Tragedia y misterio del "Titanic" soviético

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Con la Wehrmacht de Hitler a tan sólo 27 kilómetros de Moscú, Stalin presidió el 7 de noviembre de 1941 un simbólico desfile militar para conmemorar la revolución bolchevique,

pero sobre todo para infundir ánimos y valor al ejér­cito, y en especial a una población que temía que se repitiese lo sucedido en 1812, cuando la ciudad fue abandonada a Napoleón.

Fue un desfile emotivo, que comenzó a las 8 de la mañana para que la baja visibilidad evitara los ataques de la aviación alemana. La historiografía moderna rusa considera este legendario desfile como el revulsivo que enardeció al Ejército Rojo para rechazar al invasor. “El amanecer de una victoria todavía lejana”, como apuntó el escritor Vladímir Kárpov. De hecho, marcó el inicio de la contraofensiva soviética que cambió el curso de la batalla de Moscú.

Sin embargo, lejos de la capital soviética, ese mismo día se produjo una catástrofe que, perdida en medio de la gran tragedia que fue esa guerra, ha pasado casi olvidada. Un barco hospital, el Armenia, se hundió en el mar Negro con miles de personas a bordo, soldados heridos, pero también mujeres y niños que intentaban escapar del avance de los nazis en la península de Crimea. Se calcula que hubo cuatro veces más fallecidos que en el hundimiento en 1912 del trans­atlántico británico Titanic, convertido en símbolo de las catástrofes de la navegación.

Hubo explosiones, pánico, gritos de la gente, todo mez­clado en una pesadilla indescriptible. La gente iba por la cubierta sin saber dónde protegerse. Yo salté al mar y empecé a nadar

Anastasía Popova, pasajera

El Armenia formaba parte de una flota de barcos para uso civil que empezaron a construirse en la Unión Soviética en la década de 1920, cuando el nuevo país comenzaba a recuperarse de la guerra civil. En los astilleros Baltiski de la entonces Leningrado se comenzó a trabajar en una serie de naves que iban a ser destinadas a las rutas marítimas que unían Crimea con el Cáucaso. Por eso, se les destinaron nombres de varias regiones de esa zona. El primero en botarse sería el Adzharia, en 1927. Le siguieron el Crimea, el Georgia, el Abjasia, el Ucrania y, finalmente, el Armenia.

Con 107,7 metros de eslora y una manga (anchura) de 15,5, este último era capaz de desplazar 5.770 toneladas y ­tenía capacidad para 950 pasajeros, además de una tripulación de 96 integrantes. Pero ese 7 de noviembre de 1941 al barco se subieron muchísimos más.

El motivo es que desde el inicio de la Gran Guerra Patriótica, como llaman en Rusia a su parte de la Segunda Guerra Mundial, el Armenia se puso al servicio del ejército. Esto lo llevó a los astilleros de Odessa, donde lo reconvirtieron en un hospital flotante, preparado para transportar y atender hasta a 400 heridos. En agosto de ese 1941 entró en servicio, bajo el mando del capitán Vladímir Plaushevski.

Pero a los pocos días su misión cambió de repente. El ejército alemán llegaba a Odessa y el barco se dedicó a labores de evacuación, no sólo de los heridos, sino también de la población civil que huía del invasor.

Los pasajeros suben al barco hospital 'Armenia' de la Unión Soviética.

Los pasajeros suben al barco hospital 'Armenia' de la Unión Soviética.

Esa labor continuó después. El 4 de noviembre, el Armenia partió de Tuapsé con dirección a Sebastopol, hacia donde avanzaba el ejército alemán para hacerse con el estratégico puerto de esa ciudad. El día 6, Plaushevski recibe la orden de hacer escala en Yalta ­para subir a bordo a refugiados y activos locales del Partido. Cuando llegó a Yalta, en el puerto había una gran multitud. No todos pudieron subir a bordo, como recordaba hace dos años en Argumenti i Fakti Vera Chistova, que entonces tenía 9 años: “Papá compró los billetes, y yo y mi abuela teníamos que irnos de Yalta en el Armenia. La noche del 6 de noviembre había mucha gente en el muelle. Primero subieron a los heridos, luego a los ci­viles. Nadie comprobaba los billetes y en la pasarela se amontonó toda la gente. Los más atrevidos subieron al barco por los cables. El embarque terminó al amanecer, pero nosotras no logramos subir. Cientos de personas se quedaron en el muelle”.

Oficialmente, iban a bordo 5.000 personas, aunque se admite que podría haber hasta 7.000, y hay versiones que aumentan la cantidad. En ese momento, por supuesto, nadie hizo una lista para registrar los datos de los pasajeros.

Final en cuatro minutos y misterio

A la misma hora que comenzaba en Moscú el desfile de la plaza Roja, el Armenia zarpó acompañado de dos barcos ­militares y vigilados por dos aviones de combate soviéticos. El almirante de la flota del mar Negro, Filipp Oktiabrski, declararía luego que había ordenado al capitán que ­esperase hasta la noche, para navegar de forma segura. Pero quedarse en el puerto tampoco era seguro, ya que en Yalta no había defensa antiaérea y el barco habría sido un fácil objetivo para los aviones de la ­Luftwaffe.

Se estima que en el Armenia iban 5000 pasajeros. Pero no se descarta que su número llegara a 7000.

Se estima que en el Armenia iban 5000 pasajeros. Pero no se descarta que su número llegara a 7000.

Uno de ellos, un bombardero Heinkel-111 que buscaba barcos soviéticos en la ruta Crimea-Cáucaso, atacó al barco hospital a las 11 horas y 25 minutos de esa mañana. “No es posible que los pilotos alemanes no vieran las cruces rojas” pintadas en el casco y en el puente, escribió Leonid Repin en su columna del Komsomólskaya Pravda, recordando el aniversario.

Tras recibir un torpedo en la proa, el Armenia tardó cuatro minutos en hun­dirse. Sólo se salvaron ocho personas. “Hubo explosiones, pánico, gritos de la gente, todo mez­clado en una pesadilla indescriptible. La gente iba por la cubierta sin saber dónde protegerse. Yo salté al mar y empecé a nadar. Me desmayé. No recuerdo cómo llegue a la orilla”, explicó después una de ellas, Anastasía Popova, vecina de Yalta.

La noticia llegó enseguida a Moscú. Stalin fue informado a la hora de la comida. En la capital había otras preocupaciones. La mayoría de los 24.000 soldados que habían participado en el desfile se fueron directamente al frente, donde comenzó la contra­ofensiva soviética contra los nazis.

Después, del Armenia se han ocupado con más insistencia los historiadores. En la primera década de este siglo Ucrania inició trabajos de búsqueda sin resultados concretos. El lugar exacto donde se hundió sigue siendo un misterio.

Por Gonzalo Aragonés, corresponsal en Moscú de La Vanguardia

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