China advierte a los EE.UU. que nadie le dará ordenes sobre su desarrollo

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El presidente de China, Xi Jinping, reivindicó ayer la potencia económica del gigante asiático y advirtió que “nadie está en posición de dictarle al pueblo chino lo que debería hacer”, en

un discurso cargado de promesas y consideraciones nacionalistas, pero que resultó frustrante para los mercados ya que no hubo referencia alguna al tema más preocupante: las negociaciones con Estados Unidos por la guerra comercial.

Si bien Xi sostuvo que esperaban un crecimiento “firme” del comercio exterior del país durante el año próximo, no logró despejar la incertidumbre que genera el conflicto con Estados Unidos. Al no haber una referencia directa al tema, los mercados entendieron que las negociaciones estaban más complicadas de lo que se teme.

El presidente Xi Jinping (izq) junto al primer ministro Li Kequiang poco antes de iniciar el discurso sobre la transformación impulsada por Deng Xiaoping hace 4 décadas. (AP)

El presidente Xi Jinping (izq) junto al primer ministro Li Kequiang poco antes de iniciar el discurso sobre la transformación impulsada por Deng Xiaoping hace 4 décadas. (AP)

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Esto hizo que la Bolsa china cayera durante el discurso del jefe de Estado y cerrara finalmente con una baja del 1,04%. Hubo una repercusión directa sobre los mercados de la región y de Europa, donde el descenso osciló entre 0,26% y 1,27%.

El mensaje de Xi rechazando cualquier interferencia extranjera se produjo durante la celebración de los 40 años de reformas económicas en China, un giro que se inició en 1978 y la convirtió en la segunda economía mundial. La ceremonia se realizó con gran pompa en el Salón del Pueblo de Beijing, donde el presidente chino desglosó los logros de la potencia asiática y ratificó que profundizará la apertura al mundo.

Sin embargo, no anunció ninguna iniciativa nueva para contrarrestar una desaceleración económica y las fricciones comerciales que tiene con Estados Unidos. Las dos primeras potencias económicas del planeta están sumidas en un virulento diferendo comercial desde hace meses, con la aplicación mutua de aranceles, algo que preocupa a todos los mercados globales.

La imponente ceremonia en el Gran Salón del Pueblo de Beijing. (AfP)

La imponente ceremonia en el Gran Salón del Pueblo de Beijing. (AfP)

El discurso no tranquilizó tampoco a los empresarios privados ni a las compañías extranjeras, quienes esperaban que Xi aprovechara la ocasión para anunciar medidas concretas de apertura industrial con el fin de quitarle dominio a las empresas estatales en el mercado interno.

Xi adjudicó el éxito económico experimentado en estas décadas al modelo del “socialismo con características chinas” dirigido por el Partido Comunista. “La pobreza no es el socialismo”, advirtió, y recordó que “740 millones de personas” abandonaron la pobreza en los últimos 40 años en el gigante asiático.

El presidente chino reconoció la necesidad de encontrar un equilibrio entre reformas, desarrollo y estabilidad en un momento en que el crecimiento en China se está ralentizando. En 2017 el PBI aumentó un 6,9%, este año se cree que cerraría en 6,6% y para el 2019 la OCDE prevé que sólo crezca 6,3%.

La economía china arrastra elevados niveles de deuda, lo que obligó a las autoridades a adoptar una política restrictiva de crédito y disminuir las inversiones en infraestructuras. Además, sus socios económicos estadounidenses o europeos le reprochan que la liberalización de los mercados sigue siendo insuficiente.

La guerra comercial con Estados Unidos también puede lastrar las exportaciones de la mayor potencia exportadora en el mundo. Washington, centralmente, busca detener el avance tecnológico de la República Popular.

En este complicado contexto, Xi aseguró que el país no cesará su proceso de apertura, pero que “seguirá inquebrantable en el camino del socialismo con características chinas”.

El líder chino justificó estas políticas porque “el país se ha despedido de los problemas que plagaron a su gente durante miles de años, incluidos el hambre, la escasez y la pobreza”. “Cambiaremos decididamente aquello que puede ser reformado y no cambiaremos, decididamente, lo que no pueda serlo”, apuntó sin dar precisiones.

Por otro lado, el jefe de Estado buscó atenuar los temores de algunas potencias regionales a raíz de las políticas de expansión que lleva adelante Beijing. “China nunca crecerá a costa de los intereses de otros países, pero nunca renunciará a sus derechos e intereses legítimos ... El desarrollo de China no representa una amenaza para ningún otro país. China nunca buscará la hegemonía”, aclaró.

El hincapié por expandir la apertura y la forma en que se abordará es una de las grandes preocupaciones de los analistas, especialmente después de que Estados Unidos comenzara en marzo de este año una agria disputa comercial como respuesta a los “abusos” de China, citando el déficit comercial estadounidense, la transferencia forzada de tecnología y el robo de propiedad intelectual.

Desde entonces, Beijing ha tratado de marcar líneas rojas a Washington, al tiempo que realizaba algunas concesiones tarifarias para encarar las tensas negociaciones que se avecinan para los próximos meses. Por eso ayer Xi Jinping fue enfático en defender la linea trazada. “Nadie puede dictar al pueblo chino lo que debe o no debe hacer”, advirtió.

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