Carlos Alvarez: "Para mi generación, Cuba es un lugar del que hay que zafar y huir lo antes posible"

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Carlos Manuel Alvarez representa la nueva generación de periodistas y escritores cubanos. Actualmente vive entre La Habana y México DF. Proviene de una familia comprometida con la revolución cubana, pero él

es sumamente crítico. Considera que la fractura generacional es parte de la vida cotidiana de los cubanos. Reconoce que hubo cierta apertura con las reformas introducidas por Raúl Castro, aunque ahora ve que el proceso se fue cerrando. De visita en Buenos Aires, invitado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de America Latina (CADAL), dialogó con Clarín sobre la actualidad en Cuba.

¿Qué cambió en Cuba con la salida de Raúl Castro y la llegada de Díaz Canel?

Estructuralmente no ha habido ningún cambio. Donde sí hubo cambios sustanciales fue durante el periodo de Raúl Castro. Los años de Raúl como presidente hubo cierta apertura, sobretodo en la propiedad privada pequeña. Pero luego hubo pasos de reversión en ese sentido, básicamente porque el régimen teme perder el control político. Hubo una reforma migratoria muy importante que les permitió a los cubanos salir sin un permiso especial. Esto dinamizó muchas cosas, algo que antes no pasaba. La Habana de la que yo salí en 2015 es totalmente diferente de la que vivía.

Carlos Manuel Alvarez cuestiona al gobierno cubano por la falta de libertades. (Silvana Boemo)

Carlos Manuel Alvarez cuestiona al gobierno cubano por la falta de libertades. (Silvana Boemo)

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¿Se puede hablar de una transición generacional con Díaz-Canel?

Sí, pero es meramente formal. ¿Qué ha mostrado hasta hoy Díaz-Canel que lo distinga de la ideología y las convicciones de la generaciones que se supone viene a sustituir? Nada, absolutamente nada. La pregunta que todos se hacen es si este es un político que está haciendo lo que le toca hacer ahora y en algún momento hará la transición, como ocurrió en países que tienen una historia similar a Cuba, o es lo mismo. Pero a mí, es un tipo bastante carente de imaginación, de astucia y de inteligencia. No le apuesto muchas cartas. Para mí es básicamente un inepto, por la forma en que expresa sus ideas.

¿Los sectores más conservadores siguen teniendo el control?

Yo creo que el control lo tienen los militares. Y ahí está el problema. Estamos militarizados y eso es sumamente peligroso. No te da margen de nada, no te da margen de libertad política real. Y, además, tienen el poder económico. Las empresas más o menos prósperas en Cuba, como el turismo, están en sus manos también. Ese es el gran tema. Los militares tienen el poder total.

La vida en La Habana cambió, afirma el escritor Carlos Manuel Alvarez. (EFE)

La vida en La Habana cambió, afirma el escritor Carlos Manuel Alvarez. (EFE)

¿Hacia dónde se dirige Cuba en este momento?

Lo que están construyendo hoy es un capitalismo de Estado en Cuba. Hay cierta apertura de la propiedad privada a las corporaciones, a los negocios con el Estado. Y, por otra parte, un control político de la ciudadanía, de la pequeña y la mediana empresa. Entonces están haciendo negocios con corporaciones y básicamente están vendiendo el país. A nivel formal mantienen la misma fachada de siempre. Pero Cuba hoy, diría con absoluta seguridad, ya tiene su camino trazado y no tiene nada que ver con el socialismo, el comunismo o cualquier otra ideología.

¿Qué pasó con las reformas iniciadas por Raúl Castro?

Se frenaron. No había ninguna razón económica para frenar eso que iba prosperando. Sólo había que fiscalizar, evitar la corrupción, la evasión, pero eso no se hizo porque no hay un sistema fiscal y de control eficiente en Cuba. Pasó lo que pasa en muchos lugares: cuando el Estado no puede ejercer un control efectivo hace que otros carguen con la culpa de la ineficiencia y corta por lo sano. Bueno, eso es lo que pasó. Lo frenaron, lo asfixiaron, lo coartaron muchísimo.

En Latinoamérica, muchos aún ven a Cuba con cierto idealismo. ¿Cómo es la mirada de tu generación?

