Donald Trump en la ONU: una agenda que acentúa los extremismos

Internacionales
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Con una ancha cuota de inconsciencia, que representa las aguas que mejor navega, Donald Trump se autoelogió a extremos que provocaron risas al iniciar su discurso en la 73°

Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero el mensaje no fue cómico. Más allá de las exageraciones, se basó en la autoridad que exhiben los buenos números de la economía norteamericana para plantarse frente a la comunidad internacional con una agenda que acentúa sus conocidos extremismos.

Un dato de esa mirada parcial y contradictoria que la Casa Blanca esgrime sobre el mundo se notó en su repudio por el aumento incesante del petróleo, que acaba de tener otro pico, sin precedentes en casi un lustro. Sin embargo, al mismo tiempo defendió sus políticas de aislamiento sobre Irán, que es una de las razones de ese salto del crudo.

En su mensaje no hubo una sola mención a Rusia y su gobierno ni tampoco al drama del cambio climático, que para el secretario general de la ONU António Guterres ocasiona que el mundo esté “en riesgo de perder el control si no se cambia el trayecto en los próximos dos años”.

Las palabras de Trump resultaron una retahíla de advertencias y reconocimientos de que la globalización no está en su interés, ni tampoco cómo funcionan las Naciones Unidas o el sistema de comercio mundial.

Para el mandatario, el planeta sigue siendo una cuestión sencilla pasible de ser manejada a la distancia.

Sostuvo que haber trasladado la embajada norteamericana a Jerusalén en absoluto complica las gestiones de paz con los palestinos.

Y denunció que Israel está bajo “amenaza de aniquilación” por parte de Irán, un aserto difícil de comprobar al menos durante la actual gestión de dos periodos del gobierno moderado de su colega Hassan Rohani.

El extenso tramo que dedicó a Irán incluyó una demanda al mundo para que genere “un aislamiento total” de la potencia persa justo cuando la Unión Europea, aliado teórico de Washington, anunciaba mecanismos que permitan mantener abierto el comercio con el país asiático.

Sobre China reivindicó la aceleración de la guerra comercial que saltó este lunes hasta más de 250 mil millones de dolares de productos sancionados, una política que está deteniendo el ritmo de crecimiento mundial. Llamó "amigo" al presidente chino Xi Jinping, pero remarcó como “inaceptable” el funcionamiento de la balanza comercial binacional.

El único comentario sobre Rusia se vinculó al enorme gasoducto que construye ese país para conectar con Alemania, lo cual pone nervioso a Washington por considerar que Berlín debería comprarle a Estados Unidos el gas que necesita, a despecho de los precios.

La mención sobre Venezuela fue formal y audaz, por la exigencia de una vuelta a la democracia o el pronóstico de un golpe militar que acabe con el régimen. Pero lo importante es que el comentario que destacó a ese único país latinoamericano en el discurso, indica el crecimiento de la crisis de ese país en la agenda norteamericana, posiblemente también, luego de los acuerdos con China que han integrado al país caribeño a la órbita neta de Beijing.

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