Las cinco razones por las que las exportaciones no arrancan

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Septiembre trajo el primer superávit de la balanza comercial en 20 meses. El saldo a favor de US$ 314 millones es un reflejo del impacto de la suba del tipo de

cambio en combinación con la recesión. Aun así, aunque las condiciones para las exportaciones a priori han mejorado, las ventas de productos argentinos al exterior no levantan cabeza. En septiembre las exportaciones bajaron 4,8%, mientras que las importaciones cayeron 21,2%.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anticipó que en los próximos meses habrá resultados superávitarios en la balanza comercial. Para el Gobierno y también para la mayoría de los analistas, en 2019 las exportaciones serán la locomotora que traccionará la recuperación de la actividad. Pero aunque el dólar duplicó su valor en lo va del año, el amperímetro de las exportaciones no se movió. Apenas crecieron 3,5% en el año. Y la proyección de la consultora Ecolatina es que el 2018 cerrará con una suba de 3%.

¿Por qué la devaluación no tracciona sobre las exportaciones?

Hay cinco motivos centrales: la sequía, la desaceleración de Brasil, el efecto inflacionario, la falta de apoyo a los potenciales exportadores y las razones estructurales.

El principal factor que este año les jugó en contra a las exportaciones fue la sequía. Desde la Fundación Mediterránea indican que "la generación de divisas netas asociada al complejo sojero fue duramente afectada este año por la sequía. El aporte neto del complejo (exportaciones menos importaciones) se ubicaría en US$ 11.240 millones, con un ajuste de unos US$ 4.860 millones respecto al 2017".Desde el Ministerio de Hacienda destacan que si se aísla el fenómeno de la sequía, la foto general de las exportaciones mejora. Si se excluyen las exportaciones de oleaginosas y cereales, en los primeros nueve meses del año el resto de las exportaciones tuvo un incremento es de 8,1%.

La situación del principal socio comercial de la Argentina es otro de los factores que jugó en contra. Este año Brasil crecerá en torno al 1% y aún no recuperó todo lo que perdió con los dos años de recesión que sufrió entre 2015 y 2016. Para Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma, "con la mayor sequía en 50 años y Brasil sin auge, es muy difícil, por no decir imposible, que las exportaciones no caigan en Argentina. Iban a caer, con este u otro tipo de cambio real. Esa era la constante".

Otro de los elementos centrales es el efecto inflacionario, que en años anteriores fue carcomiendo las ventajas que por momentos otorgaba el tipo de cambio. La consultora ACM apunta que "no hay que perder de vista la apreciación real del peso que pueda surgir en lo que resta del año. Esto puede disminuir la mayor competitividadprecio lograda en los últimos meses".

Entonces a los goles en contra de la sequía, el estancamiento de Brasil y la inflación, se le suman las dificultades estructurales del sistema productivo argentino y la falta de estímulos a los que están empezando. Falta de acuerdos comerciales, problemas de logística, ausencia de financiamiento para los que recién empiezan y baja escala para producir conforman el lastre que deben vencer los exportadores. Según Martín Alfie, de Radar Consultores, "el salto del tipo de cambio es más que nada una ventana de oportunidad para los sectores que ya exportan". El economista señala que no basta con que el dólar esté en un nivel alto. "Desarrollar un nuevo negocio de exportación es un proceso complejo, que lleva años, y puede implicar elevados costos iniciales. Por eso es necesario que su nivel sea percibido como sostenible y estable. El contexto inflacionario hace prever que la competitividad lograda en estos meses se irá erosionando gradualmente. Eso desincentiva lanzarse a exportar, desarrollar negocio, buscar un nuevo cliente."

Además, el economista apunta que hay factores que son más decisivos que el tipo de cambio. "Las ventas a Brasil son mucho más sensibles al crecimiento de ese país que a la variación del tipo de cambio. Hay varias políticas públicas que pueden implicar cambios en la competitividad no-precio que son más importantes que el tipo de cambio aunque sus impactos suelen verse más en el largo plazo. Por ejemplo, la apertura de nuevos mercados y eliminación de barreras no arancelarias".

Aunque buena parte de las dificultades estructurales persistirán, la expectativa del Gobierno es que el año próximo las exportaciones crezcan 20% apalancadas por el trigo y la energía que genera Vaca Muerta. También las ventas al exterior de servicios y el turismo serán fuente de ingreso de dólares. Y con la consolidación de la recuperación de Brasil, las automotrices tendrán un espaldarazo y podrán llegar con las pick ups a más mercados de la región. Solo de parte del complejo sojero se espera que haya un aporte adicional de US$ 5.000 millones, un tercio del crecimiento que el Gobierno pronostica para el año próximo.

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