Mi generación la ve de manera muy distinta. Mi generación se ancló en la decepción, el escepticismo, y aprendiendo de manera muy visceral de la experiencia de generaciones anteriores que creyeron, que confiaron. Pero nosotros crecimos en un marco donde Cuba es totalmente distinta. Hubo un parteaguas importante que fue el derrumbe de la Unión Soviética. La Cuba de los primeros 30 años es completamente distinta de la Cuba de los últimos 25. Esa marca cronológica divide generaciones. La anterior generación tenía un acercamiento a Cuba, especialmente desde el dogma. El signo de mi generación es distinto. Para nosotros, Cuba no es faro de nada. Lo vemos como un lugar del que hay que zafar, y huir lo más pronto posible.

Una imagen del Che, en un mural de La Habana. (AFP)

Una imagen del Che, en un mural de La Habana. (AFP)

Muchos dirían que Cuba logró muchas cosas

Este es un tema que sale recurrentemente en mis charlas, o conversaciones por ahí. Muchas veces me veo en la obligación de poner en disputa lo que muchos latinoamericanos siguen creyendo de Cuba. Cuando yo me encuentro con algún fundamentalista defensor de Cuba en algún lugar, directamente renuncio a tener algún tipo de discusión o intentar convencerlo de algo. En el caso cubano, hoy, los hechos son suficientemente contundentes como para que cada cual pueda llegar a esta conclusión por sí mismo. Si tu no tienes la honestidad intelectual de mirar Cuba y de concluir lo que es muy fácil de concluir, difícilmente yo te pueda convencer de algo que tu no te quieres convencer. Para mí se trata de un asunto fundamentalmente de fe. Yo puedo entender de donde de viene y lo que significó Cuba. Pero uno tiene que guiarse por los hechos. Para llegar a este lugar debes atravesar un recorrido muy íntimo, esencial e importante. Una cantidad de cosas que tienes que romper y que tienes que pasar para asumir una cuestión crítica. Si uno francamente quiere a Cuba, tiene que tener una mirada crítica.

¿Hay un quiebre generacional a causa de este tema?

Claro, hay muchas disputas. Por ejemplo sobre los términos, el lenguaje, que es lo que a mí me interesa. Con mis padres, básicamente el conflicto ha sido que ellos han tenido una relación más cercana, apegada, emocional, filtrada por los afectos, con la figura de Castro en la revolución. Hablan de un socialismo que se puede mejorar. Y yo siento que esta mirada niegan los hechos. Entonces se da un conflicto que, en cierta medida es irresoluble. Yo puedo entender por qué la generación anterior piensa como piensa, y creen en lo que creen. Mi padre, por ejemplo, viene de padres analfabetos y creció en el campo, donde a la gente se le caían los dientes a los 20 años por la pobreza y la miseria. Y sin embargo se recibió de médico. Yo entiendo su lugar. Si él renunciara a eso, no hablaría bien de él. Pero mi lugar es otro. Entonces pasa eso mucho. Esas fracturas generacionales las hay, son muy evidentes.

¿Cómo viven los cambios que se dieron en la relación con EE.UU. A raíz de la llegada de Trump?

Yo diría que no hay un cambio de dirección. Lo que hay es una detención del proceso que se venía dando. Porque ese proceso es ya imposible de detener. No es reversible. Trump es un instrumento de los políticos cubanos del Congreso, que son los que dirimen, negocian y perfilan la política exterior con Cuba. A Trump, Cuba no le interesa en lo absoluto. Si verdaderamente este proceso fuera reversible y Estados Unidos quisiera volver a la política de la Guerra Fría, un tipo como Trump sería la figura perfecta para eso. Trump, un reaccionario, parece el límite de todas las cosas en ese sentido. Si ni siquiera con él se ha vuelto al estado anterior, es evidente que eso no va a ocurrir. Tampoco desde Cuba hay un regreso tan feroz, tan explícito y tan agresivo de la retórica anterior. Hay como un paréntesis. En algún momento se va a reanudar.

Hace poco dijiste que eras pesimista sobre el futuro de Cuba. ¿Seguís pensando lo mismo?

Absolutamente. Hay una parte del futuro de Cuba que ya fue determinada por decisiones del pasado. Hay errores que se cometieron que se siguen pagando a mediando y largo plazo. No es que hoy nosotros podamos hacer algo para mejorar el futuro de Cuba. Hay errores que se cometieron y que debemos pagar el precio. No vamos a salir impunes de ellos. De ahí mi pesimismo.

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