Cartas de amor de la Segunda Guerra Mundial: promesas escritas y rotas

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Se conocieron en Boston cerca de la Navidad de 1943, cantaron y tocaron la guitarra en casa de ella y se dieron un beso que él dijo que

nunca olvidaría.

En 1944, Leslie Upcraft, un inglés, estaba a bordo del buque HMS Cubitt, prestando servicio en la Marina Real británica, mientras su novia, Barbara Russo, alumna de secundario que soñaba con ser piloto, seguía en su Boston natal.

Durante un año, él le escribió cartas apasionadas que prometían casamiento y amor eterno.

“Si tan sólo pudiéramos estar juntos pronto, querida, daría cualquier cosa para estar de nuevo contigo”, le escribió él en diciembre de 1944. “Estoy tan seguro de que volveré a ti después que termine esta terrible guerra”.

Lamentablemente, no lo hizo.

Upcraft más tarde se enteraría a través de amigos de que su novia estadounidense se había comprometido con otra persona durante la guerra, de acuerdo con las cartas que Russo recibió de la familia de él. Upcraft luego se casó con otra mujer.

Pero su intenso romance epistolar forma parte permanente de una enorme colección de cartas similares guardadas en el Museo Nacional de la II Guerra Mundial de Nueva Orleans.

Al acercarse el 75 aniversario del fin de la II Guerra Mundial​, el museo ha puesto de relieve miles de cartas de amor de soldados y marineros a sus esposas y novias. Las cartas de Upcraft están entre numerosas colecciones que el personal está digitalizando para que estén más accesibles y puedan ser leídas online en todo el mundo. (El Museo no posee las cartas escritas por Russo.)

Una de las cartas de amor del Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial./ Foto: The National WWII Museum vía The New York Times

Una de las cartas de amor del Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial./ Foto: The National WWII Museum vía The New York Times

Toni Kiser, directora adjunta de gestión de colecciones del museo, dijo que las misivas muestran cómo lo impredecible y horroroso de la guerra obligaba a las personas a hablar efusivamente de sus sentimientos, dejando de lado el temor al rechazo o la humillación. También son conmovedores recordatorios de que la escritura de cartas en otra época fue tan ubicua como el envío de correos electrónicos o mensajes de texto, aunque más romántica.

“Realmente me sorprendió con cuánta pasión y frecuencia los hombres jóvenes de entonces le escribían a su novia”, dijo Kiser. “Cuando di una conferencia sobre esto, dije: ‘Hombres de hoy. Tienen que mejorar su juego’”.

Se han encontrado cartas de amor de la guerra en tiendas de cosas usadas, entre los objetos retirados por las empresas de desalojos y en eBay, donde tienen un precio que puede llegar a los 500 dólares.

A través de los familiares de veteranos de la II Guerra Mundial, el museo recolectó las cartas enviadas a personas amadas, miembros de la familia y amigos. El museo posee otros objetos, entre ellos viejas recetas para hornear durante el racionamiento de azúcar y vestidos de novia hechos con paracaídas.

La seda también estaba racionada en esa época, explicó Kiser. Japón fabricaba la mayor parte de la seda del mundo y la guerra interrumpió su importación a los Estados Unidos, haciendo que ese material fuera sumamente raro. Los soldados que encontraban paracaídas hechos de seda los retiraban de los campos de batalla y los enviaban a casa, donde a menudo se los usaba para confeccionar vestidos, dijo Kiser.

La iniciativa para recolectar cartas de veteranos comenzó hace unos veinte años y desde entonces el museo recibió miles de misivas en las que se juraba amor verdadero y se expresaba el dolor de la soledad y la desesperación.

Una carta fechada simplemente con “Mar(tes). Tar(de)” de una mujer llamada Pat al subteniente W. Dale Brown del Cuerpo Aéreo del Ejército está atravesada por la desesperación.

“En la radio están pasando ‘Si pudiera estar contigo una hora esta noche’”, comienza. “Sinceramente no sé qué me pasa. Todo lo que sé es que quiero estar contigo. Incluso después de lo que me contaste anoche, quiero verte”.

Ella le escribiría una docena de cartas llenas de sentimientos similares.

Pero no era la única amiga por correspondencia de él, según Kiser.

La familia de Brown entregó una colección de decenas de cartas que incluían doloridas misivas de por lo menos cuatro mujeres. Preguntaban por qué él no había escrito, por qué no las llamaba ni les decía que había sido transferido o por qué no había ido a verlas cuando estaba de licencia, contó Kiser.

Eventualmente, las cartas de Pat se interrumpieron.

“Adivino que ella descubrió lo que él hacía”, dijo Kiser.

El museo incluso tiene cartas de ruptura, la mayoría de ellas de mujeres, señaló Kiser.

Qué fue lo que acabó con la relación entre Upcraft y Russo no está claro.

En diciembre de 1944, él le escribió otra carta en el primer aniversario de su primer encuentro.

“Estoy decidido a volver a ti”, escribió Upcraft. “Me haría muy feliz, querida, que fueras mi esposa. Esta es una propuesta de aniversario, Barbara. ¡Por favor di que sí!” La respuesta de ella es un misterio porque el museo no tiene las cartas que le escribió a Upcraft.

Él más tarde le envió algunas tarjetas de Navidad pero poco después ella dejó de recibir cartas, según los funcionarios del museo.

Más tarde, él se enteró de que ella se había comprometido con otra persona.

La madre de Upstart le escribió a Russo en abril de 1945 para expresar su confusión ante el hecho de que ella no se lo hubiese comunicado con su hijo personalmente y que él tuviera que enterarse del compromiso por intermedio de amigos.

Las cartas de Upcraft fueron donadas al museo hace más de doce años por la familia de Russo. Los funcionarios del museo no pudieron encontrar información de contacto actual sobre ellos.

Kiser dijo que no pudo evitar conjeturar que Russo todavía tenía sentimientos por Upcraft.

“Ella debe tener aún una fuerte conexión con él y la cartas dado que las conservó durante setenta años”, señaló.

Por María Cramer, The New York Times

Traducción: Elisa Carnelli