Italia entra en recesión, con un gobierno paralizado por peleas internas

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Las peleas entre los dos grandes partidos populistas del gobierno italiano dominan la escena y fortalecen un cuadro de incertidumbre, que según los empresarios “nos lleva a las arenas movedizas”. Este

sábado los rencores mutuos no tuvieron tregua pese a que el Instituto de Estadísticas reveló que Italia está entrando en recesión, con una caída de la producción industrial anual del 2,6%. Muy mala noticia en el país que ostenta la condición de segunda potencia manufacturera de Europa.

Hay que cambiar en peor todas las premisas de la maniobra económica con la que el gobierno populista asegura que Italia entrará en un franco crecimiento. Luigi Di Maio, líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas, respondió a las malas nuevas con entusiasmo: “Podemos en los próximos meses iniciar un boom como en los años ‘60”. La prensa, que dedicó los titulares al shock económico, le lanzó algunas burlas, como el titular: “¿Pero en qué planeta vive?”

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El hombre fuerte del régimen populista, Matteo Salvini, se mostró más inteligente. Dijo que existe el riesgo de que una recesión se extienda a toda Europa, como está ocurriendo. Salvini apunta fuerte pero sin prisa contra sus socios del Movimiento 5 Estrellas porque necesita ir a la ruptura, pero no puede hacerlo de inmediato: debe esperar las elecciones del Parlamento Europeo, que demostrarían que en Italia la Liga de extrema derecha ha adquirido una popularidad demoledora frente a Di Maio y los suyos. Entre ambos controlan el 60% del Parlamento, pero los sondeos demuestran que si antes predominaban los antisistema de Di Maio, en mayo serán Salvini y la Liga los vencedores. Si es así habrá llegado el momento del ajuste de cuentas, la demolición del actual gobierno populista, las elecciones anticipadas y un cambio de poder. Habrá llegado para Salvini la hora más gloriosa, como jefe del gobierno.

El hombre que viste siempre la casaca de la policía, incluso cuando viaja al exterior, para exhibir como ministro del Interior su encarnación de la seguridad de los italianos, tiene ambiciones aún mayores. Ser el líder de los países “soberanistas”, “patriotas”, nacionalistas, conducidos por fuerzas de la extrema derecha, que en mayo se juegan la apuesta histórica de vencer los comicios y copar el Parlamento Europeo para cambiar de cima a fondo la estructura y hasta la identidad de la Unión Europea.

Los populistas de Di Maio han terminado de comprender que Salvini los ha puesto a la defensiva y amenaza descalabrarlos. En el Movimiento 5 Estrellas, la alianza con la Liga teñida de fascismo ha causado revueltas internas y protestas por parte de la componente que viene de la izquierda. Di Maio y el primer ministro Giuseppe Conte, que juega de mediador pero proviene de la usina interna del 5 Estrellas, lograron dar vuelta la ofensiva continua de Salvini, gracias al conflicto que estalló por la negativa absoluta del ministro del Interior de abrir los puertos italianos a dos naves humanitarias alemanas con 49 migrantes africanos a bordo.

Las culpas de la rigidez de Salvini deben ser compartidas por las responsabilidades aún mayores de la Unión Europea. Durante años los italianos fueron abandonados por sus 27 socios en el rescate de náufragos en el Mediterráneo. La línea dura de Salvini cuenta con el respaldo de la gran mayoría de los italianos.

Esta vez la Unión Europea comprendió que la crisis favorecería a Salvini y los populistas y se activó para armar un grupo de países “voluntariosos” que aceptaron recibir a los 49 refugiados que esperaron 20 días con serios riesgos para la salud. Al final, nueve Estados europeos, Italia incluída, aceptaron repartirse a unos 200 migrantes que Malta exigía sacarse de encima para permitir desembarcar en su puerto principal a los 49 desesperados. Salvini insistió en que no autorizaría desembarcar “a ninguno”. Pero al final debió ceder. Fue su primera derrota.

Las peleas intestinas populistas abarcan otros temas críticos. Este sábado 20 mil personas se reunieron en la plaza del Castillo en Turín para apoyar ruidosamente la realización del tren de alta velocidad que unirá la capital del Piamonte italiano a la francesa Lyon, a través de un túnel.

Hace veinte años que las polémicas impiden hacer avanzar las obras del lado italiano. Este sábado la Liga de Salvini envió delegaciones por el “Si al TAV” (Tren de Alta Velocidad), una obra de 8-10 mil millones de euros. En la plaza estaban también los seguidores del Partido Democrático de centroizquierda y de Forza Italia de Silvio Berlusconi.

El Movimiento 5 Estrellas se opone tenazmente a esta y otras grandes obras públicas por considerarlas un derroche. El partido de Di Maio controla el municipio de Turín. La batalla se envenena porque el próximo paso es realizar un referendum popular. Lo propone Salvini y lo apoyan el PD y Berlusconi. Di Maio es contrario.

Este frente de tormenta aumenta la inestabilidad del gobierno y favorece los temblores sísmicos de la economía. Pero las jornadas de pasión que se viven en el Palacio Chigi de Roma, sede del gobierno, se alimentan de otro gran lío. Es el llamado TAP, un gasoducto destinado a abastecer con millones de metros cúbicos de gas a la itálica península, con hidrocarburos de las reservas naturales de Azerbaiyan, en el Asia Central.

En la zona donde se construye el terminal italiano, en el sur de Italia, los agricultores protestan y hay resistencias, con el apoyo del Movimiento 5 Estrellas, que también considera que ésta es una obra inútil. Pero tanto en el caso del TAV Torino-Lyon como el nuevo gasoducto, las multas e indemnizaciones que habría que pagar para no realizaar la obra serian multimillonarias.

Sin embargo el tironeo prosigue y los conflictos se agrandan cada vez más. Salvini, acusado de racista y xenófobo, responde mostrándose con sus casacas policiales en sus viajes para armar la “Internacional Soberanista”, que debería cambiar hasta hacerla irreconocible a la Unión Europea.

Acaba de realizar un viaje a Polonia. En Varsovia se entrevistó con Jaroslav Kaczynski, el hombre fuerte del partido Derecho y Justicia del gobierno, hermano mellizo del presidente Lech Kaczynski que se mató en un accidente aéreo en Smolensk, Rusia, en 2010. Jaroslav es un superconservador tradicionalista católico y con tentaciones autoritarias. Recibió gentilmente a Salvini pero no le dijo hasta ahora “sí” a la idea de formar la internacional ultranacionalista. Polonia ha recibido muchos beneficios de su adhesión de la UE. Además Kaczynski, como todos los polacos, es profundamente antirruso y Salvini es un entusiasta del presidente Vladimir Putin, con quien mantiene relaciones orgánicas partidarias.

El polaco y el italiano coinciden en que hay que terminar con la Unión Europea multilateralista, neoliberal y demasiado apegada a la democracia. En las elecciones de mayo el partido de Kaczinski podría sumar 25 bancas, mientras que 30 serían para la Liga de Salvini. Con otros aliados, los soberanistas de extrema derecha aspiran a obtener un centenar. Salvini sueña con un resultado que le permita ser el líder de un “swing” histórico que lo lleve al segundo puesto, detrás de los conservaores liberales socialcristianos del Partido Popular Europeo, y por delante de los socialdemócratas. Su gran aliado es el partido de la neofascista francesa Marine Le Pen, que podría obtener hasta el 27% según los sondeos en las elecciones de mayo, conquistando consenso del continuo deterioro de prestigio que sufre el presidente Emmanuel Macron, asediado por la protesta de los “chalecos amarillos”.

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