Cruzar el puente de Brooklyn es una pesadilla, y la culpa la tiene El Chapo

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Desde hace un año hasta ahora, hay una pesadilla en el transporte, propia de Nueva York, causada por el caso de Joaquín Guzmán Loera, el narcotraficante mexicano, rey de la droga,

más conocido como El Chapo.

Por una medida muy inusual, Guzmán será sometido a juicio en Brooklyn, aunque, debido a su tendencia a escaparse de la cárcel, está encerrado en una prisión federal de máxima seguridad en Lower Manhattan.

Aproximadamente cada algunos meses, siempre que lo llaman a declarar al tribunal, sucede algo horrible: la policía debe cerrar al tránsito todo el puente de Brooklyn, dejando varados a cientos de automovilistas, mientras el mayor narcotraficante del mundo es trasladado atravesando el puente sobre el Río Este, en una caravana veloz de autos blindados.

Y cuando el juicio comience en noviembre, el tráfico empeorará porque Guzmán necesitará ser custodiado a lo largo del trayecto dos veces al día, durante cuatro meses. Estos cortes sucederían, de manera muy inconveniente, justo durante las horas pico a la mañana y a la tarde.

"El Chapo" Guzmá, cruza el Puente de Brooklyn, en Nueva York (EE.UU.). (EFE)

"El Chapo" Guzmá, cruza el Puente de Brooklyn, en Nueva York (EE.UU.). (EFE)

Este embotellamiento temporario causado por el sistema de justicia penal no solo ha molestado a quienes usan el puente, sino que les ha dado a los abogados de Guzmán, argumentos para quejarse. A comienzos de este año, le pidieron a un juez que cambiara la sede del juicio a Manhattan, o incluso a Filadelfia, basándose en que el “espectáculo” de cerrar al tráfico, una arteria importante, podría perjudicar a un jurado de viajeros suburbanos, en contra de su cliente.

El Juez Brian M. Cogan reconoció el martes que los dolores de cabeza causados por el tránsito a los automovilistas de la ciudad (y a los potenciales miembros del jurado eran “preocupaciones válidas”, aunque dijo que, a pesar de eso, había decidido mantener a Brooklyn como lugar del juicio.

Sin embargo, prometió esforzarse para ahorrarles más traumas con el tráfico a los neoyorquinos. En una audiencia en el Tribunal de EE.UU. en Brooklyn, el juez comentó que había trabajado con el Cuerpo de Alguaciles para encontrar una solución al problema, aunque no dio ninguna pista de cuál era la solución.

Esto planteó algunos interrogantes. ¿Guzmán sería transferido a una prisión federal menos segura, aunque más conveniente en Brooklyn? ¿Sería transportado en helicóptero todos los días? ¿O viajaría en una embarcación cruzando el río?

Nadie parecía saber nada, o si lo sabían, no lo decían. El Servicio de Alguaciles, responsable del traslado de los acusados, no respondió las llamadas telefónicas para pedir comentarios. El Departamento de Transporte de la ciudad derivó todas las inquietudes al Departamento de Policía de Nueva York. A su vez, la policía no dijo nada.

Hablando con los periodistas después de la audiencia, uno de los abogados de Guzmán, William B. Purpura, especuló que los alguaciles alojarían a Guzmán en el juzgado de Brooklyn, o cerca de allí durante los días que dure el juicio, pero, dijo que no estaba seguro de si su cliente regresaría a Manhattan durante los fines de semana.

“Ya lo hicieron antes en otros procesos judiciales", agregó Purpura, “cuando construyeron allí unas instalaciones”.

Todas estas preocupaciones son necesarias porque Guzmán, 61, se ha escapado dos veces de cárceles de máxima seguridad en México; una vez, de acuerdo con su relato, escondido en un canasto de ropa del lavadero, y otra vez, a través de un túnel de un kilómetro y medio cavado en la ducha de su celda.

Cuando Guzmán fue extraditado a Nueva York el año pasado para enfrentar cargos por dirigir un imperio criminal extenso y violento, los agentes federales prometieron que no habría túneles esta vez. Lo ubicaron en lo que se denomina 10 South, el ala más segura de la cárcel federal más segura de la ciudad, el Centro Correccional Metropolitano.

Allí, Guzmán está encerrado tras las rejas 23 horas por día y tiene prohibida la visita de la mayoría de sus allegados, a excepción de los miembros de su equipo de abogados. Sus abogados han argumentado que las duras condiciones de encierro han obstaculizado su capacidad para prepararse para el juicio.

La acusación más aleccionadora que el gobierno ha hecho hasta el momento en el caso es que Guzmán personalmente ordenó las muertes de miles de personas durante la década de su reinado al frente del cartel de drogas de Sinaloa.

En los últimos meses, los fiscales federales comenzaron a revelar los nombres y las formas de asesinato, de algunas de sus supuestas víctimas, que incluyen a integrantes de Los Zetas, un cartel de drogas rival, a quien dicen que él le disparó en la cabeza después de relajarse durante el almuerzo.

Aunque muchos de los que fueron asesinados en aquellos años solo fueron identificados por sus rótulos jerárquicos: “informantes,” por ejemplo, o “miembros de las fuerzas de seguridad”.

En la audiencia del martes, Cogan dijo que se sentía inclinado a excluir del juicio una parte de la evidencia relacionada con estos asesinatos descriptos de manera imprecisa, lo que limitaría seriamente la cantidad de asesinatos que el jurado del caso finalmente podría conocer. Cogan agregó que planificaba publicar una orden sobre el tema de los asesinatos más adelante esta semana.

El otro abogado de Guzmán, A. Eduardo Balarezo, se ha quejado de la falta de detalles relacionados con estos asesinatos, diciendo que es casi imposible defender a su cliente cuando todo lo que el gobierno le ha revelado es, solo por dar un ejemplo, que Guzmán asesinó a una cantidad incalculable de “socios anónimos” que traicionaron al cartel de droga en algún momento entre 1989 y 2014.

“Defendemos este caso con las manos atadas y un ojo tapado", afirmó Balarezo.

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