Cuando un desastre ecológico se transforma en una atracción

Internacionales
Lectura

Muynak, Uzbekistán — La feroz tormenta de viento que castigó a este puerto en desuso a fines de la primavera boreal sorprendió incluso a un ecologista local resignado desde hace

mucho a la devastación causada por la desaparición del Mar de Aral, que alguna vez fue enorme.

Una neblina espesa y punzante recibió al ecologista, Gileyboi Zhyemuratov, cuando salió de su casa ese día de mayo. “Cuando uno abría la puerta, veía todo blanco como la nieve”, dijo Zhyemuratov, de 57 años, descendiente de una generación de pescadores de un lugar donde ya no hay peces.

Un barco arruinado por la sal en la costa del mar de Aral, entre Uzbekistán y Kazajistán./ Reuters/ Archivo

Un barco arruinado por la sal en la costa del mar de Aral, entre Uzbekistán y Kazajistán./ Reuters/ Archivo

Durante tres días, el temporal arrojó cieno del antiguo lecho marino de la que una vez fuera la cuarta masa de agua interior más grande del planeta. Corrió un tupido velo sobre el cielo y dejó a los habitantes del antiguo puerto, Muynak, al oeste de Uzbekistán, masticando arenilla salada. Hasta la lluvia se volvió salobre, lo que obligó a los espantados agricultores a tratar de salvar sus cultivos.

Mientras la tormenta arreciaba, Vladimir Zuev, piloto ruso retirado y devenido operador de tours, estaba sentado a la sombra de su pérgola, donde los enanos de jardín son un busto de Lenin y otros íconos soviéticos.

“Era imposible ver”, dijo. “La sal estaba seca pero se adhería a la piel y era difícil quitarla. Apenas se la podía eliminar con agua”.

Las flores de su jardín se marchitaron.

Paradójicamente, el desastre de origen humano que estrangula a la ciudad se ha convertido en su principal atracción en los últimos años. El turismo está en auge.

“Mucha gente quiere ver una crisis ecológica”, dijo Vadim Sokolov, responsable de la rama uzbeka del Fondo Internacional para Salvar al Mar Aral.

Donde antes las olas lamían el faro del puerto, ahora hay pesqueros oxidados abandonados sobre el lecho arenoso, como huesos de dinosaurios blanqueándose al sol.

Una selfie del cementerio de barcos ha pasado a ser indispensable para los fanáticos de Instagram.

Turistas se toman fotos en los restos de barcos oxidados deonde alguna vez había un mar, en Muynak./ Sergey Ponomarev para The New York Times

Turistas se toman fotos en los restos de barcos oxidados deonde alguna vez había un mar, en Muynak./ Sergey Ponomarev para The New York Times

Ali y Poline Belhout, matrimonio parisino de unos 30 años, hicieron escala en Muynak en su viaje de un año alrededor del mundo. “Es triste ver que hace unos años había un mar y que ahora es sólo una tumba para barcos”, dijo ella. “Ver lanchas atracadas de esa manera es un poco raro”.

Hoteles, cibercafés y hasta una fiesta electrónica

Muynak, que antes no tenía hoteles, ahora tiene tres, además de un cibercafé, y el gobierno está organizando un festival de música electrónica para el 14 de septiembre. El mar, que desapareció de Muynak alrededor de 1986, ahora está a más de 120 kilómetros. La única vista de agua está en el modesto museo local, con sus ajadas fotografías y nostálgicos óleos de un horizonte que alguna vez fue azul.

La tormenta sin precedentes de mayo pasado confirmó un sombrío diagnóstico: las consecuencias ambientales de la pérdida del Mar Aral se están intensificando.

Cementerios de barcos, en Muynak, Uzbekistán. / Instagram

Cementerios de barcos, en Muynak, Uzbekistán. / Instagram

La desaparición del mar “no es sólo una tragedia, como han dicho muchos, sino también un peligro activo que se desarrolla ante nuestros ojos”, dijo Helena Fraser, directora del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en Uzbekistán.

El problema del Mar de Aral no es nuevo. Los cinco estados de Asia central crearon el Fondo Internacional para Salvar al Mar de Aral, o IFAS, hace 25 años, aunque se niegan a cooperar para solucionar problemas clave como la distribución del agua.

Esto ha obstaculizado cualquier solución, además de los dudosos métodos agrícolas de estilo soviético y la quijotesca lucha por un megaproyecto que mágicamente recuperará el mar.

Un anticuado planeamiento centralizado determina qué granos deben cultivarse, dijo Yusup Kamalov, presidente de la Unión para la Protección del Mar Aral y el Amu Darya, uno de los dos ríos que alimentan el mar. En lugar de riego por goteo, técnicas en general pasadas de moda consumen el 80 por ciento del agua disponible.

“Todavía estamos en la época soviética en lo que hace a la agricultura”, dijo Kamalov. “Es por eso que no espero que haya ningún cambio”.

El origen del problema

El origen del problema se remonta a unos 60 años atrás, cuando el premier soviético Nikita S. Khrushchev decidió industrializar la agricultura en toda Asia central a pesar de su aridez. Los ríos Amu Darya y Syr Darya fueron desviados a canales de irrigación que regaban campos de trigo y algodón. Para cuando la Unión Soviética cayó en 1991, el Mar de Aral ya estaba retrocediendo. Aun cuando las cifras de distribución del agua existente lo estrangulaban, los países de Asia central firmaron un acuerdo para mantenerlas en pie.

Tanto Turkmenistán como Uzbekistán todavía cultivan algodón, aunque una iniciativa para acabar con el trabajo forzado para cosecharlo en Uzbekistán y la reducción del suministro de agua han llevado a una disminución de los cultivos.

