Brexit: la Unión Europea no está dispuesta a renegociar el acuerdo

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El acuerdo entre europeos y británicos para que el Reino Unido salga de la Unión Europea de forma ordenada no tenía ni 24 horas de vida cuando en Londres empezaron los

ataques a la primera ministra Theresa May. Alegan sus detractores que May negoció un mal acuerdo por elBrexit y le exigen que vuelva a Bruselas a buscar uno mejor.

May sabe que el pacto es el mejor que podía obtener y que en Bruselas sólo se encontrará puertas cerradas a pesar de algunos de sus ministros dicen que no dimiten sólo para intentar cambiar el acuerdo.

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Desde la capital europea las voces son unánimes. El acuerdo es el que es, le guste más o menos a los británicos. Tienen tres opciones: lo aceptan, lo rechazan y salen abruptamente de la Unión Europea destrozando su economía o simplemente suspenden el Brexit y siguen en el bloque como hasta ahora. Es un lo tomas o lo dejas. O, en palabras de la alemana Angela Merkel: “No hay ninguna razón para seguir negociando nada”.

El jueves Merkel marcó la línea: “Tenemos un documento sobre la mesa, sobre el que el Reino Unido y los otros 27 nos hemos puesto de acuerdo. Es la razón por la cual, para mí, no hay ninguna razón de seguir negociando nada”. Fuentes diplomáticas comunitarias lo dejaban claro desde el miércoles: “No hay margen de maniobra”.

El holandés Mark Rutte, posiblemente el más pro-británico de los actuales jefes de gobierno europeos, dijo que es “altamente improbable que hagamos cambios” en el acuerdo. El mensaje a Londres es cristalino: este acuerdo, ningún acuerdo o suspendan el Brexit.

Ni en Bruselas ni en las principales cancillerías del bloque hay intención alguna de renegociar el texto. Y en caso de abrir ese melón, lo que sí hay en algunos gobiernos, como el español, el francés o el belga, es la idea de que el negociador europeo Michel Barnier fue demasiado blando. Creen que el acuerdo podría endurecerse para que sea aún más favorable a los intereses europeos. Quieren que queden más claros los artículos que pretenden impedir que el Reino Unido haga dumping fiscal o laboral para competir contra la Unión Europea.

Si el texto del acuerdo (585 páginas) no se toca, aseguran diplomáticos en Bruselas, sí podría tocarse la pequeña declaración política (7 páginas) anexa al acuerdo y que prefigura la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea. Adelantar detalles de esa relación sería la forma de la Unión Europea de ayudar a May a “vender” el acuerdo en Londres.

La Comisión Europea sabe que es una mera declaración política sin valor legal pero entiende que a May le resulta útil. Ahí podría incluirse una referencia más sustanciosa en la que Londres y Bruselas se comprometieran a buscar en el futuro la mejor relación posible, sobre todo en materia comercial.

Los dirigentes europeos se reunirán el domingo 25 en Bruselas para aprobar el acuerdo. Esa cumbre se celebrará, según explicó el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, “salvo circunstancias extraordinarias”. Es decir, salvo que una rebelión de los conservadores eurófobos haga caer a May y ponga en el poder a un primer ministro que prefiera sacar a su país sin acuerdo o que convoque elecciones anticipadas.

Ese escenario dejaría al Reino Unido casi sin tiempo. Podría pedir un aplazamiento de la fecha de salida del bloque (el 29 de marzo de 2019), pero esa petición debería ser validada por unanimidad por los otros 27 gobiernos, que difícilmente aceptarán una prórroga que vaya más allá de un mes y medio. A mediados de mayo hay elecciones europeas y nadie entendería que en ellas participaran los británicos. Ese aplazamiento además se haría únicamente para negociar detalles, no para abrir toda la negociación.

Lo que parece una postura europea intransigente hacia la primera ministra May en realidad podría ayudarle a vender el texto: o la Cámara de los Comunes lo aprueba tal cual o el país se arriesga a un accidente económico grave (el FMI calcula que sin acuerdo el PBI británico caería hasta un 8%) o, anatema para los eurófobos, a suspender el Brexit.

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