Piden que conviertan el predio donde vivía Sheila en una plaza para el barrio

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Tristeza, rabia e impotencia, son algunos de los sentimientos que se viven en el Barrio Trujui de San Miguel. Tras el asesinato de Sheila Ayala, se percibe una tensión constante: el

barrio quedó dividido y en estado de violencia. En medio de un conflicto entre vecinos que crece día a día, ahora surgió un pedido: la gente quiere que hagan una plaza en el predio donde encontraron el cuerpo de la nena de 10 años que fue asesinada.

“Tienen que sacar a los que viven ahí y hacer una plaza, un comedor o un jardín de infantes para los chicos del barrio”, dice Natalia Colizza, una vecina que repite un pedido que hace eco en las calles de Trujui. También se profundizó la discriminación hacia los residentes paraguayos, vivan o no dentro del lugar conocido como “Campo Tupusay”: un término que deriva del guaraní “tupãsy” (Virgen María) .

“Yo no puedo tener frente a mi casa un lugar en donde no se sé lo que ocurre. Tengo miedo de dejar a mis nenes jugando en la calle. Ahí no dejaban entrar ni a las ambulancias ni a la policía”, dice quien vive en Caseros y Maestro Ferreyra, a metros del lugar donde habrían matado a Sheila y vivían sus tíos, detenidos y principales sospechosos. “Últimamente se hablaba de que apostaban en peleas con los chicos del barrio. Queremos que construyan una plaza iluminada, con cámaras, donde los pibes puedan ir a jugar. Queremos la tranquilidad de saber quién vive y qué se hace al lado de nuestros hogares”, dice Eduardo Moré, otro vecino. “Lo mejor sería que le encuentren un lugar para vivir a las familias que están ahí, agrega Bernarda, que hace más de 20 años vive a una cuadra del lugar.

El barrio Trujui tiene un sector que pertenece al partido de Moreno y otro a San Miguel. Está ubicado entre el Camino del Buen Ayre y la Ruta 23. Aunque quedó casi militarizado después del caso de Sheila, las calles son como las de cualquier barrio postergado del Conurbano: hay nenes de hasta 10 años caminando por las veredas, grupos jugando a la pelota y chicos haciendo los mandados. En las esquinas los adolescentes se juntan a tomar cerveza y, dicen quienes viven ahí, que el narcotráfico es cosa de todos los días.

Vallado. Hoy no se puede acceder al predio conocido como "Campo Tupusay". Agentes municipales de San Miguel aseguran que lo bloquean por una obra de asfalto.

Vallado. Hoy no se puede acceder al predio conocido como "Campo Tupusay". Agentes municipales de San Miguel aseguran que lo bloquean por una obra de asfalto.

“Se dice que los de adentro del campo son narcos pero los mismos pibes salen de ahí para ir a comprar. Así que no creo que sea cierto. Hay droga como en muchos barrios”, describe Gabriela, que tiene 15 años.

En el lugar hay rumores de desalojo inminente. De hecho, muchas familias que vivían en el lugar se están mudando por su cuenta. El predio cerrado por muros, portones, árboles y las mismas casas ocupa unos 20.000 metros cuadrados (dos manzanas). Supo ser una caballeriza y luego perteneció a un vecino conocido como “el Viejo Camacho”, paraguayo, quien montó allí una bailanta que el Municipio clausuró en 2009. Una vez fallecido, sus herederos lo vendieron a la empresa de recolección Panizza, que lo adquirió ya ocupado e inició el juicio de desalojo. En el lugar especulan con que lo ocurrido va a acelerar el proceso.

Hoy agentes de la Policía Bonaerense bloquean las puertas de hierro que fueron apedreadas el jueves pasado, cuando encontraron el cadáver de Sheila. Hay patrullaje constante y también controles de gendarmería en la calle Gaboto, un acceso a Trujui. También vigilan efectivos de Seguridad del Municipio de San Miguel.

“Antes no se veía a ningún patrullero dando vueltas. Desde lo que pasó, pasan todo el tiempo”, expresa Mariela, que vive en el Barrio Mitre, también en el Oeste de San Miguel.

Los vecinos dicen que desde hace nueve años no pueden entrar al Tupusay. “Antes atravesábamos todo el campo para llevar a los nenes a la Escuela N°18, caminábamos tres cuadras. Hoy no se puede pasar y tenemos que hacer como ocho para rodear el predio”, narran.

En la Comuna explican que están mediando para abrirlas. “Estamos interviniendo entre la empresa propietaria y los residentes para, al menos, abrir las puertas”, dicen desde el Municipio. “Si desalojan no depende de nosotros, el lugar es privado y no podríamos hacer una plaza sin el consentimiento de los dueños”, explican. Clarín intentó hablar con Panizza, pero se limitaron a responder que “el dueño está de viaje, vuelve en una semana y es el único que puede responder”.

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