El cambio climático también ha intensificado la escasez de agua. Los glaciares de las montañas de Turkmenistán y Kirguistán que alimentan a ambos ríos se están achicando.

El Mar de Aral. (NASA), una maravilla natural que va a desaparecer./ Archivo.

El Mar de Aral. (NASA), una maravilla natural que va a desaparecer./ Archivo.

De toda el agua que fluye al Amu Darya desde la cordillera del Pamir, menos del 10 por ciento llega al Mar Aral. El mar seco, que ahora se ha reducido a aproximadamente el 10 por ciento de su superficie original, es 29 metros menos profundo y tan salobre que ya no tiene peces ni muchos otros organismos vivos.

En un viaje reciente a Muynak, algunos expertos internacionales quedaron boquiabiertos cuando su ómnibus cruzó un puente sobre el Amu Darya porque un delgado arroyuelo se abría paso dificultosamente por el ancho lecho arenoso. Sin embargo, a lo largo del camino, los arrozales estaban inundados de agua pese a una directiva del gobierno de que se cultiven otros granos.

“Podemos ver el problema justo delante de nuestros ojos. Es absurdo, completamente absurdo que cultiven arroz aquí”, dijo François Brikké de La Sociedad Mundial del Agua, organización de gestión del agua de Estocolmo.

Los gobiernos y los agricultores locales suelen hacer caso omiso de los esfuerzos de conservación, dijo Sokolov. Cuando el precio del arroz se duplicó debido a informes de que el cultivo se limitaría, algunas zonas se apresuraron a sembrar.

Hubo más protestas durante el almuerzo cuando los mozos sirvieron enormes fuentes de arroz de origen local con carne, especialidad del Asia central llamada plov. Boriy B. Alikhanov, el anfitrión y líder de la facción parlamentaria uzbeka del Movimiento Ecológico del país, sugirió que tratar de reformar los patrones de consumo de agua pasaba por cambiar tanto la tradición como las técnicas agrícolas. “Es un problema cultural”, señaló.

Antes de que el mar desapareciera, Muynak era un pujante puerto de 25.000 habitantes. La mayoría trabajaba en los pesqueros o en la fábrica de enlatados. Alrededor del 20 por ciento de todo el pescado que se consumía en la Unión Soviética provenía de las aproximadamente treinta especies del Mar Aral.

Además de aniquilar la industria pesquera, la desaparición del mar dio lugar a una nefasta serie de problemas de salud como enfermedades pulmonares y renales y un aumento de la mortalidad infantil. Además, sin el efecto moderador del viento que soplaba sobre las aguas, los veranos son más cálidos y los inviernos más fríos en toda la región.

El vecino Kazajistán pudo concretar la única hazaña significativa para restaurar el mar. En 2005 construyó una gran presa de tierra para contener las aguas del río Sur Darya dentro de una cuenca más pequeña.

La presa revitalizó lo que a veces recibía el nombre de Pequeño Mar Aral o Mar Aral del Norte, con 30 metros de agua en algunos lugares. Los peces, que antes habían desaparecido, ahora prosperan, junto con ocho plantas procesadoras, dijo Marat T. Narbayev, subdirector de IFAS en Kazajistán.

Un barco abandonado yace sobre una salina en la costa del mar de Aral, cuyas aguas se ven al fondo, en Akespe, Kazajistán. /Reuters/ Archivo

Un barco abandonado yace sobre una salina en la costa del mar de Aral, cuyas aguas se ven al fondo, en Akespe, Kazajistán. /Reuters/ Archivo

La ciudad kazaja de Aralsk, ubicada en el otro extremo del Mar Aral y devastada como Muynak, podría recuperarse como puerto pesquero ahora que el mar está a sólo 16 kilómetros.

Si bien el sueño de recuperar todo el mar en gran parte ha sido abandonado, los especialistas quieren que se extraiga menos agua de los ríos. Para ello, dijeron los funcionarios, los países de Asia central deben abordar el delicado proceso de renegociar la distribución del agua y coordinar programas de asistencia, incluido el producto de un fondo fiduciario de la ONU que se abrirá próximamente.

“Hoy el principal objetivo es mitigar las consecuencias del desastre del Aral”, dijo Alikhanov del Movimiento Ecológico. “En la historia moderna de la humanidad, nunca ha ocurrido que todo un mar pereciera frente a los ojos de una generación”.

Todos los lagos salinos, en peligro

Rastros de ruedas de un auto quedan gravadas en el suelo salino cerca del mar de Aral, en Kazajistán. / Reuters/ Archivo

Rastros de ruedas de un auto quedan gravadas en el suelo salino cerca del mar de Aral, en Kazajistán. / Reuters/ Archivo

El caso del Mar de Aral no es el único. Los grandes lagos salinos en todo el mundo como el Mar Muerto, el enorme Lop Nur de China y el Lago Poopó de Bolivia, están deteriorándose a un ritmo alarmante.

Los lagos salinos son críticamente importantes para la vida silvestre, la industria y la salud humana. Proporcionan hábitat para aves migratorias, minerales para industrias extractivas y oportunidades recreativas, con lo que son económicamente importantes. Por ejemplo, el Gran Lago Salado, al oeste de Estados Unidos, tiene un valor económico de 1.320 millones de dólares por año.

Cuando están llenos, los lagos salinos protegen a los residentes cercanos de las tormentas de polvo creadas por los lechos secos del lago. Este polvo causa asma y otras enfermedades respiratorias como se demostró después de la desecación del mar de Aral.

Fuente: Neil Macfarquhar © 2018 New York Times News Service y Europa Press

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS