Revocar autorización de seguridad de la CIA es como la prohibición de viajar, por Noah Feldman

Internacionales
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 La decisión del presidente Donald Trump, anunciada el miércoles, de revocar la autorización de seguridad del exdirector de la CIA John Brennan demuestra que el presidente aprendió
la lección de la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso de la prohibición de viajar, Trump vs. Hawái: puede salirse con la suya pisoteando los principios constitucionales básicos si disfraza su acción de un simulacro de "poder ejecutivo".

Al igual que con la prohibición de viajar, Trump tomó una medida que habría sido inimaginable para cualquier otro presidente moderno. Es (o más bien era) una norma bipartidista permitir a ex altos funcionarios mantener sus autorizaciones.

Eso no significa que exfuncionarios sean informados regularmente sobre material clasificado. No están incluidos en las comunicaciones. Más bien, mantienen sus autorizaciones para que puedan ser informados de asuntos clasificados en caso de ser necesario o útil para el gobierno.

Por ejemplo, un presidente puede querer recibir consejos de exfuncionarios sobre un problema actual de política exterior o inteligencia. O los líderes actuales pueden querer preguntar a sus predecesores sobre algún tema en el que su conocimiento pasado es esencial. Todo eso es mucho más fácil si los funcionarios mantienen la autorización.

La práctica también ayuda con la continuidad del gobierno. Funcionarios anteriores podrían regresar más tarde a sus agencias, y ahorrará tiempo y trabajo si no necesitan obtener nuevamente la autorización. Pueden llegar a sus trabajos listos desde el día uno. Trump está ignorando los intereses a futuro asociados a esta norma.

Al igual que con la prohibición de viajar, es obvio que la medida de Trump esta vez más bien está motivada por un propósito ilegítimo: castigar a un funcionario público jubilado por ejercer la libertad de expresión. Brennan –y los otros funcionarios de la administración de Barack Obama a quienes Trump está considerando inhabilitar– no han hecho nada para merecer que se les retiren sus autorizaciones. Pero ellos y Brennan han criticado al presidente.

Es absurdo pensar que criticar a Trump hace a Brennan de alguna manera "errático" como sugirió Trump. Todo el mundo sabe que la decisión de Trump se basa en sus opiniones.

Retirar la autorización de Brennan viola el espíritu– y posiblemente la letra– de la Primera Enmienda. Restringe la libertad de expresión para cambiar el estado de autorización de un funcionario en función del contenido de las opiniones que expresa. De la misma manera, la prohibición de viajar violó la noción básica de que el gobierno no debe discriminar según la religión.

Y en el caso de Brennan, al igual que con la prohibición de viajar, Trump sabe o se le informó que los tribunales no le impedirán burlar valores constitucionales porque su acción teóricamente está al centro de sus facultades presidenciales. En el caso Trump vs. Hawái, la opinión del juez presidente John Roberts enfatizó que tomar decisiones de inmigración de conformidad con una autorización del Congreso estaba "al centro de la responsabilidad ejecutiva". Usó esa caracterización como una excusa para no profundizar en los verdaderos motivos de Trump, insistiendo en que importaba que la prohibición de viajar fuera "neutral".

La autorización de seguridad es otra área donde la Corte Suprema durante mucho tiempo ha considerado la facultad del presidente como una razón para que los jueces no revisen las decisiones ejecutivas. En el caso más destacado, el Departamento de la Marina vs. Egan, la corte esencialmente dijo que, dado que el presidente es comandante en jefe, tiene la discreción para decidir sobre las autorizaciones de seguridad, y los tribunales no deberían cuestionar la sustancia de sus determinaciones.

Ciertamente, los problemas legales con respecto a Brennan son más complicados que eso. Una buena explicación de la posibilidad de revisar los procedimientos del presidente (no la sustancia) de revocar la autorización se puede leer aquí. Y también se ha argumentado que los tribunales posiblemente no deseen permitir que el presidente ataque descaradamente la libertad de expresión revocando autorizaciones.

Pero aparte de los tecnicismos, la conclusión es que sería muy fácil que la Corte Suprema sostenga –y es casi seguro que lo hará si se le pide– que la decisión de Trump es esencialmente irreprochable salvo que haya dado una decisión por su acción que fuera neutral. El precedente para hacerlo sería, lo adivinó, Trump vs. Hawái, donde Trump también dio una apariencia de neutralidad a la prohibición en su tercera iteración.

Aquí, el barniz de neutralidad es que Trump puede decir que Brennan mostraba una "conducta y comportamiento erráticos". Ciertamente es absurdo. Pero esta es la cuestión: también lo fue la afirmación de Trump de que la prohibición de viajar no estuvo motivada por un sesgo antimusulmán. Todo esto significa que el desastre que fue la decisión de Trump vs. Hawái ya está teniendo consecuencias en el mundo real.

Los jueces conservadores, especialmente Roberts, se pueden haber consolado por respaldar a Trump diciéndose a sí mismos que la prohibición de viajar fue algo puntual. No fue así. Por el contrario, la Corte Suprema habilitó a Trump en el caso de la prohibición de viaje al permitirle violar valores constitucionales básicos. La revocación de seguridad de Brennan sigue. Y habrá más. Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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