En 136 años de construcción, la Sagrada Familia jamás pagó un impuesto, hasta ahora

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Si existiera un registro de morosos -tan temido como el Veraz- para el patrimonio de la Humanidad, la Sagrada Familia hubiera figurado allí: la ambiciosa basílica de Antoni Gaudí, en perpetua

construcción desde 1882, jamás pagó un impuesto.

Pero la noticia, que el mítico Gaudí se perderá del mismo modo que tampoco vio concluida la obra maestra de su vida que tiene fecha de final de obra para 2026, es que la junta constructora de la iglesia-símbolo de Barcelona y el Ayuntamiento acordaron regularizar la situación. Durante diez años, la Sagrada Familia le pagará a la la ciudad 36 millones de euros que se invertirán en mejorar la zona de acceso a la basílica y calmar el fastidio de los vecinos que soportan el sinfín de visitantes que, de día y de noche, copan ese barrio, que lleva el nombre de la iglesia, del Eixample barcelonés.

Numerosos turistas en la entrada de la Sagrada Familia./ EFE archivo

Numerosos turistas en la entrada de la Sagrada Familia./ EFE archivo

El año pasado, 4,5 millones de personas pagaron 15 euros de entrada para recorrer la Sagrada Familia por dentro. A esta marea de turistas se sumaron otros 20 millones más que la visitaron desde afuera, sin entrar.

“Es histórico”, dijo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, sobre el acuerdo que permitirá la construcción de una estación de subte con acceso directo a la iglesia y un mejor ordenamiento del tránsito.

Este año, la Sagrada Familia gastará 50 millones de euros en obras que, sin embargo, aún no contemplan la polémica escalinata proyectada por Gaudí en la fachada de la Gloria, sobre la calle Mallorca, que incluiría la expropiación de unas 150 viviendas.

Pocos saben que el proyecto original y la primera piedra de la Sagrada Familia no estuvieron en manos de Gaudí. Fue el arquitecto Francesc de Paula Villar quien inició las obras pero abandonó el proyecto, paradójicamente, por desacuerdos con el Ayuntamiento de la época, asunto que poco le importó al modernista Gaudí, quien se hizo cargo de la construcción en 1883 y le sumó su gusto desbordado por mezclar estilos arquitectónicos.

Turistas fotografían en Barcelona, la Sagrada Familia./ dpa archivo

Turistas fotografían en Barcelona, la Sagrada Familia./ dpa archivo

Gaudí y sus ideas tan desmesuradas como imponentes permanecieron 43 años al frente de la Sagrada Familia. El arquitecto fue el director de las obras hasta que un tranvía lo atropelló en la puerta de la basílica donde pasaba día y noche, el 7 de junio de 1926.

La comenzó a crecer en alto gracias a un permiso tramitado ante el Ayuntamiento de Sant Martí de Provencals, en 1885, incluso antes de que fuera anexado a Barcelona. Nunca después se volvió a gestionar una licencia de obras.

Un grupo de turistas admiran la fachada de la Sagrada Familia ./ EFE

Un grupo de turistas admiran la fachada de la Sagrada Familia ./ EFE

Gaudí siempre pensó en la Sagrada Familia como un vínculo entre lo terrenal y lo celestial. Por eso la montó sobre 18 torres que miden, no por casualidad, 172,5 metros cada una. Quería llegar al cielo y que su basílica se convirtiera en la más alta de toda Barcelona pero con una advertencia: una obra realizada por el hombre jamás debía superar a la de Dios. Por eso mantuvo la altura de las columnas de la Sagrada Familia por debajo del monte barcelonés por excelencia, el Montjuïc, que mide 173 metros.

Dentro de la Sagrada Familia no hay ni una sola línea recta. “La recta es del hombre; la curva es de Dios”, había dicho Gaudí. Estar al día con los impuestos, esa parte del pecado original que arrastran los mortales, parece no haber estado en sus cálculos.

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