.

Luis Parra, el chavista que hace de disidente y fue impuesto como titular del Parlamento. Reuters

Luis Parra, el chavista que hace de disidente y fue impuesto como titular del Parlamento. Reuters

En palabras del periodista que hizo la entrevistó en Miraflores, Maduro sugirió que “una bonanza podría estar esperando a compañías petroleras estadounidenses si se levantan las sanciones y se reinicien las relaciones diplomáticas”. No es una oferta totalmente temeraria. Se produce en momentos de una recuperación del mercado del crudo mundial con alzas de 34,5% el año pasado, según la web OilPrice.com que acaba de publicar un análisis de título elocuente: “El fin de una década oscura para los energéticos”. Con ese trasfondo, Lo que late bajo las movidas venezolanas es una reversión de las nacionalizaciones del petróleo ​que llevó adelante el fundador del experimento bolivariano. Venezuela tiene las reservas mayores del mundo, por encima de Arabia Saudita, y ese negocio ahora podría comenzar a abrirse, idealmente, de la forma en que era cuando se repartían el poder los tradicionales partidos AD y Copei de la mítica Venezuela Saudí.

Este juego, que por momentos parece un cuento absurdo, exhibe señales en la dirección que espera el cacique venezolano. La permanencia de la multinacional Chevron en el país caribeño dependía en estas horas de que el gobierno norteamericano le renovara un waiver, el permiso para operar con las empresas chavistas del ramo salteándose las sanciones impuestas por EE.UU. Esas penalidades generan un sitio económico similar al que afecta a Cuba o a Irán con sanciones si se cruzan esas líneas. El permiso vencía este miércoles 22 de enero. Pero 48 horas antes el Departamento del Tesoro renovó la luz verde por otros tres meses, acatando una insistente sugerencia del canciller de Trump, Mike Pompeo​, que pretextaba que conviene que una multinacional norteamericana permanezca en el país para cuando “las cosas cambien”. ¿Cuáles serían esas cosas y cuáles sus cambios? El mismo canciller ha revelado que hay negociaciones de algún tipo con los jefes de la nomenclatura.

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Maduro, con soberbia y desenfado, insistió que no hablará de elecciones con Trump y menos de dejar el poder. Propone, en cambio, “pensar más en grande. En las relaciones binacionales dentro de cinco, 10 años, y el resto del siglo 21”. Chevron está asociada con la estatal PDVSA en un joint venture llamado Petroboscan que produce alrededor de 200 mil barriles por día. La parte de la norteamericana, propietaria del 30% de esa sociedad ronda los 34 mil barriles de piso diarios. La agencia Reuters señaló recientemente que Chevron perdió 104 millones de dólares en los nueve primeros meses del año pasado. Es un rojo importante, pero de no haber existido el waiver, la firma debería retirarse del país resignando 2.700 millones de dólares en activos.

El presidente ruso, Vladimir Putin y Nicolás Maduro. La manos que mecen la cuna. DPA

El presidente ruso, Vladimir Putin y Nicolás Maduro. La manos que mecen la cuna. DPA

Esto explicaría parte de la argumentación que esgrime Pompeo, pero el mismo comportamiento de abrir el juego en Venezuela lo ha tenido EE.UU. con la rusa Rosneft, la china CNPC y un puñado de petroleras de la India a las que, también, se la deja actuar en libertad en el país caribeño sin preocuparse por las sanciones. El resultado es que la producción de crudo ha venido aumentado ligeramente en diciembre por encima de los registros de febrero de 2019 aunque en niveles históricamente bajos hasta 700 mil barriles diarios. Ese giro de las cosas contribuyó a aliviar siquiera mínimamente el derrumbe de seis años que sufre la economía venezolana y que experimenta una dolarización creciente, estimulada por el propio régimen y que hoy involucra al 53% de todas las operaciones según sondeos de Econalítica. De modo que, muy lateralmente, casi furtivo, hay un pulmotor funcionando sobre el Caribe que dispara un enjambre de interrogantes.

Maduro plantea llamar a elecciones este año, pero parlamentarias, para intentar blanquear la recuperación del Legislativo. Será en el segundo semestre. Ha invitado a la Unión Europea o a la ONU a observar ese comicio, para remarcar que esta vez no habrá esos modos de “fraude patriótico” que la dictadura venezolana aplica cuando teme perder el control. Este caso no admite esos vicios. El fraude, en todo caso, lo acomete pero previamente con la compra de disidentes que han roto con sus partidos opositores, como el mismo Parra del otrora poderoso Primero Justicia, y que reclaman ante la Corte colonizada por el chavismo que los reconozcan a ellos como titulares de esas formaciones. De modo que en la elección se presentará la oposición tradicional usurpada y travestida por estos esperpentos.

Lo central, fuera de esa mala anécdota, es una complicidad inesperada que parece insinuarse para que esto ocurra. O la ambición de esa complicidad. Pronto se sabrá.
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